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OPINIÓN

Borrón sin cuenta nueva

Nace en Brasil un nuevo Gobierno que no tiene la legitimidad de las urnas

La presidenta brasileña Dilma Rousseff, en agosto en Brasilia.
La presidenta brasileña Dilma Rousseff, en agosto en Brasilia. EFE

Un consenso parece haberse instalado entre la élite política y empresarial de Brasil. Esta semana marca un antes y un después en la historia del país. Con Dilma Rousseff fuera del Gobierno de forma definitiva, la crisis política se solucionará, creando las condiciones propicias para una mejora económica que detendrá la escalada de inflación y desempleo. Muy pocos se atreven a cuestionar públicamente que los problemas vayan a acabar con la ratificación en su puesto del presidente interino Michel Temer y su legión ministerial de 22 hombres blancos de mediana edad.

Durante dos años, desde que consiguió la reelección con 54,5 millones de votos, Rousseff se ha convertido a ojos de la opinión pública en la causa de todos los males de los que aqueja Brasil. No importa qué crisis nacional se considere, la presidenta ha sido responsabilizada de prácticamente todas, desde la corrupción de ministros y partidos políticos a la galopante crisis económica o la epidemia del virus del zika.

Las concentraciones de detractores de la presidenta, con su lema de ‘chao, querida’, se han convertido en un elemento fijo en Sao Paulo, sus tiendas de campaña tan presentes como los rascacielos y las antenas de la avenida Paulista. Y lo han logrado. Después de tantas marchas, caceroladas y sesiones maratonianas en el Congreso, por fin, Rousseff está al borde de dejar la presidencia, algo que ella parece haber asumido a pesar de todo. Ya se comenta en Brasilia que está considerando un viaje privado a Europa cuando su deposición sea definitiva.

Lo que suceda el primer día de la presidencia definitiva de Michel Temer ya no podrá quedar en el plano de los deseos. Su partido está acorralado por los mismos escándalos de corrupción que el Partido de los Trabajadores de Rousseff. Tres ministros de su gabinete –creado en mayo– han dimitido al verse relacionados con el caso de corrupción Petrobras. Al propio Temer se le ha mencionado en la investigación. ¿Una nueva era en Brasil? Que pregunten a la mitad de legisladores en ejercicio, que tienen causas pendientes con la justicia.

No, en la nueva presidencia definitiva de Temer no habrá desaparecido mágicamente la corrupción; ni la falta de demanda internacional de las materias primas; ni la enorme deuda pública y privada de empresas y familias. Es más, me atrevería a predecir que tampoco se habrán esfumado los votantes tradicionales del PT en sus feudos del nordeste del país, o los 40 millones de personas a las que ese partido sacó de la pobreza extrema en sus 13 años en el poder. Es probable que todos esos electores, en un país en el que el voto es obligatorio, tengan algo que decir dentro de dos años, cuando Temer tenga que someterse no al juicio de las protestas en las calles, sino al de la verdadera legitimidad, que en este caso sólo dan las urnas.

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