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Doris Buffett pide ayuda para donar su fortuna

La hermana del famoso inversor quiere donar todo su dinero, y ya ha repartido más de 134 millones de euros

Doris Buffett, en una entrevista realizada en 2011.
Doris Buffett, en una entrevista realizada en 2011.

Doris Buffett tiene una visión de la filantropía más próxima a la gente que la de su hermano Warren, el inversor más afamado de Wall Street y la cuarta fortuna del planeta. Su grado de implicación llega hasta tal punto que hace las llamadas para conocer una a una a las personas a las que va a donar su dinero. Pero, más allá de compartir los genes, los dos tienen en común un sentido sin igual de urgencia y de responsabilidad por ayudar a otros.

La hermana mayor del oráculo de Omaha debe su fortuna a las acciones que heredó hace dos décadas del trust familiar [concentración de empresas] que controla Berkshire Hathaway, el conglomerado de inversión fundado hace medio siglo por Warren Buffett en la capital de Nebraska. Pero en lugar de vivir de las rentas, optó por poner el dinero a funcionar con el propósito de donarlo en su integridad. Para ello creó la fundación Sunshine Lady, con la misión de ayudar a personas en dificultad. Entonces tenía 68 años. Ahora suma 88.

Esa necesidad se hizo aún más evidente durante la Gran Recesión, cuando millones de familias quedaron atrapadas por el desempleo o tuvieron que buscar varios trabajos para no acabar en refugios. La fundación de Doris Buffett es conocida por contribuir a financiar programas para enfermos mentales, mujeres maltratadas y orientados a educar a reclusos para ayudarles a enfrentarse a la realidad de la calle como exconvictos.

Warren y Doris Buffett, en 2013.
Warren y Doris Buffett, en 2013.

Llevar el apellido Buffet no es sinónimo de haber tenido una vida fácil. Su biografía cuenta cómo de pequeña fue víctima de los abusos de su madre. Cuidó hasta el último centavo ya de casada —tuvo cuatro maridos— para poder mantener a sus tres hijos. Estuvo incluso a punto de perder su casa durante la crisis de 1987, ahogada por las deudas.

La hermana de Buffett es una especie rara en el mundo de la filantropía. La caridad no la hace por prestigio. Simplemente se preocupa por los demás, como Warren. Cuando el inversor anunció en 2006 que iba a donar el 85% de su fortuna en vida, sus oficinas se vieron inundadas por miles de cartas pidiendo ayuda. En lugar de ignorarlas, las empaqueta y envía a la fundación de Doris donde, con la ayuda de una docena de mujeres, las examinan para identificar a los que la suerte les da la espalda.

Unos escriben porque necesitan algo tan simple como gafas para ver. Hay familias que le piden para cuidar a sus hijos enfermos, para cubrir los costes de los estudios universitarios o un respaldo financiero para poder comprar un coche para desplazarse al trabajo. Warren Buffett no solo le ayuda a cubrir los gastos de la fundación. Además está dispuesto a darle todo el dinero que necesite para responder a gente decente que no tiene otro lugar donde acudir.

El principal objetivo de Doris Buffett no es solo dar una ayuda en un momento determinado. Cuando es posible, trata también de establecer una conexión con otras formas de apoyo que les permitan seguir adelante y cambiar sus vidas. Pero su acción benéfica tiene un límite. Aunque le basta con llamar por teléfono a su hermano para recibir fondos, necesita más voluntarios para poder atender las peticiones —en la última década asegura haber recibido más de 22.000 cartas—. Ahora, en una entrevista con The Boston Globepide a más voluntarios locales, que sean prácticos, sin prejuicios y “con corazón”, que le ayuden a decidir cuáles son las peticiones más “razonables”.

El trabajo de su fundación se concentra especialmente en las comunidades donde vive: Fredericksburg (Virginia); Wilmington y Beaufort (Carolina del Norte) y Rockport (Maine), donde tiene su residencia de verano. La proximidad, explica, es importante para que la ayuda se canalice de la manera más efectiva y cumpla su misión.

Doris Buffett, la primera inversora oficial en Berkshire Hathaway, ha repartido más de 134 millones de euros de su fortuna. Su misión, dice, habrá acabado cuando tenga que escribir la última carta diciendo que no puede atender la petición porque lo habrá repartido ya todo.