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La guerra entre Uber y el taxi llega a Río de Janeiro

La capital carioca experimenta un ‘boom’ en el transporte y genera polémica política

Una persona pide un vehículo a través de la aplicación móvil Uber.
Una persona pide un vehículo a través de la aplicación móvil Uber. EFE

Un par de anécdotas que ocurrieron en las últimas semanas en Río de Janeiro ilustran bien no solo el boom que ha supuesto la aparición de Uber en la ciudad, sino cómo la aplicación se ha convertido en un salvavidas ante la crisis. A principios de junio la gerente de una tienda de un centro comercial pidió un coche para volver a casa y cuál fue su sorpresa al encontrarse un vehículo de la compañía telefónica Oi equipado hasta con la escalera para encaramarse a los postes. El conductor, aún con el uniforme de la empresa, confesó que necesitaba un trabajo extra. Una semana después, otra mujer pidió un Uber y minutos más tarde apareció un taxi amarillo para recogerla. “En vez de pelearme, decidí trabajar con ellos. Espero que no le importe”, le dijo el taxista.

El Ayuntamiento, aliado de los más de 54.000 taxistas de la ciudad (hay más taxis por persona en Río de Janeiro que en Nueva York), ya ha intentado acabar con la aplicación sin éxito. Un juzgado emitió, hace casi un año, una orden provisional que impide que la Administración multe a los conductores de Uber, decisión que el alcalde, Eduardo Paes, aún no ha conseguido tumbar. El asunto será carnaza de campaña electoral, el próximo mes de octubre. El protegido y candidato de Paes, Pedro Paulo Carvalho, que responde a un proceso por haber pegado a su mujer, ya ha anunciado su plan: “Como alcalde estaré contra Uber. Uber no funcionará en la ciudad de Río de Janeiro”, dijo en un vídeo abrazado a un taxista.

Aunque la compañía no divulgue más datos que los 10.000 conductores que había en todo el país a comienzos de año, el éxito de la aplicación puede comprobarse en cada esquina y en el enfado de los taxistas, que ya han protagonizado varias protestas salvajes en las que han parado la ciudad. Los precios de los viajes con la aplicación son cerca de un 40% más baratos y sus conductores, de momento, superan en formas a sus colegas los taxistas, que aún no han entendido que su mayor enemigo no es la competencia, sino su mala reputación, en muchos casos merecida.

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