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Más fusiones bancarias

La caída de la rentabilidad bancaria debería remontarse con concentración de entidades

El presidente del BBVA, Francisco González, durante la reunión de primavera del Institute of International Finance (IIF).
El presidente del BBVA, Francisco González, durante la reunión de primavera del Institute of International Finance (IIF). EFE

El debate sobre la situación de la banca europea aparece de nuevo ante la opinión pública a través de la llamada de atención que han supuesto las declaraciones de Francisco González, presidente del BBVA, sobre el daño que están causando los bajos tipos de interés al negocio bancario y el análisis de José Viñals, director de Asuntos Monetarios del FMI, partidario convencido de que deben seguir las fusiones con el fin de evitar los problemas de rentabilidad que acucian a algunas entidades. Las advertencias han coincidido además con la ampliación de capital del Banco Popular. El problema de la crisis bancaria, detonado en el crash de 2008, que parecía despejado desde 2014, resucita en forma de incertidumbre sobre la rentabilidad de algunas entidades bancarias, que, según Viñals, afectaría al 15% de los bancos de las economías avanzadas.

Dado que los bancos son una pieza clave en la articulación del crecimiento económico, importa que el diagnóstico sea exacto y que las decisiones sean las correctas. La rentabilidad del sistema bancario ya era descendente antes de la crisis; pero es evidente que la política de tipos próximos a cero, seguida por el BCE para frenar el riesgo de deflación, acentúa esa caída básicamente porque los tipos bajos afectan más al volumen de activos que al de pasivos y porque una parte de la gestión de la banca, la transformación de los plazos del dinero, ahora es imposible: los tipos son negativos incluso a más de un año.

La recomendación de Viñals es sensata, viable y va en la lógica del negocio, siempre y cuando la concentración bancaria no rebase los límites que impone una correcta política de competencia. Una nueva ronda de fusiones, instada desde las entidades, evitaría además recurrir a soluciones más radicales (como implicar de nuevo al dinero público) indicadas para coyunturas más graves que la presente. La cuestión es si las condiciones actuales del mercado bancario favorecen operaciones de este tipo.

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