Campaña electoral
Ahora que los políticos se disponen a reeditar una segunda campaña electoral, quisiera pedirles a todos un poco de miramiento. No sé si saben que sus rifirrafes dialécticos se sientan con nosotros a la mesa cada domingo, toman forma de cuñado, voz de hermano o saña de suegra, convirtiendo el comedor en un improvisado ring donde cada contendiente escupe en la cara del familiar más próximo las mismas pamplinas que ha escuchado por televisión. Y así no hay a quien le aprovechen los entrantes. Contengan ustedes el exabrupto y la mala baba, dejen de hurgarnos en las heridas y permitan que seamos, mientras dure el almuerzo, títeres con cabeza. Téngannos en cuenta. Callen, escuchen, ofrezcan vino o sirvan pollo. Bastante tenemos nosotros con los disgustos de la casa: la díscola adolescencia de nuestros hijos, el empleo precario, el alzhéimer que sobrevuela la mirada de nuestros mayores con la avidez de un buitre hambriento, y la constatación de que la vida se nos va escurriendo entre los dedos como si no fuera nuestra, o como si no le importara a nadie.— Iñaki Túrnez. Arrigorriaga (Bizkaia).


























































