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Por qué 'Trainspotting' nos sigue volando la cabeza 20 años después

Ahora que acaba de comenzar a rodarse su secuela, repasamos doce razones por las que la obra de Danny Boyle sigue siendo la película clave y generacional de los 90

Un fotograma de 'Trainspotting'

Es prácticamente indiscutible la huella prolongada que el film inglés dejó a toda una generación de jóvenes imberbes, vírgenes del exterior encerrados en sus burbujas de inocencia. Ese retrato de la juventud escocesa descarrilada abocándose al Dead End Street de la heroína, los trapicheos ilícitos y el peso de un destino funesto de difícil esquive en el Edimburgo de los projects dinamitó el caparazón de la ingenuidad, la decencia y la corrección. Veinte años después de la explosión, algunos de sus trozos siguen incrustados en las capas más profundas de la piel de los cinéfilos.

El huracanado y vertiginoso estilo visual de Danny Boyle, al servicio de una aproximación sin velos a la juventud británica desheredada estampándose contra la resaca del segundo verano del amor, dejó algunos de los fogonazos cinematográficos más imborrables de la década de los 90.

Esta misma semana ha comenzado el rodaje de su secuela, basada en la novela Porno de Irvine Welsh, en la que nos reencontraremos con esos personajes carismáticos y las secuelas que el tiempo habrá esculpido en sus cuerpos y almas. Pero junto a esa buena noticia y a la incertidumbre que genera no saber si el combo Boyle-Welsh mantendrá intacto su tino tras el largo silencio, indagamos en los factores que convirtieron a la película de 1996 en uno de esos escasos films que han marcado a toda una generación.

A la espera del estreno de la continuación en salas en algún punto del 2017, estas son las claves para revisar la película que cambió la industria británica y desconfiguró la realidad de muchos.

1- Retrato generacional

El trabajo de Boyle permanece como una instantánea del espíritu inglés de finales de los 80 y principios de los 90. Un retrato generacional de los jóvenes salientes de los escombros de la era Tatcher, en concreto, de los olvidados del repunte del orgullo británico, los jóvenes periféricos, los enquistados en las zonas más deprimentes y desoladas de la Inglaterra post-Thatcher.

2- Latir emocional, anímico, cultural, musical y social de un periodo

No es nada fácil capturar el estado anímico de una nación, tampoco el que afecta al segmento marginal de esta. Sin embargo, Welsh, y luego Boyle, fueron capaces de capturar la frustración vital, ese desarraigo social y emocional de una juventud perdida abocada a ahogar ese malestar inherente en las mismas agujas que Renton y su cuadrilla de yonquis se intercambian.

3- La heroína, la droga que carga el diablo

En su día se tildó a la película de glamourizar el consumo de drogas, pero la intención real del director de Millones fue la de abordar el asunto con honestidad, sin moralejas, cogiendo el brazo del espectador para hacerlo partícipe en las subidas y bajadas de la adicción al jaco. Desde los gozos, hasta los sinsabores más amargos, y los estragos más irremediables. En ese sentido, la película sigue siendo una pericia en cómo zigzaguear entre la comedia y el drama.

4- Una patada al cine social británico

El tema de las drogas, las clases deprimentes y sus conflictos, el angst de la clase baja, había estado siempre presente en los patios traseros del cine social inglés, con Ken Loach y Mike Leigh como los dos máximos cultivadores. Sin embargo, la aproximación propuesta por Boyle implosionó encima de los preceptos del cinema verité y el free cinema para, desde las ruinas, construir una fórmula utilizada después con asiduidad, que mezclaba la fantasía cool (con unas alegorías visuales sobre el ciego y los sobreefectos causados por la heroína que siguen tocadas por la genialidad) y el realismo más sucio. Un aire fresco que se propagaría por diferentes puntos cardinales.

5- Puertas abiertas

Sin esos aires que cargaban un estilo rabioso y una valentía temática pocas veces vistas, no se podría entender el sinfín de obras que la siguieron: Snatch: cerdos y diamantes, The Acid House, Lock and Stock, This is England, incluso Requiem por un sueño. El estilo de Boyle, ya destapado en su ópera prima (A tumba abierta), ha sido un carnet de afiliación para compatriotas como Shane Meadows o Guy Ritchie.

6- Lust for Life en el arranque

La secuencia inicial con el personaje de McGregor corriendo a ritmo de Lust for Life de Iggy Pop es parte de la videoteca mental de muchos cinéfilos.

7- Irvine Welsh

Han transcurrido 23 años desde que Irvine Welsh, quien por aquel entonces contaba con 34 tacos, saliera de la nada para entregar el manuscrito que propició el alumbramiento de la película aquí tratada. Afincado actualmente en Chicago, el escritor escocés ha seguido desmenuzando la sociedad inglesa y sus almas más desarraigadas con una obra prolífica, donde habitualmente mezcla personajes aparecidos en otras de sus novelas. Porno (2002) es la obra que recupera los personajes de Trainspotting y que propicia esta secuela en ciernes.

8- Danny Boyle 

Ganador de un Oscar por Slumdog Millionaire, el director inglés Danny Boyle se ha encumbrado como uno de los directores más solicitados. Tras el éxito de Trainspotting permaneció en su tierra alternando films modestos, contenedores de una valentía formal y de contenido que parece haber perdido en sus últimos lances, con films de apoyo industrial. 

9- El elenco actoral

El film también supuso el trampolín para todo su elenco actoral. Especialmente para su protagonista, un Ewan McGregor convertido en estrella del cine de la noche a la mañana...y en Obi-Wan Kenobi. Aunque su caché se ha reducido un poco en los últimos años, su rostro sigue siendo una llamada para la taquilla. Ahora además busca ampliar su talento probando suerte en la dirección – este año estrenará American Pastoral, adaptación de la novela homónima de Philip Roth. La carrera de Robert Carlyle, el temperamental Francis Begbie, no ha sido tan lustrosa como la de McGregor pero su rostro también ha sido parte habitual del cine británico de los últimos 20 años. No ha tenido la misma suerte Jonny Lee Miller, que se ha tenido que contentar con roles secundarios y papeles en series de televisión. Otra cara curtida que aparecía en la película, un Peter Mullan interpretando al camello que les suministra los chutes, se ha convertido en uno de los mejores actores británicos de su generación, habitual del cine de Loach, y un digno seguidor de la corriente del cine social inglés en labores como director. 

10- 'The Worst Toilet in the World'

Ni el Poly Klyn más apestoso de Glastonbury, ni el baño del tugurio más impracticable....nadie - no, ni incluso Pete Doherty - ha pisado un baño como el “The Worst Toilet of Scotland”. Esa letrina rodeada de heces en la que Renon se sumerge oníricamente para recuperar los supositorios no puede tener una réplica en la vida real pero ya forma parte del imaginario del mundo occidental, especialmente cada vez que nos da un apretón en el lugar más inapropiado. Ya podía ser de chocolate el atrezzo, que esa imagen no la borra nadie.

11- Una banda sonora para enmarcar

Al citado Iggy Pop, hay que sumar Brian Eno, Lou Reed, David Bowie en otras secuencias para el recuerdo. Una score que mezclaba caminantes curtidos en los campos de opiáceos con nombres claves que despuntaban en la música de la época: Elastica, Blur, Damon Albarn, Underworld, Primal Scream, Pulp... En efecto, una banda sonora de órdago.

 12- ...y el monólogo inicial:

"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida... ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"

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