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Terroristas eliminados

A veces los vocablos sinónimos no expresan el mismo pensamiento. La elección entraña un juicio

El informe Las raíces del Estado Islámico, difundido este mes por FAES (fundación que preside José María Aznar), explica que ese grupo terrorista tiene su origen en Al Qaeda, y que esta organización fue dirigida a su vez en Irak “por el brutal Abu Musab al Zarqaui hasta que fue eliminado por las tropas norteamericanas en junio de 2006”.

No es la primera vez que se acude al participio “eliminado” en relación con acciones de Estados Unidos contra dirigentes terroristas. También lo escuchamos tras la muerte de Bin Laden. Se usó así para el ametrallamiento de un hombre desarmado la misma palabra que oímos cuando un tenista no pasa a la siguiente ronda de un torneo.

Les puedo asegurar que yo no estaba allí aquel día de mayo de 2011, así que desconozco cómo se sucedieron los hechos que condujeron a la muerte del principal terrorista ultraislámico. Sin embargo, la propia versión estadounidense narra que un grupo de soldados de élite le sorprendió en su refugio de Pakistán, y que murieron otras cuatro personas que se hallaban en la casa. Los asaltantes militares, entre los que no hubo ningún herido, no parecieron empeñarse mucho en detener al terrorista para que fuera juzgado. Y no faltaron explicaciones que intentasen justificar lo ocurrido: por ejemplo, las que argüían que su traslado y encarcelamiento habrían supuesto nuevos peligros.

Se han expresado puntos de vista favorables y contrarios a esas operaciones, pero aquí nos fijaremos sólo en las palabras.

No parece coherente decir que Bin Laden fue “eliminado” si no se ha utilizado ese mismo verbo para referirse a los atentados de los GAL

Escoger el verbo “eliminar” en la acción contra Bin Laden y sus secuaces implica sin remedio que se desechan otros. El primero de ellos, “asesinar”. Y también “acribillar” o, simplemente, “matar”. Y siempre en ausencia de propósitos como “detener” y “juzgar”.

No parece coherente decir que Bin Laden o Abu Musab al Zarqaui fueron “eliminados” si no se ha utilizado ese mismo verbo para referirse a los atentados de los GAL (cuyas vinculaciones con cargos del Ministerio del Interior fueron demostradas en juicio).

Si alguien escribiera hoy que el miembro de ETA José Miguel Beñarán, Argala, fue “eliminado”, quizás pensaríamos enseguida que intenta ver con buenos ojos aquel crimen. Y nos escandalizaría que esa palabra procediera de algún ámbito institucional.

“Asesinado” y “eliminado” son vocablos sinónimos según el sentido moderno de este último, pero no reflejan el mismo pensamiento. El primero condena; el segundo comprende. Por tanto, la elección sobre su uso entraña un juicio, que a su vez puede ser enjuiciado. Y una hipotética doble vara de medir sugiere que alguien analiza cada caso a tenor de sus intereses, y no en función de una ética general que se aplica con equidad para hechos similares.

Todo doble rasero necesita un doble lenguaje, y parece que aquí tenemos un buen punto de partida para reflexionar al respecto.

 

 

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