Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Fístula obstétrica: el estigma de las mujeres

Los partos obstruidos están entre las principales causas de muerte materna en los países en desarrollo, algo evitable con medios técnicos y personal formado

Mujer operada de fístula en Etiopía.
Mujer operada de fístula en Etiopía.AMREF

Cuando en España tiene lugar un parto obstruido, ya sea porque la madre tiene la pelvis pequeña o porque el bebé está en una mala posición o tiene la cabeza demasiado grande, el equipo médico se prepara para realizar rápidamente una cesárea. El trauma ocasionado no es severo, ambos se recuperarán con prontitud y podrán emprender una vida juntos. Pero en los países en vías de desarrollo la falta de medios técnicos, de profesionales sanitarios debidamente formados y determinadas creencias locales hace que esta sea una de las principales causas de mortalidad materno-infantil.

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La fístula obstétrica es un orificio que comunica la vagina con la vejiga y/o el recto. Se produce como consecuencia de los partos obstruidos sin atención quirúrgica adecuada en los que, tras varios días de sufrimiento, el bebé nace muerto. Cuando las mujeres finalmente regresan a su hogar, al terrible duelo por la pérdida del bebé tienen que sumarle que los desgarros musculares generados durante el parto les impiden controlar sus funciones excretoras. Esto, además de producir una incomodidad y un malestar evidentes ocasionados por la incontinencia, puede derivar en infecciones, úlceras o problemas de riñón que ponen en peligro sus vidas.

Pero además tienen que hacer frente a su nueva realidad en la sociedad: muchas de ellas pasan a ser repudiadas por la comunidad en la que viven. Sus maridos las abandonan por sus problemas fisiológicos y sus familiares consideran que han sufrido un castigo divino por haber cometido actos indecentes. Consecuentemente, tienen que aprender a soportar la humillación y a vivir en soledad, empezar desde cero. Pero muchas no lo consiguen y caen en tremendas depresiones, algunas incluso llegando a suicidarse. Esta situación es especialmente preocupante en los países del África Subsahariana, dónde se concentra la mayoría de los entre 50.000 y 100.000 nuevos casos de fístula obstétrica que aparecen de media cada año.

El origen de este problema radica en ámbitos bien diferentes. Los partos obstruidos aparecen cuando el canal del parto es demasiado pequeño para el nacimiento del bebé. Esto es debido a que sus cuerpos no se han desarrollado convenientemente a causa de la pobreza y la malnutrición inherentes a la situación socioeconómica de estos países, pero también a componentes culturales y educativos. En muchas de estas sociedades la tradición manda que las niñas se casen y tengan hijos a una edad muy temprana, cuando sus cuerpos todavía no han terminado de formarse y no están preparados para el parto, lo que es reflejo además de una mala planificación familiar.

Los países del África subsahariana concentran la mayoría de los entre 50.000 y 100.000 nuevos casos anuales de fístula obstétrica

También hay que tener en cuenta el recelo de determinadas comunidades africanas para acudir a los hospitales porque se asocian con lugares donde se va a morir, por lo que terminan dando a luz en domicilios o salas sin acondicionar ni medidas apropiadas de esterilización. Si a esto le sumamos las deficiencias de un sistema sanitario con escasez de instalaciones adecuadas y en el que hay muy pocos profesionales capacitados para atender partos obstruidos y tratar fístulas obstétricas, nos hacemos una idea de la magnitud del problema.

Es relativamente fácil conseguir una efectiva prevención y tratamiento, y desde los Gobiernos de los propios países afectados, junto con las ONG, se trabaja a diario para alcanzar este objetivo. La operación para corregir la fístula obstétrica no es compleja (la tasa de éxito es del 90% si no se producen complicaciones) ni costosa. Con tan sólo 300 dólares se cubren los gastos de la cirugía reconstructiva, de todos los cuidados postoperatorios y de la rehabilitación. Pero igualmente importante es el esfuerzo que las instituciones realizan invirtiendo en el desarrollo económico, educativo y sanitario de estas regiones para prevenir los embarazos en la adolescencia, formar en nuevas técnicas quirúrgicas a los profesionales sanitarios y mejorar el acceso a un sistema de salud de calidad.

Dignidad y Derechos Humanos son conceptos que se suelen utilizar para respaldar argumentos de índole moral y ética en estos casos. En el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 ya se menciona: “Toda persona tiene derecho a la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”. Sin embargo los desequilibrios históricos en las relaciones internacionales entre los países del Norte y del Sur han ocasionado focos de pobreza extrema que en continentes como África podrían catalogarse de crónicos. El subdesarrollo es difícil de definir pero fácil de identificar y mientras que en los países desarrollados la tasa de casos de fístula obstétrica es nula, en los países en vías de desarrollo hay más de 2.000.000 de mujeres afectadas a día de hoy.

Los perjuicios físicos, económicos y sociales ocasionados por esta dolencia convierten a las mujeres africanas con fístula obstétrica en un colectivo muy vulnerable. La mayoría de nosotros tenemos la suerte de vivir ajenos a esta realidad pero no ver un problema no implica que no exista, y que no nos afecte no significa que no sea nuestra responsabilidad ayudar a solucionarlo.

Conscientes de la relativamente sencilla solución al complejo problema de la fístula, en Amref luchamos para acabar con ese estigma. Formamos matronas para que ayuden a las mujeres en los partos y eviten que aparezcan problemas como la obstrucción a la hora de dar a luz y actualmente realizamos proyectos de cirugía reconstructiva, que arreglan la fístula una vez ha aparecido, en cuatro hospitales regionales de Etiopía.

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