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La rivalidad entre París y Berlín llega a la cama

La crisis frena la natalidad en Francia, país que acaricia la idea de superar a Alemania

El año 2015 está siendo, literalmente, poco fecundo para Francia: de enero a septiembre nacieron 569.000 niños. Es el dato más bajo de los últimos dieciséis años y preocupa que la tendencia ponga fin a la destacada posición del país como campeón europeo de la natalidad. Con 1,99 hijos por mujer, su fecundidad, promovida con importantes ayudas familiares, es la más elevada del continente y supera con creces a Alemania, que registra una tasa del 1,40, lo que le aboca a perder población.

Alemania no es solo el país más rico, en términos absolutos, de la Unión Europea. Es también, con 81,2 millones de habitantes, el más poblado. Al peso de su poderío económico se une el que le otorga la demografía y que se traduce en más escaños y un voto más cualificado en el seno de las instituciones europeas. Su baja tasa de fecundidad, sin embargo, es un talón de Aquiles frente a la vecina Francia, cuya población (66,3 millones de habitantes) aumenta a buen ritmo: dos millones más en el último decenio.

Las tendencias demográficas han movido a políticos franceses, incluido el presidente François Hollande, a proclamar que en 2050 el suyo será el país más grande de Europa. El nuevo dato preocupa, máxime cuando Berlín ha abierto sus puertas al flujo masivo de inmigrantes y refugiados, lo que puede frenar drásticamente su prevista pérdida de población, mientras Francia parece más reacia que nunca a abrir sus fronteras. El instituto galo de estadística, el Insee, publicó el dato de la natalidad de este año advirtiendo de que es prematuro sacar conclusiones y que, con todo, la alta fecundidad francesa resiste a la crisis. Los medios han reflejado la noticia de manera más sombría preguntándose a qué se debe este declive.

Las razones conducen a la melancolía, pues hay que buscarlas en el paro y las dificultades económicas. La rivalidad entre Berlín y París sigue siendo, por tanto, favorable al vecino teutón: sufre menos la crisis, es más rico y está por ver si su tamaño demográfico le descabalga.

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