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Alianza en Portugal

El nuevo gobierno deberá conservar lo logrado y hacer que los portugueses noten mejoras en su vida cotidiana

Antonio Costa (centro) durante la sesión en el Parlamento que acabó con el gobierno de Passos Coelho.
Antonio Costa (centro) durante la sesión en el Parlamento que acabó con el gobierno de Passos Coelho. EFE

La caída del Gobierno portugués del conservador Pedro Passos Coelho —en el poder desde hace cuatro años— abre una nueva etapa en uno de los países europeos cuya población ha sufrido más los efectos de la crisis económica. En octubre, la coalición conservadora ganó las elecciones de manera clara pero perdió la mayoría absoluta. El voto del cambio se disgregó en varias opciones —socialistas, comunistas y nueva izquierda— con programas distintos pero un marco común: la oposición, en distintos grados, a la dura política de austeridad del Gobierno.

En este contexto, el presidente de la República, el también conservador Aníbal Cavaco Silva, encargó la formación de un Gobierno al primer ministro saliente Passos Coelho, representante de la continuidad económica preferida por Bruselas y los organismos internacionales de crédito: una solución que hace apenas dos semanas ya se dibujaba como demasiado provisional y frágil. En efecto, las fuerzas de la oposición de izquierdas, diversas tanto en sus planteamientos como en sus estrategias pero coincidentes en la necesidad de cambios en el enfoque económico, han tardado 11 días en hacer caer al Gobierno.

Portugal ha hecho esfuerzos más que importantes para salvar su economía de la crisis. La sociedad, con un espíritu de sacrificio ejemplar, ha asumido ajustes que difícilmente hubieran sido posible en otras latitudes. El nuevo Gobierno, que probablemente encabece el socialista António Costa, tiene ante sí el difícil reto de conservar lo logrado hasta ahora en términos de recuperación y conseguir al tiempo que sus compatriotas experimenten mejoras en la vida cotidiana. Costa deberá además superar incertidumbres y guardar el equilibrio entre las posturas más rupturistas con Europa, el euro y la OTAN y aquellas que no le alejan mucho de su predecesor conservador.

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