El 27-S de Pau
Tras el partido con Francia, el jugador había adquirido conocimientos sutiles de geopolítica y profundizado en el derecho de autodeterminación de los pueblos de Europa
En la página de ayer de Tomás Roncero en As hay un gran momento. El periodista ve la semifinal de baloncesto de forma intermitente a causa de un viaje. Escribe: “Llegué a Atocha a las 22.15. Subí al taxi y el hombre llevaba un canal de música clásica. Casi me lo como. Puso la Ser y ahí empezó la locura”. Usted es un taxista melómano que escucha una pieza al piano de Chopin y de repente invade el coche Roncero en medio de una prórroga de España. El taxista escucha Nocturnos y tararea: abre los ojos y Roncero está mirándole fijamente pegado a la ventanilla. Hasta Chopin, en un ataque de pánico, dejaría de tocar y se pondría a impostar la voz de un locutor: “¡Triiiiiiiiiple!”.
Poco después Pau Gasol sufría una perturbación parecida: se estaba dedicando a ser Schubert cuando interrumpieron el concierto varios aficionados. En su caso eran aficionados a sí mismos y a su comercio político, y con una idea-fuerza: tras el partido Pau Gasol había adquirido conocimientos sutiles de geopolítica y profundizado en el derecho de autodeterminación de los pueblos de Europa. La estrella de la NBA se había convertido en el reclamo más sólido de PP, Junts pel Si y Ciudadanos para garantizar o no la independencia, lo cual da idea de la exigencia del debate. No esperaron para echarse encima a quitarle las joyas, como si en lugar de ganar un partido hubiera muerto y saliese, automáticamente, su reputación a subasta. Actuaron como aficionados y casi peor, como periodistas, y si no estuvieron a la altura en caliente fue por la misma razón por la que les cuesta estarlo en frío: todo es bueno p'al convento.
Hay algo más. Un hecho sensible. No hay nada en la actuación de Gasol que cambie el sentido de las reacciones. Si Gasol en lugar de meter a España en la final hubiese salido en El Hormiguero la política hubiera obrado con el mismo aprovechamiento forense. Los partidos acaban escuchando lo que sueñan que Pau dice. “He sufrido pero también he disfrutado. Me ha ayudado pensar en García Albiol. Cuando juego contra Francia siempre es 2 de mayo” y, unos metros más adelante: “Tengo ilusión, ambición y deseo de ganar. Y un sueño: jugar en Catalunya lliure. Cuando me di con los puños estaba pensando en 1714: qué rabia aquello, ¿verdad?”.
Sucede porque no es una campaña de contenidos ni de profundidades, y se deciden cuestiones que tienen más qué ver con que Gasol las apoye que con la sanidad pública. Se juega con símbolos y con metáforas. Se buscan rostros famosos que apoyen causas de partidos que han puesto de candidatos a segundas filas. Que en el caso soberanista, al no poder quedarse en Madrid, se han ido directamente a la cuarta.
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