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El hipódromo del Guadalquivir

Vecinos y turistas de Sanlúcar de Barrameda asisten en bañador y chanclas a las carreras que acoge la playa desde 1845

Los caballos galopan por la playa de Sanlucar en una de las carreras disputadas ayer.
Los caballos galopan por la playa de Sanlucar en una de las carreras disputadas ayer.

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) no es Ascot (condado inglés de Berkshire), donde la alta sociedad británica se exhibe. Pero sus carreras de caballos purasangre en las playas de Bajo de Guía y Las Piletas, organizadas desde 1845, son también un acontecimiento internacional hípico de primer orden. A diferencia del hipódromo inglés, salvo en la zona de llegada, donde se habilitan carpas con zonas de restauración y apuestas oficiales, y se pueden ver ropas más formales, el público de las carreras de caballos de Sanlúcar asiste en bañador y chanclas a una competición incluida en el Turf nacional.

El escenario es único. Cada verano, desde hace 170 años, los mejores caballos se dan cita a partir de las seis de la tarde en las playas de la localidad gaditana, junto a la desembocadura del Guadalquivir y con Doñana al fondo.

Las 13 carreras se celebran en dos ciclos aprovechando las dos bajamares (marea baja) más fuertes del año. Hoy acaba la segunda tanda y la primera se celebró hace dos semanas.

A lo largo de casi dos kilómetros de arena fina, más de 30.000 personas asisten desde la playa a las carreras más antiguas de España y una de las más veteranas de Europa.

Los niños elaboran con cajas de cartón y mesas plegables pequeñas casetillas de apuestas donde admiten hasta dos euros por intentar adivinar los caballos que cruzarán primero la línea.

El origen tradicionalmente admitido de estas carreras se sitúa en posibles competiciones informales entre los transportistas del pescado que llegaba al antiguo puerto de Bajo de Guía. Hace 170 años, la competición se reglamentó y se formó la Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, con el objetivo de fomentar la cabaña equina. El 31 de agosto de 1845 se celebró el primero de estos encuentros ecuestres, reconocidos con el título de Interés Turístico Internacional desde 1997.

Y para acercarse a Ascot, la organización ha convocado este año un concurso de sombreros en el que se premiará con dos abonos para el próximo año, la “elegancia, originalidad, calidad y creatividad” de los sombreros de los visitantes.

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