Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El discurso desnudo

Existen dos tipos de personas: los verdaderos profesionales y los presuntos. Jennifer López es de los primeros. Igual de desnuda que Monedero y Sebastien Thiery, ella es la magia que añora Pablo Iglesias

Jennifer Lopez Ampliar foto
Jennifer Lopez en la entrega de los premios Billboard 2015. WireImage

El actor y dramaturgo francés Sébastien Thiery apareció desnudo durante los 27º premios Molière para reivindicar los derechos laborales de los autores teatrales. Durante cuatro minutos, a veces detrás del atril, otras descendiendo hacia platea, Thiery desgranó sus motivaciones y se dirigió frontalmente a la ministra de Cultura francesa, Fleur Pellerin, que unas veces se tapaba la cara y otras miraba con atención al saberse vigilada por las cámaras de televisión.

El desnudo siempre llama la atención. ¿Por qué? Por lo inesperado, podría concluir después de haberlo practicado varias temporadas en televisión. Por las mismas razones también puedo afirmar que su reiteración desgasta su efecto y te aparta de la lista de los mejor vestidos. Hay que reconocerle a Thiery que no tiene mal físico, por momentos su discurso recuerda un momento de Edward Norton en Birdman cuando empieza una discusión interminable completamente desnudo durante una prueba de vestuario. Norton no consiguió el Oscar por esa escena , pero Thiery sí consiguió que viéramos la cultura francesa de otra manera. Como con más flema británica, que es la que al final demostraron tanto la ministra como el presentador del acto que terminó pidiendo un aplauso para el autor nudista como si estuviera animando un programa de José Luis Moreno.

Desnudarse puede ser también un striptease emocional, que es lo que estamos viviendo con Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, que empezó anunciando que necesitaba apartarse de la vorágine para en 48 horas dejar el partido como lo quieren sus adversarios, desnudo y superdespeinado. Como buenos latinos, Pablo Iglesias y Monedero han cruzado cartas y declaraciones cargadas de profundas emociones y superficiales explicaciones. ¿Quién iba a decirle a Iglesias que su partido sería el primero en convertirse en uno de esos reinos inmersos en batallas internas de su serie favorita, Juego de tronos? Se constata que por mucho que pretendas vestir de otra manera, al final estás desnudo y nunca puedes cambiar nada. El discurso político del partido se tiñe de cursi en las palabras escogidas. Monedero le reconoce “magia” a Iglesias y el líder resumió la separación como “profundamente dolorosa”. Puede que Podemos tenga que debatirse entre la osadía y la institucionalidad , pero queda claro que su lenguaje de rupturas le debe mucho al ¡Hola!

Siempre recordaremos a Monedero cuando decidió mantener una amistad con Carmen Lomana. Ella misma nos lo contó en casa durante la cena de Año Nuevo y mientras mencionaba a Monedero cada dos palabras, los presentes creíamos que se refería a Enrique Monereo, el cirujano plástico, porque quizás con prejuicio lo asimilábamos más afín a Lomana. Lomana se puso seria: “No me estoy equivocando, os estoy hablando de Monedero, es mi nuevo mejor amigo”. Fue el momento en que sentimos que Podemos había entrado definitivamente en nuestras vidas. Y que estaba en muy buena dirección. Al final, somos un país tan distinto y con un concepto tan alocado de las agendas que Monedero se volvió disidente y Lomana superviviente.

Álvaro Pérez, El Bigotes, al igual que Monedero, podría considerarse como un cofundador, pero este de la trama corrupta Gürtel. Sus declaraciones en El Mundo y Un Tiempo Nuevo la semana pasada consiguieron casi ponerlo en la misma franja de popularidad que al Pequeño Nicolás, solo que El Bigotes no tiene la desnuda fotogenia del espía y confidente telefónico de importantes empresarios de los noventa.

Pese a que llevamos más de un lustro con esta trama, El Bigotes consiguió ofrecernos algunas novedades, como la de que el reloj que regaló a la esposa de Francisco Camps era un Cartier descatalogado de 2.000 euros. Una declaración complicada, porque vimos, en el único día del juicio, a Correa, el jefe de la presunta trama, lucir un Santos de muchisisisimos más ceros. Es decir, hubo un criterio discriminatorio en la administración de regalos. A la esposa del expresident, una antigualla fuera de catálogo, por la que sin embargo ella se deshizo en esos agradecimientos ya históricos, “te has pasado 20 pueblos”, mientras que al jefe un peso pesado originalmente diseñado por la casa francesa para conmemorar las hazañas del célebre pionero de la aviación brasilero, Alberto Santos Dumont. Quizás en Gürtel, como en tantas otras empresas, se manifieste poca igualdad entre hombres y mujeres. Quizás pueda ser que Correa se vea a sí mismo como un pionero, de momento bastante incomprendido, que quizás intentó transformar lo presunto en política financiera.

Prácticamente desnuda, Jennifer Lopez avanzó con seguridad extrema en la alfombra blanca de los premios Billboard latinos en Miami. Acompañó su jumpsuit de encaje blanco con una capa vainilla que manejaba con precisión torera. La humedad le obligó a sacudirse la melena delante de los fotógrafos, como una leona acalorada. El gesto de una diva, capaz de lo inesperado ante sus mayores enemigos. Al verlo pensé que existen dos tipos de personas, los verdaderos profesionales y los presuntos. Los que saben construir un imperio de sí mismos y los que parecieran complacerse en ver cómo se desmorona. Jennifer es de los primeros. Igual de desnuda que Monedero y Thiery, la Lopez es, en silencio, la magia que añora Iglesias. Y no necesita más discurso que ser estrella.