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EDITORIAL

Socios (y deudores)

Grecia debe detallar las garantías del préstamo europeo tanto como su petición de ayuda

En la cuestión griega, cada uno debe atenerse a su papel. Los griegos son socios de pleno derecho de la Unión. Pero también ocupan la posición de deudores, responsables de honrar su deuda. Los alemanes, o los españoles, son sus acreedores, pero son sobre todo sus socios estratégicos. Una doble lealtad les ata y debe traducirse ahora en medidas prácticas para soslayar un gran revés, antes de fin de mes. Ser socio implica, amén de respetarse, ostentar derechos y deberes en similar cuantía. Ser deudor supone cumplir los compromisos firmados como contrapartida del préstamo obtenido. Ser acreedor significa facilitar ese cumplimiento.

Hasta ahora el Gobierno de Syriza ha dado un paso positivo: la renuncia a exigir la condonación de su deuda, como preveía la desmedida propuesta de su programa electoral, que operaba también como símbolo de una izquierda alternativa. La disposición al diálogo y a suavizar el rescate (o a la reforma de su controlador, la troika), pero sin revertirlo, iban a su encuentro.

Lo urgente es ganar tiempo para rediseñar la reflotación de Grecia, antes de que caduque el día 28 el manto protector del rescate (y quede a la intemperie de los mercados) pero sin presumir el resultado de la negociación. Las fórmulas en liza —ampliación del plazo del crédito, versus extensión del rescate— no son políticamente inocuas: la primera, sin condiciones, daría carta a un vuelco unilateral griego a lo acordado por todos; la segunda, sin modulaciones, podría parecer un trágala.

Para evitar la parálisis, Atenas debería detallar los cambios urgentes de las garantías que ofrece, al menos tanto como ha concretado sus exigencias de liquidez (todas las previstas en el memorando, y más). El detalle es condición de credibilidad de las reformas y requisito de confianza para el acuerdo: ¿cómo asumir su nueva reforma fiscal si se ignora su capacidad recaudatoria? ¿En qué consisten las 10 reformas apadrinables por la OCDE?

Sin concreciones, a muchos Gobiernos les será imposible relajar las garantías, aunque quieran pactar, porque sus opiniones públicas acechan. Sin pacto, los depósitos seguirán fugándose, la recaudación de impuestos, capotando; y el PIB retrayéndose, como sucede desde que se auguró la ruptura en la gobernanza griega. A la eurozona en su conjunto, pero sobre todo a Grecia, interesa suturar esas heridas antes de que se conviertan en una gangrena para el euro.

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