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¿Quién da más dinero para vacunas?

¿A qué nos referimos cuando hablamos de una conferencia de donantes?

Acudimos a la celebrada por GAVI el pasado 27 de enero en Berlín y desgranamos las claves

Un retrato histórico de la mano de la fotógrafa, quien reunió a grandes artífices del desarrollo de varias vacunas fundamentales como Stanley Plotkin, de la rubeola, Deborah Sabin, hija de Albert Sabin, descubridor de la de la polio... La imagen forma parte de la campaña El arte de salvar vidas.
Un retrato histórico de la mano de la fotógrafa, quien reunió a grandes artífices del desarrollo de varias vacunas fundamentales como Stanley Plotkin, de la rubeola, Deborah Sabin, hija de Albert Sabin, descubridor de la de la polio... La imagen forma parte de la campaña El arte de salvar vidas.

El día estaba marcado por una cifra: 7.500 millones de dólares. Esos eran los fondos que pretendía recaudar la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización (Gavi, en sus siglas en inglés) para poder continuar con sus programas en los países más pobres del mundo hasta 2020. Concretamente, y según sus cálculos, con esa astronómica cantidad podrá vacunar a 300 millones de niños y, con ello, calcula que salvará de una muerte prematura a seis millones de ellos.

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Así, el día 27 de enero, Gavi llamó a todos sus miembros —países, fundaciones y empresas— a una reunión en Berlín (Alemania) en la que cada uno diría cuánto aportaría para la causa. Los números estaban decididos y, de hecho, sumados tenían que resultar en esos 7.500 millones de dólares. Aunque hubo que hacer matemáticas con el tipo de cambio del euro e incrementar algunas cantidades a última hora para que la cuenta cuadrase y no se fuera al traste el titular. “Alemania había dicho que daría 500 millones de euros, pero finalmente ha tenido que subir su aportación porque no se llegaba al objetivo”. Así hablaba un asistente en un corrillo informal en la pausa para café y cruasán.

Estaba en lo cierto. Y no era un secreto. En Twitter ya había quienes hablaban de que Alemania daría más de lo esperado. Lo que se confirmó cuando Angela Merkel llegó al centro de congresos de la capital alemana, tras ese descanso, y salió de la penumbra de las butacas para subirse al atril. Terminó su discurso con el compromiso de aportar 600 millones de euros. Al cambio, unos 690 millones de dólares en ese momento.

También la Fundación Bill y Melinda Gates subió su apuesta por la vacunación. A los 1.500 millones de dólares que anunció el millonario filántropo arrancando un sonado aplauso –fue el primero en poner ceros sobre el escenario– un miembro de la organización añadió, sin boato, otros 50 después de la comida que los altos cargos mantuvieron a puerta cerrada. Incrementar las donaciones no solo significaba más vacunas que se podrán adquirir, sino que salvaba el titular: “Esta es una noticia histórica para los niños del mundo”. El presidente de Gavi, Dagfinn Høybråten, anunciaba emocionado que se había logrado el objetivo. En una gran pantalla se proyectaba el ansiado número: 7,5 Bn (7.500 millones de dólares).

Quizá, además de la ambición de llegar a la meta, también habían surtido efecto algunos de los relatos que se habían escuchado en vivo o por vídeo de los protagonistas de la actividad que realiza Gavi: vacunar e inmunizar. A la conferencia, habían sido invitados algunos representantes de los países receptores de ayuda, así como un pequeño grupo de trabajadores de los millones que cada día se encargan de transportar, conservar y suministrar las vacunas a las poblaciones más vulnerables del planeta. Fueron la voz del personal médico de los débiles sistemas sanitarios en países en desarrollo, empleados de ONG o agencias de la ONU que, con su relato desde la primera línea pretendían ser el aldabonazo en la conciencia de aquellos a quienes se les pedía renunciar a parte de su riqueza nacional para inmunizar a los que carecen de recursos, lejos de sus fronteras. Como el pequeño del que habló el doctor Sawadog Abdoulaye, de Burkina Faso. “De niño tuvo meningitis, le traté y sobrevivió. Pero hoy sufre importantes discapacidades debido a la enfermedad. Afortunadamente, desde 2010, cuando se implementó por primera vez un programa de vacunación contra la meningitis, no se han vuelto a registrar nuevos casos”, relató el médico. “Ayúdenme a escribir el futuro de mi país”, clamó para finalizar su discurso.

¿Quién da más dinero para vacunas?

Esta labor de concienciación ya había empezado 24 horas antes del señalado día. La jornada previa a la conferencia, en el Centro de Congresos de Berlín se celebraron debates entre expertos en la materia y actos simbólicos de ONG. Se exhibió, asimismo, la exposición El arte de salvar vidas, en la que un grupo de artistas realiza su interpretación artística de las vacunas, los virus, las enfermedades. Todo, para sensibilizar sobre la importancia de la inmunización y la necesidad de contribuir con más financiación a la adquisición y distribución de los fármacos a los países con menos recursos. “Calentamos motores”, resumía ese primer día un portavoz de Gavi. A fin de cuentas, una conferencia de donantes pretende ser algo más que abrir el micrófono para anunciar cuánto saldrá de la billetera. El transcurso del evento está orientado a crear vínculos entre los participantes y con la causa solidaria, con clara vocación de publicidad de todos estos componentes. Cada intervención se convierte la respuesta a una pregunta: ¿Por qué ayudar?

Esta fue precisamente la pregunta que hicieron un grupo de críos, llevados por Save the Children, a los oradores sobre el escenario, una mezcolanza de personalidades entre políticos de los países donantes y de los receptores, representantes de ONG, de agencias de la ONU… La contestación fue, con diferentes palabras, unánime. Todos los niños del mundo debieran tener las mismas oportunidades de sobrevivir, crecer y estar sanos.

Un mensaje para caldear los corazones mientras el reloj contaba hacia atrás las horas para la conferencia. Ese primer día, coincidieron sobre las tablas el ministro alemán de Salud, Hermann Gröhe, con su homóloga en Senegal, Awa Marie Coll-Seck, la responsable de salud para la familia, mujer e infancia de la Organización Mundial de la Salud y la joven alemana de 19 años Lisa Opolka, embajadora de ONE, organización focalizada en la lucha contra la pobreza extrema, especialmente en África. “Soy una privilegiada por haber nacido aquí. Otros no lo son por el simple hecho de haber nacido a miles de kilómetros”, dijo ante el centenar de personas en el público, a saber, los ya citados, otros intervinientes, ministros y directores de organismos varios, sus colaboradores, asistentes, secretarios…

A través de los auriculares, en alemán, francés e inglés (a elegir), varios mensajes se repetían. “Es importante fortalecer los sistemas de salud de los países en desarrollo”. “Tenemos que aprender las lecciones que nos ha dado la epidemia de ébola en África para que algo así no vuelva a suceder”. “La vacunación es la manera más eficaz y barata de evitar enfermedades”. “No podemos consentir que 1,5 millones de niños mueran por causas prevenibles cada año”.

La ministra de Sanidad senegalesa consiguió condensar en su intervención muchos de los problemas a los que se enfrentan los países en desarrollo: “Quiero destacar que necesitamos sistemas de salud fuertes. Y no solo necesitamos más fondos porque los presupuestos que tenemos son insuficientes, sino que nos falta personal cualificado. Y cuando lo tenemos, nos cuesta retenerlo en las zonas rurales o no tenemos dinero para pagarles”.

Discursos como estos se repitieron al día siguiente, antes, durante y después de que cada cual hiciera su anuncio con un entusiasmo proporcional al volumen de la aportación. Salvo China. Su contribución de 5 millones de dólares (un 0,3% de la realizada por la Fundación Gates) para un período de cinco años fue de las más celebradas entre los asistentes. “Esta es la primera vez que China, que hasta hace no mucho era receptor de ayuda de Gavi, dona fondos para la Alianza”, aclaraba el alboroto el presidente del organismo. Más que dinero, el anuncio suponía el acto simbólico de la entrada del gigante asiático en un nuevo club: el de los donantes. Y como tal será llamado la próxima vez que esta organización (o quizá otra) necesite fondos. Citas de este tipo son frecuentes.

El objetivo de esta se consiguió y los niños del mundo, los destinatarios finales de las ayudas, dan gracias en un vídeo publicado por Gavi. Pero, como dice Simon Wright, de la oficina de Londres de Save the Children, en un artículo escrito en su blog un solo día después, "ahora empieza lo más difícil”.

Quién dijo qué:

Isabella Lövin, ministra de cooperación de Suecia

"Estamos aquí porque nos preocupamos por las personas y queremos crear las condiciones para que tengan una vida larga y saludable"

Annick Girardin, ministra de desarrollo de Francia

"La epidemia de ébola demuestra la magnitud de los desafíos que encara Gavi. Debemos hacer lo que podamos contra ella".

Jakaya Mrisho Kikwete, Presidente de Tanzania

"Ahora que los recursos se han asegurado, estoy feliz porque vamos a ver cómo muchas más vidas se salvan".

Angela Merkel, canciller alemana

"Todos los que han contribuido a salvar las vidas de los demás deben estar muy orgullosos"

Justine Greening, secretaria de estado de Desarrollo GB

"Durante los últimos 15 años, la reducción de la mortalidad infantil en el mundo ha sido una de nuestras grandes historias de éxito

Raj Shah, responsable de USAID

"Estamos haciendo historia hoy aquí en Berlín y os estamos muy agradecidos" 

Sawadogo Abdoulaye, médico en Burkina Faso

"Sus contribuciones liberarán a millones de personas del temor a estas enfermedades"

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU

"Juntos, podemos asegurar que todos los niños disfruten de un futuro saludable y alcancen su pleno potencial".

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