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La elegante campaña de Angelina Jolie

La actriz ha cambiado su estilo sexy por otro digno de una primera dama. Un vestuario sobrio para transmitir la seriedad de sus intenciones: lograr un Oscar como directora por ‘Invencible’

Angelina Jolie a la salida de un programa de televisión el pasado diciembre. Ampliar foto
Angelina Jolie a la salida de un programa de televisión el pasado diciembre.

¿Cómo se debe ir vestida en una campaña? Puede parecer una pregunta extraña en plenas navidades. Al fin y al cabo, faltan aún muchos meses para las elecciones.

Pero está en marcha la carrera de los Oscar, y la pregunta se inspira en el esfuerzo llevado a cabo públicamente en las últimas semanas por Angelina Jolie, directora de Invencible, la película basada en el libro de Laura Hillenbrand sobre la II Guerra Mundial y el triunfo del espíritu humano.

A juzgar por los comentarios oídos durante todo el otoño, el filme puede ser candidato a los premios, y, a pesar de que no se le haya tenido en cuenta ni para los Globos de Oro ni para los premios del Sindicato de Actores estadounidense, todavía tiene posibilidades de estar entre los nominados a los galardones de la Academia, que se anunciarán en enero.

Parece ridículo renunciar al escote para convencer al mundo de su valía laboral, pero funciona

Pero lo más significativo es quizá cómo ha moldeado Angelina Jolie su imagen para alcanzar su objetivo, cómo ha dejado poco a poco de lado la aspiración por ser el centro de todas las miradas para abrazar la discreción y reivindicar el trabajo entre bambalinas.

Una magnífica demostración de cómo utilizar la seriedad del vestuario para transmitir la seriedad de las intenciones.

Los ingredientes de su estrategia: colores apagados, siluetas clásicas, faldas estrictas, zapatos de salón, mangas largas. Para hacerse una idea, basta pensar en una versión en alta costura de la tópica bibliotecaria que se suele mostrar en la gran pantalla: poder sencillo en el rodaje.

La imagen de Jolie en la portada del número de The Hollywood Reporter dedicado a “los que se arriesgan”, con una blusa blanca de seda y cuello redondo, es un buen ejemplo de este espíritu. O las portadas de Vanity Fair y Entertainment Weekly con camisas blancas de manga larga (no hay nada mejor que una camisa blanca de hombre, la base universal del estilo de los ejecutivos, para transmitir una actitud decidida).

Angelina Jolie en la gala de los Oscar de 2012. ampliar foto
Angelina Jolie en la gala de los Oscar de 2012.

También las apariciones de Angelina Jolie en el programa Today, vestida con jersey y pantalón negros, y el estreno en Londres de Invencible, con un vestido blanco de capa y falda recta, un modelo de Ralph & Russo. Y en el palacio de Buckingham, cuando la reina Isabel la nombró Dama Honorífica de la Gran Cruz en octubre, con un traje de chaqueta gris paloma, también de Ralph & Russo. Y en Sydney, Australia, en diciembre, con un vestido drapeado de Versace hasta la rodilla gris.

En otras palabras, Jolie rechaza los estampados, las lentejuelas y cualquier elemento de distracción. Lejos quedan los tiempos en los que llevaba ampollas con sangre de su exmarido Billy Bob Thornton colgadas del cuello. En su lugar, elige prendas que revelan corrección, buen gusto y muy buena educación; prendas que, en otro contexto, seguramente resultarían aburridas, pero que expresan de manera muy concisa que Jolie está decidida a trabajar detrás de la cámara, no delante —de hecho, se siente más cómoda allí— y que va a hacer todo lo que sea necesario para que la tomen en serio.

Con ese fin, incluso sus apariciones en la alfombra roja han sido relativamente conservadoras, por lo menos, en comparación con el vestido de Versace que dejaba ver la pierna en 2012. Desde su esmóquin en la ceremonia de los Baftas de 2014 hasta el Elie Saab que la tapaba por completo en los últimos Oscar.

Puede parecer ridículo pensar que hacen falta colores apagados y que no se vea nada de carne para convencer al mundo de la seriedad profesional, pero encajar en el estereotipo es para muchos una forma de conseguir antes los objetivos. ¡A la dignidad a través de los colores naturales! Puede que sea embarazoso reconocerlo (no cabe duda de que lo es, en gran parte porque deja al descubierto las conjeturas que hacemos de forma automática), pero funciona.

Angelina Jolie con el Oscar que ganó en 2000. ampliar foto
Angelina Jolie con el Oscar que ganó en 2000.

Ya lo dijo la actriz Kerry Washington (Scandal) a la revista Glamour en 2013, al explicar su epifanía sobre la forma de vestir en público: “Pensé que me faltaba una herramienta importante. Si soy la presidenta de la Kerry Washington Corporation, mi departamento de marketing no está haciéndolo bien. Así que podemos decir que creé un personaje nuevo: la Kerry de la alfombra roja.

El propósito de Washington no era que la tomaran en serio como directora sino que le dieran mejores papeles, pero su forma de utilizar las apariciones en público con prendas que hacían que se hablara de ella la ayudó .

La teoría es la misma. Al fin y al cabo, el cine consiste en parte en crear personajes a partir de su vestimenta, y eso sirve también para la imagen pública. No es que no sea un esfuerzo sincero; es que además es estratégico.

Por supuesto, Angelina Jolie no es la primera actriz que utiliza la ropa como herramienta para lograr una imagen y una trayectoria profesional determinadas. Además de saber que muchas actrices tenían muy poca confianza en su propio gusto y estaban encantadas de poner ese tipo de decisiones en manos de otra persona, gran parte del éxito de Giorgio Armani en Hollywood se ha debido a su capacidad de despejar el factor sexual de la ecuación.

Si Julia Roberts testificó ante el Congreso de Estados Unidos en 2002 vestida con camisa blanca, chaqueta negra y gafas, fue por algo. Lo que ha hecho Angelina Jolie ahora es adoptar la idea de forma más exhaustiva, y quizá con más éxito que sus colegas.

Y el resultado tiene connotaciones que no solo afectan al mundo de las alfombras rojas y las nominaciones a los Oscar.

Resulta curioso que la campaña de promoción de Invencible, sumada a la labor humanitaria de Angelina Jolie como embajadora de Naciones Unidas, haya contribuido a crear un movimiento no del todo irónico en la Red para apoyar su posible carrera política, #jolieforpresident, hasta el punto de que, en su número de diciembre, Vanity Fair le preguntó con toda seriedad por sus intenciones políticas. La respuesta de la actriz fue: “Estoy abierta”.

Que todo esto desemboque o no en una candidatura al Oscar para ella (y, la verdad, deberían darle uno por interpretar su propio personaje), su estrategia es digna de estudio ahora que nos aproximamos a la otra temporada de campañas y empiezan a surgir en la política preguntas sobre la vestimenta “apropiada”. Hace poco, los republicanos de la Asamblea del Estado de Montana establecieron unas directrices sobre lo que constituye un atuendo aceptable en un medio profesional. Después de todo, es posible que ella misma tenga que usarla.

 

© 2014 New York Times News Service
Traducción Mª Luisa Rodríguez Tapia