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Martina Navratilova se casa con Julia Lemigova

La famosa tenista espera que su matrimonio sirva de inspiración para que otras parejas homosexuales oficialicen sus relaciones

Martina Navratilova y, a la izquierda, Julia Lemigova, en el pasado US Open.
Martina Navratilova y, a la izquierda, Julia Lemigova, en el pasado US Open.

La tenista Martina Navratilova se ha casado este lunes en Nueva York con la empresaria y exmodelo rusa Julia Lemigova. La pareja ha celebrado una ceremonia íntima con amigos y familia en el hotel Peninsula, aunque pocas horas después se sentó ante las cámaras de la BBC para comunicar la noticia y aprovechar su momento de alegría para animar a otras parejas homosexuales a pasar por el altar.

“Tengo 58 años, y me he casado por primera vez. Ya era hora, ¿no?”, bromeó la ganadora de nueve torneos Wimbledon, que confesaba sentirse “extraña”, “aterrorizada” y “aliviada”. Por su parte, Julia Lemigova, con quien mantiene una relación desde 2009, decía estar “abrumada”.

Así es como se sintió también tres meses antes, en concreto el 6 de septiembre, cuando la tenista se arrodilló ante ella y le propuso matrimonio por sorpresa delante de las cámaras durante un descanso en la semifinal masculina del US Open. “Fue abrumador, pero no me habría esperado otra cosa de Martina”, ha contado ahora Lemigova a la cadena británica. La proposición se retransmitió por el Tennis Channel y por la gran pantalla de la pista de tenis neoyorquina.

“El plan original no era pedirle la mano en el US Open, en la pantalla y todo eso, pero entonces pensé: ‘¿Y por qué no? Lo he visto en las películas”, contó Martina Navratilova a la revista People después de la proposición sorpresa. “Y al final todo salió bien”.

La petición de mano de la Navratilova a su novia.
La petición de mano de la Navratilova a su novia.

“Cuando creces como mujer gay nunca piensas sobre esto [sobre el matrimonio]”, contaba en la entrevista en la BBC. “Pero hace como unos 10 años pensé: ‘Creo que en unos 10 años el matrimonio homosexual será legal’. Y aquí estamos”. En el Estado de Nueva York es legal desde 2011, así como también lo es en otros 34 Estados de Estados Unidos.

La famosa tenista lleva más de tres décadas luchando por los derechos de los homosexuales y por su visibilidad en el mundo del deporte, desde que en 1981 salió del armario en una entrevista en New York Daily News, hizo pública su bisexualidad y se convirtió en un ejemplo para muchos deportistas aspirantes en un momento en el que aún nadie se atrevía hacerlo. Desde su experiencia, le sorprende que la situación siga parecida más de 30 años después y que otros jugadores no hayan seguido su ejemplo, “especialmente hombres”, dice. “Están tan metidos en el armario que no sé quiénes son”.

Por eso, Navratilova y Lemigova decidieron usar este momento de intimidad y privacidad como una declaración pública de intenciones y apoyo a la lucha. “Comprometiéndonos y casándonos de esta forma pública creo, y espero, que seamos una inspiración para otras familias”, continuaba Julia Lemigova, que tiene dos hijas de una relación anterior.

“A pesar de que el deporte ha sido siempre un ejemplo en la lucha de muchos otros derechos civiles, no ha estado a la cabeza en los derechos de los homosexuales”, aseguraba la tenista que aún ostenta el récord de 167 títulos individuales, 177 de dobles, y 18 Grand Slams. El miedo al rechazo por salir del armario sigue ahí, dice, aunque ella es el vivo ejemplo de que no tiene por qué ser un obstáculo en una carrera de éxito.

Tras declarar su bisexualidad en 1981, y hacer públicas sus relaciones con la jugadora de baloncesto, Nancy Lieberman, primero; y la escritora Rita Mae Brown, después; Navratilova aún siguió en lo más alto del mundo del tenis individual hasta los años noventa y compitiendo en torneos de dobles hasta el año 2006, en el que se despidió en Wimbledon. Desde entonces, se ha dedicado a la retransmisión de partidos y, precisamente, hace dos semanas anunció que se unía al equipo de entrenadores de la joven promesa polaca del tenis, Agnieszka Radwanska, quien considera a Navratilova, como tantos otros, “un ídolo”.

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