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La cocina se pone en bolas

La portada de Lorena de 'MasterChef' en 'Interviú' se puede ver como el final de la inocencia mediática de la cocina

La cocina se pone en bolas

Nunca he entendido a las personas que dicen que las vacaciones “les cargan las pilas”. A mí me dejan cual conejito sin Duracell, con ganas de tumbarme a la bartola ad eternum o de viajar al Triángulo de las Bermudas a que me abduzcan los extraterrestres. Suerte que la actualidad te da cosas con las que distraerte de tu destino atroz, como la capa soy tu menstruación del obispo de Valencia, la santa travesti de la capilla del Dulce Niño Jesús de Sevilla o, en un ámbito igual de piadoso aunque no lo parezca, el desnudo de Lorena MasterChef en Interviú.

De los dos primeros temazos no hablaré, que no quiero topar con la Iglesia nada más empezar el curso, pero el tercero es de los que invitan a la reflexión filosófica. Describamos primero los hechos: Lorena Lasanta ha hecho honor a su apellido llevando a cabo la buena acción de mostrar sus pechos y su culete a todos los gañanes de España, para que, estimulados por la visión de las imágenes, éstos puedan descargar convenientemente sus tensiones.

Lasanta, que además de cocinera es dj, se distinguió en el concurso por tener la autoestima en la estratosfera, aparentar menos preocupación por las zarandajas de los guisos que por la escasez de pintalabios o los corrimientos de rímel, y enterrar un tiramisú bajo medio kilo de cacao en polvo. Así que, de alguna manera, su camino natural era a hacerse un Interviú y sacarle justo partido a sus tres telediarios de fama.

Los críticos han apuntado, con cierta razón, que lo de salir en bolas en una revista es más propio de detritus de Mujeres y hombres y viceversa que de participantes en un espacio de la televisión pública. Parece fácil deducir que esa portada de Lasanta, con un cuchillo entre los muslos en plan amante de Conan, es consecuencia de la morbosa deriva realityesca de la segunda temporada de MasterChef. También se puede ver el asunto como el final de la inocencia mediática de la cocina: lo culinario ha dejado de ser un contenido blanco para convertirse en otro espectáculo impúdico más.

En un plano más personal, creo que a mí me resultaría más humillante el texto que las fotos. No debe de ser bonito leer que buscas “un hombre que te haga tarta de zanahoria” o que destaquen una de tus frases más horrorosamente tópicas: “En la cama y en la cocina, a fuego lento todo sabe mejor”. Aunque también imagino que el dinero cobrado haría de bálsamo para las heridas en la imagen que tengo de mí mismo, y me ayudaría a sobrellevar este retorno de septiembre con otro cuerpo serrano.

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