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CARTAS AL DIRECTOR

Oasis en un desierto llamado homofobia

Soy gay, judío e israelí. Estoy casado con un hombre y aún no me han matado por ello. Una República Parlamentaria se encarga de proteger mis derechos. Se llama Israel.

Vivo en un oasis en mitad de un desierto llamado homofobia, que se extiende desde el Atlántico hasta el Pacífico. En este oasis mi marido y yo hacemos vida normal. Vamos al cine, a cenar o pasamos un fin de semana romántico en algún hotel de Tel Aviv, Jerusalén o Eilat. “Cama de matrimonio, por favor” es nuestra primera petición. Nadie nos mira raro, porque aquí lo ilegal es ser homófobo. Bendito oasis multicolor de paz y tranquilidad.

Sin embargo, existen miembros del colectivo LGBT que difaman esta República Parlamentaria para apoyar una causa que incluye, además, discriminar legalmente homosexuales (artículo 152 de su Código Penal). Personas que van de “progres”, pero consiguen el efecto contrario.

Invito a esas personas a que vayan con sus plumas, sus kefias o tacones a Jericó, Gaza o Ramala. Que griten muy, muy fuerte; Free! Free!, pero para que sea el pueblo palestino el liberado de sus gobernantes.

Y si salen de ahí vivas, que nos cuenten su experiencia.— David Yabo. 

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