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Tres generaciones de editores sin miedo al futuro

Veteranos y novatos, defensores del papel y del digital: ellos salvarán la industria del libro

  • Como la gran estrella femenina que fue de la edición al mando de Tusquets desde los inicios, Beatriz de Moura (Río de Janeiro, 1939) posa aquí en medio, flanqueada por otra leyenda de la edición en español, Jorge Herralde (Barcelona, 1936), fundador de Anagrama, y también junto a un valor en alza, Diana Zaforteza (Barcelona, 1978), dueña de Cuadernos Alfabia. Dos veteranos y una joven editora que contemplan el oficio con visiones muy personales, basadas en una radical independencia de criterio y una constante disyuntiva entre lo real y lo ideal sin renunciar al sueño y al compromiso. Sus recetas como editores varían. Para De Moura, la seña de identidad de un editor es su catálogo: “Esa impronta mediante la que se identifica un sello. Y el proceso de elaboración de ese catálogo, en el transcurso del tiempo, viene a ser algo así como el ADN inconfundible del editor que lo ha trabajado. Ante colegas y lectores que no le conocen personalmente, es su lista de títulos y autores lo que le describe y define; y, entre colegas, es lo que nos distingue a cada uno de nosotros, más allá de cualquier otra consideración de afinidad o no”.  Jorge Herralde, por su parte, define la esencia del oficio así: “Un editor debe edificar su firma con los libros en los que cree, libros que enriquezcan al lector, lo que Giulio Einaudi llamaba, sencillamente, ‘la edición sí’, refiriéndose a la salida de libros necesarios. Además, está obligado a evitar el ‘narcisismo masturbatorio’, imprimir excelentes obras y soltarlas en el mercado luchando por ellas tan apasionadamente como a la hora de escogerlas y editarlas”.  Zaforteza aplica sus recetas con el ímpetu de una juventud resistente, pero devota de sus dos maestros: “El editor debe controlar muy bien la gestión porque una editorial es una empresa que debe tener viabilidad económica. Cuidar de nuestros lectores día a día ofreciéndoles ediciones muy bien cuidadas, creadas con la minucia del artesano con traducciones rigurosas y una selección de autores muy meditada para que el lector sepa que cualquier libro publicado en esta editorial no le va a defraudar. Hay que evitar la tentación, en tiempos de crisis, de renunciar a la calidad para sobrevivir y hacer llegar al público tus lanzamientos”.
    1Veteranía y juventud Como la gran estrella femenina que fue de la edición al mando de Tusquets desde los inicios, Beatriz de Moura (Río de Janeiro, 1939) posa aquí en medio, flanqueada por otra leyenda de la edición en español, Jorge Herralde (Barcelona, 1936), fundador de Anagrama, y también junto a un valor en alza, Diana Zaforteza (Barcelona, 1978), dueña de Cuadernos Alfabia. Dos veteranos y una joven editora que contemplan el oficio con visiones muy personales, basadas en una radical independencia de criterio y una constante disyuntiva entre lo real y lo ideal sin renunciar al sueño y al compromiso. Sus recetas como editores varían. Para De Moura, la seña de identidad de un editor es su catálogo: “Esa impronta mediante la que se identifica un sello. Y el proceso de elaboración de ese catálogo, en el transcurso del tiempo, viene a ser algo así como el ADN inconfundible del editor que lo ha trabajado. Ante colegas y lectores que no le conocen personalmente, es su lista de títulos y autores lo que le describe y define; y, entre colegas, es lo que nos distingue a cada uno de nosotros, más allá de cualquier otra consideración de afinidad o no”. Jorge Herralde, por su parte, define la esencia del oficio así: “Un editor debe edificar su firma con los libros en los que cree, libros que enriquezcan al lector, lo que Giulio Einaudi llamaba, sencillamente, ‘la edición sí’, refiriéndose a la salida de libros necesarios. Además, está obligado a evitar el ‘narcisismo masturbatorio’, imprimir excelentes obras y soltarlas en el mercado luchando por ellas tan apasionadamente como a la hora de escogerlas y editarlas”. Zaforteza aplica sus recetas con el ímpetu de una juventud resistente, pero devota de sus dos maestros: “El editor debe controlar muy bien la gestión porque una editorial es una empresa que debe tener viabilidad económica. Cuidar de nuestros lectores día a día ofreciéndoles ediciones muy bien cuidadas, creadas con la minucia del artesano con traducciones rigurosas y una selección de autores muy meditada para que el lector sepa que cualquier libro publicado en esta editorial no le va a defraudar. Hay que evitar la tentación, en tiempos de crisis, de renunciar a la calidad para sobrevivir y hacer llegar al público tus lanzamientos”.
  • Fue esta temporada cuando se produjo el anuncio. El Grupo Penguin Random House se hacía con tres sellos de PRISA: Alfaguara, Taurus y Aguilar. De ese resultado ha nacido la colaboración entre dos sanos competidores: Claudio López de Lamadrid (Barcelona, 1960) y Pilar Reyes (Bogotá, 1972). El primero lo ha sido todo en el mundo de la edición, desde chico de almacén a responsable general de todos los sellos de la nueva marca. De Lamadrid cree que entre las cualidades de un editor cuenta lo siguiente: “Curiosidad, relaciones personales, pasión, mucho trabajo, vocación… fundamental es también la humildad, saber que es imposible abarcar todo lo que se publica y, de este modo, apoyarse en un equipo y una red de contactos. Cuanto mayor es tu red de contactos, más posibilidades tienes de dar con el manuscrito apropiado, tanto porque recibes información como porque la recibes ya filtrada. Un editor no publica necesariamente lo que le gusta, publica aquello que encaja en su línea editorial”. Pilar Reyes siempre ha establecido puentes con América Latina. Para ella, la edición requiere: “El convencimiento de que es un modo de vida. Perseverancia, porque, incluso en el mundo de la velocidad, éste es un trabajo de largo plazo. Ilusión y curiosidad son dos armas muy importantes. Dos defectos, por contraste, que hay que evitar: la impaciencia y la arrogancia, pues las dos impiden ver con claridad los mejores objetivos”.
    2La útima gran fusión Fue esta temporada cuando se produjo el anuncio. El Grupo Penguin Random House se hacía con tres sellos de PRISA: Alfaguara, Taurus y Aguilar. De ese resultado ha nacido la colaboración entre dos sanos competidores: Claudio López de Lamadrid (Barcelona, 1960) y Pilar Reyes (Bogotá, 1972). El primero lo ha sido todo en el mundo de la edición, desde chico de almacén a responsable general de todos los sellos de la nueva marca. De Lamadrid cree que entre las cualidades de un editor cuenta lo siguiente: “Curiosidad, relaciones personales, pasión, mucho trabajo, vocación… fundamental es también la humildad, saber que es imposible abarcar todo lo que se publica y, de este modo, apoyarse en un equipo y una red de contactos. Cuanto mayor es tu red de contactos, más posibilidades tienes de dar con el manuscrito apropiado, tanto porque recibes información como porque la recibes ya filtrada. Un editor no publica necesariamente lo que le gusta, publica aquello que encaja en su línea editorial”. Pilar Reyes siempre ha establecido puentes con América Latina. Para ella, la edición requiere: “El convencimiento de que es un modo de vida. Perseverancia, porque, incluso en el mundo de la velocidad, éste es un trabajo de largo plazo. Ilusión y curiosidad son dos armas muy importantes. Dos defectos, por contraste, que hay que evitar: la impaciencia y la arrogancia, pues las dos impiden ver con claridad los mejores objetivos”.
  • Sigrid Kraus (Gunzenhausen, Alemania, 1964), dueña de Salamandra, y Joan Tarrida (Barcelona, 1959), en Galaxia Gutenberg, representan en el panorama editorial español un necesario ejemplo de independencia radical. Su senda ha sido y es transitada también por otros magníficos sellos como pueden ser Acantilado, Libros del Asteroide, Periférica, Páginas de Espuma, Impedimenta… Kraus donde pone el ojo pone la bala. Es difícil que no convierta cada año algo de su catálogo en éxito. Aparte de Harry Potter, apostó por El niño del pijama de rayas o un autor como Khaled Hosseini. Entre los puntos innegociables, la editora destaca: “Leer lo que se publica. No engañar ni a su público ni a los que le ayudan a vender sus libros. Cuidar la calidad del texto al máximo y la impresión del mismo. Pensar muy bien cómo presentárselo al público. Asegurarse de que sus libros estén bien expuestos en los puntos de venta. Gritar a los cuatro vientos los méritos de cada uno de los libros que publica. No poder conciliar el sueño si le falla alguno de los puntos mencionados arriba”. Tarrida se mueve entre el idealismo y la conciencia de que los balances cuadren: “El editor es un soñador al que le tienen que salir los números. Sólo debe dedicarse a esto si no puede vivir sin editar. Es en gran medida un jugador, por lo que debe tener gran capacidad de riesgo. Y curiosidad por descubrir sin caer en pensar que su gusto es el de los demás”.
    3Independencia radical Sigrid Kraus (Gunzenhausen, Alemania, 1964), dueña de Salamandra, y Joan Tarrida (Barcelona, 1959), en Galaxia Gutenberg, representan en el panorama editorial español un necesario ejemplo de independencia radical. Su senda ha sido y es transitada también por otros magníficos sellos como pueden ser Acantilado, Libros del Asteroide, Periférica, Páginas de Espuma, Impedimenta… Kraus donde pone el ojo pone la bala. Es difícil que no convierta cada año algo de su catálogo en éxito. Aparte de Harry Potter, apostó por El niño del pijama de rayas o un autor como Khaled Hosseini. Entre los puntos innegociables, la editora destaca: “Leer lo que se publica. No engañar ni a su público ni a los que le ayudan a vender sus libros. Cuidar la calidad del texto al máximo y la impresión del mismo. Pensar muy bien cómo presentárselo al público. Asegurarse de que sus libros estén bien expuestos en los puntos de venta. Gritar a los cuatro vientos los méritos de cada uno de los libros que publica. No poder conciliar el sueño si le falla alguno de los puntos mencionados arriba”. Tarrida se mueve entre el idealismo y la conciencia de que los balances cuadren: “El editor es un soñador al que le tienen que salir los números. Sólo debe dedicarse a esto si no puede vivir sin editar. Es en gran medida un jugador, por lo que debe tener gran capacidad de riesgo. Y curiosidad por descubrir sin caer en pensar que su gusto es el de los demás”.
  • Belén López (Madrid, 1964) y Elena Ramírez (Madrid, 1968) son dos referentes dentro del Grupo Planeta, el mayor conglomerado editorial en español del mundo. Ambas comparten sus sellos en un cosmos de marcas aliadas lideradas por José Manuel Lara Bosch. Cada uno de ellos tiene una impronta propia a la que aplican sus valores. En el caso de Ramírez, responsable de Seix Barral, cualidades y defectos se entremezclan formando trampas y salidas ante las que uno debe permanecer alerta: “Toda virtud tiene su lado oscuro. La implicación a todos los niveles es necesaria para un editor, pero puede convertirse en un defecto que le haga perder ciertas dosis de ingenuidad y ligereza importantes en todo proceso creativo. Virtud es mantener presente la cuenta de resultados, defecto servirse de ella como un mantra o ignorarla por completo. Un editor ha de conocer bien la competencia, y lo que se hace en otros mercados, ha de dominar las reglas para transgredirlas o incluso cambiarlas”.  En cuanto a Belén López, que dirige ahora el área Planeta junto a Ariel, Crítica y Península, éstos son sus consejos: “Huir del ensimismamiento, ya sea intelectual o empresarial, no perder nunca el contacto con los lectores, ver más allá de las cifras y del santo Nielsen, saber lo que se busca y tener el valor de encontrarlo, y, sobre todo echarle muchas, muchas horas, a la lectura y a estar informada”.
    4El sello de lo grande Belén López (Madrid, 1964) y Elena Ramírez (Madrid, 1968) son dos referentes dentro del Grupo Planeta, el mayor conglomerado editorial en español del mundo. Ambas comparten sus sellos en un cosmos de marcas aliadas lideradas por José Manuel Lara Bosch. Cada uno de ellos tiene una impronta propia a la que aplican sus valores. En el caso de Ramírez, responsable de Seix Barral, cualidades y defectos se entremezclan formando trampas y salidas ante las que uno debe permanecer alerta: “Toda virtud tiene su lado oscuro. La implicación a todos los niveles es necesaria para un editor, pero puede convertirse en un defecto que le haga perder ciertas dosis de ingenuidad y ligereza importantes en todo proceso creativo. Virtud es mantener presente la cuenta de resultados, defecto servirse de ella como un mantra o ignorarla por completo. Un editor ha de conocer bien la competencia, y lo que se hace en otros mercados, ha de dominar las reglas para transgredirlas o incluso cambiarlas”. En cuanto a Belén López, que dirige ahora el área Planeta junto a Ariel, Crítica y Península, éstos son sus consejos: “Huir del ensimismamiento, ya sea intelectual o empresarial, no perder nunca el contacto con los lectores, ver más allá de las cifras y del santo Nielsen, saber lo que se busca y tener el valor de encontrarlo, y, sobre todo echarle muchas, muchas horas, a la lectura y a estar informada”.
  • De minoría a minoría. Uno de los referentes de la poesía en español de las últimas cinco décadas ha sido la editorial Visor. Junto al maestro, nacido en Madrid en 1945, flanqueándole, los dos dueños de la última sensación en edición cuidada, arriesgada y artesanal llamada Jekyll & Jill: Víctor Gomollón (Zaragoza, 1971) y Jessica Aliaga Lavrijsen (Zaragoza, 1979). El primero advierte que no hay recetas, que uno debe guiarse por su propia intuición y mostrar algo de reserva ante las indicaciones interesadas: “Siempre he tenido mucha desconfianza en las recomendaciones que me han llegado sobre libros y autores, seguramente es un defecto, pero yo lo he convertido en una manera de trabajar. Y es lo único que se puede decir a algún nuevo editor de poesía, si es que se atreve alguien a comenzar: como Luis Aragonés, leer, leer y leer, y nada de recomendaciones. Como casi siempre las recomendaciones suelen ser interesadas, en poesía ocurre constantemente”. Para los responsables de Jekyll & Jill: “Un editor debe cultivar la cualidad de la concentración y calma, y recordar que lo importante son los libros. Por tanto, por mucho trabajo que uno tenga, por ajustados que sean los plazos y arduas las tareas de contabilidad y promoción, un editor no debe dejar nunca de leer. Muchas veces, esa prisa va contra la propia naturaleza del libro. Por eso, intentamos no agobiarnos si trabajamos con lentitud, ni caemos en la trampa de acelerar la publicación de títulos”.
    5Relevos exquisitos De minoría a minoría. Uno de los referentes de la poesía en español de las últimas cinco décadas ha sido la editorial Visor. Junto al maestro, nacido en Madrid en 1945, flanqueándole, los dos dueños de la última sensación en edición cuidada, arriesgada y artesanal llamada Jekyll & Jill: Víctor Gomollón (Zaragoza, 1971) y Jessica Aliaga Lavrijsen (Zaragoza, 1979). El primero advierte que no hay recetas, que uno debe guiarse por su propia intuición y mostrar algo de reserva ante las indicaciones interesadas: “Siempre he tenido mucha desconfianza en las recomendaciones que me han llegado sobre libros y autores, seguramente es un defecto, pero yo lo he convertido en una manera de trabajar. Y es lo único que se puede decir a algún nuevo editor de poesía, si es que se atreve alguien a comenzar: como Luis Aragonés, leer, leer y leer, y nada de recomendaciones. Como casi siempre las recomendaciones suelen ser interesadas, en poesía ocurre constantemente”. Para los responsables de Jekyll & Jill: “Un editor debe cultivar la cualidad de la concentración y calma, y recordar que lo importante son los libros. Por tanto, por mucho trabajo que uno tenga, por ajustados que sean los plazos y arduas las tareas de contabilidad y promoción, un editor no debe dejar nunca de leer. Muchas veces, esa prisa va contra la propia naturaleza del libro. Por eso, intentamos no agobiarnos si trabajamos con lentitud, ni caemos en la trampa de acelerar la publicación de títulos”.