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Las fobias meteorológicas

Las condiciones del tiempo pueden influir en nuestro estado de ánimo, pero hay personas que las sufren mucho más que otras

Aurora boreal en Yucón en Canadá
Aurora boreal en Yucón en Canadá Reuters

A menudo hablamos de la belleza del rayo, de lo imponente y relajante que puede ser una puesta de Sol o del maravilloso espectáculo de una aurora boreal. Pero no todos reaccionamos igual ante tales fenómenos naturales. De hecho, hay mucha gente que se obsesiona con el pronóstico meteorológico porque le aterra la posibilidad de poderse encontrar con una tormenta y elige permanecer cerrada en su casa cuando empiezan a amontonarse las nubes porque le da pavor poderse encontrar con ellas. Si usted es de estas personas, sufre de ceraunofobia, es decir, miedo anormal a los rayos y truenos. Seguramente también sudará, respirará con dificultad e incluso el corazón se le acelerará. Los niños son los que más sufren esta patología.

Pero no es esta la única fobia relacionada con meteoros atmósfericos. La lista es interminable. Por ejemplo, al principio hemos hablado de las auroras boreales. Su belleza espectacular es un grave problema para quien sufre de aurorafobia. Cierto es que las condiciones meteorológicas influyen en nuestro estado de ánimo, en nuestro humor e incluso en nuestro carácter, pero hay personas que acusan mucho más que otras estos cambios de tiempo porque, probablemente, en algún momento de su vida les pudo haber influido algún meteoro de los que citamos a continuación: Anemofobia (al viento), heliofobia (al Sol), homiclofobia (a la niebla), nefofobia (a las nubes), ombrofobia (a la lluvia), quionofobia (a la nieve), etcétera. Incluso hay gente que no puede soportar mirar al cielo, es superior a ellos. Esta fobia tiene también su propio nombre, uranofobia.

 

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