Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
En primera línea

Una noche en el hospital de Al-Shifa

Según la cantidad de personas que atienden, los médicos creen que las cifras de muertos y heridos que da la ONU se quedan cortas

Una doctora atiende a un menor en el hospital de Al-Shifa.
Una doctora atiende a un menor en el hospital de Al-Shifa.

22 de julio. Son las ocho de la mañana. El equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) acaba de regresar del hospital de Al-Shifa, en el centro de la ciudad de Gaza. Durante toda la noche los heridos se han ido acumulando en la sala de urgencias, muchos de ellos eran pacientes trasladados desde el hospital Al-Aqsa, bombardeado al principio del día.

"Va a ser una noche muy concurrida", había advertido Alaa, conductor de MSF. Los proyectiles de los tanques y los barcos de guerra israelíes reverberaban a pocos kilómetros de la base de la ONG en Gaza, donde el equipo quirúrgico del Hospital Al-Shifa ya ponía en marcha todos los preparativos para anticiparse al flujo de heridos que iban a llegar al centro.

"He estado atendiendo a dos nuevos pacientes hospitalizados en cuidados intensivos en la Unidad de Quemados", explica Adriana, anestesista. "Uno de ellos era una joven madre, de 24 años. La joven había quedado enterrada bajo los escombros de su casa durante doce horas. Había perdido a su hija y otros 10 miembros de la familia. Hicimos todo lo que pudimos para salvarla, pero murió esta mañana”.

El segundo paciente de Adriana era un niño de 10 años. "El niño perdió a su padre y su madre estaba con él. Un misil impactó su casa y la derribó. El chico sufría síndrome de aplastamiento, quemaduras y traumatismos. Tenía 100 heridas en todo el cuerpo a causa de la explosión”.

Tras la operación fue ingresado en cuidados intensivos en la Unidad de Quemados del hospital Al-Shifa. Una pequeña herida preocupaba especialmente a Kelly, otra anestesista integrada en el equipo de emergencia de MSF. "Se trataba de un pequeño corte en la barriga que no paraba de sangrar", explica Kelly. "Solicité un escáner de su abdomen y vi que tenía una hemorragia interna. Los fragmentos de la bomba habían causado siete perforaciones en su intestino delgado. Kelly le salvó la vida con esa decisión", exclama Adriana.

Cosimo, cirujano de MSF, logró extraer una bala alojada en una vena cardiaca de una mujer de 20 años. "Otros dos pacientes que operé anoche tenían heridas torácicas causadas por explosión", dice.

Muchos de los heridos en el hospital de Al-Aqsa, que fue bombardeado al inicio del día, fueron trasladados a Al-Shifa. "Un hombre de 20 años fue hospitalizado en Al-Aqsa", explica Kelly. “Cuando llegó a la sala de emergencia de Al-Shifa, tuvieron que amputarle ambas piernas por debajo de las rodillas. Su intervención duró casi tres horas”.

La mayor parte de los pacientes que son intervenidos en quirófano tienen lesiones muy graves y requieren varios cirujanos. “Ayer tuvimos al menos dos casos de neurocirugía", añade Kelly. A veces, cuando los pacientes llegan la sala de operaciones, es demasiado tarde. "Una niña de ocho años fue trasladada al quirófano", explica Adriana: “Había perdido las dos piernas a causa de una explosión y sufría múltiples traumatismos, incluyendo un traumatismo craneal. Aparte de aliviar su dolor, no había nada más que pudiéramos hacer”. Según Cosimo, el 30% de los pacientes hospitalizados son niños.

Esta noche, los heridos llegaban a la unidad de cuidados intensivos en grupos de tres, cuatro y cinco personas al mismo tiempo. El primer grupo llegó procedente del barrio de Shuja'iyeh, que aún estaba siendo bombardeado. El último vino de una zona cercana al Hospital de Al-Aqsa. Al menos, cinco de los pacientes no superaron la noche.

En las primeras horas de la mañana se produjo un ataque aéreo cerca de Al-Shifa. "Todo el edificio de la Unidad de Quemados sufrió una serie de sacudidas, como si tuviera lugar un terremoto", dijo una de los trabajadores humanitarios de MSF.

A las ocho de la mañana, el equipo abandona el hospital y regresa a la oficina de MSF. Por turnos, cada uno de ellos, al calor de una taza de café, describe como ha sido la noche. El resto escucha, con la mirada baja, los espeluznantes informes. Según Naciones Unidas: más de una decena de personas han muerto y 130 han resultado heridas durante los bombardeos nocturnos. Teniendo en cuenta lo que han visto la noche anterior en el hospital Al Shifa, el equipo está de acuerdo en que las cifras parecen bajas.

A través de un comunicado de prensa fechado el pasado 21 de julio, Médicos Sin Fronteras exigió a Israel que cesara los bombardeos sobre los civiles atrapados en la franja de Gaza, advirtiendo de que el 50% de quienes ingresan en urgencias lo hacen en un estado tan grave que mueren en la sala de reanimación en el transcurso de la siguiente hora. La mitad de los pacientes que reciben son niños. La organización médico humanitaria recordó a su vez que el personal sanitario tampoco está a salvo de los ataques: dos paramédicos murieron y otros dos resultaron heridos en el asalto a una ambulancia y un vehículo de la organización debidamente identificado escapó por poco a varios misiles lanzados por el ejército israelí a pesar de haber informado a las autoridades y de haber obtenido el permiso necesario para llevar a cabo el desplazamiento.