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ANÁLISIS

Salvar el planeta es también salvar a las personas

Todo el mundo sabe lo que está sucediéndole al planeta, pero no queremos creerlo. Andamos demasiado ocupados consumiendo... y resulta demasiado doloroso hacer cambios. Tendremos que aprender cómo compartir. Y arreglar la forma en que vivimos y consumimos.

Gran Fuente Prismática en el Parque Nacional de Yellowstone (Wyoming, Estados Unidos).
Gran Fuente Prismática en el Parque Nacional de Yellowstone (Wyoming, Estados Unidos).

Como llega de nuevo el Día de la Tierra y seguimos consumiendo sin límite me siento descorazonado, pero me niego a caer en el pesimismo. Este mes se ha hablado mucho del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático provocado por el hombre. La discusión sobre si debemos adaptarnos o mitigarlo vuelve a aflorar, pero nada de esto importa realmente. Es simplemente un informe más que nadie va a leer realmente –al igual que muchas de esas grandes conferencias que cuestan millones de dólares y que no conducen a nada–. La verdad es que a lo largo de los últimos 20 años ha sucedido muy poco en este terreno.

Todo el mundo sabe lo que está sucediéndole al planeta, pero no queremos creernos lo que sabemos, con lo cual continuamos exactamente como estábamos. Andamos demasiado ocupados consumiendo, nuestra civilización ha sido construida sobre la base del comercio y resulta demasiado doloroso hacer cambios.

Gran Barrera de coral en Queensland, Australia. ampliar foto
Gran Barrera de coral en Queensland, Australia.

He llegado a creer, incluso aunque yo mismo soy Embajador de Buena Voluntad de Naciones Unidas, que la respuesta no se encuentra en los políticos ni en la economía ni en las leyes; se trata de algo espiritual. Puede sonar ingenuo, pero en última instancia se trata de cómo vamos a cambiar, cómo vamos a aprender a vivir juntos si queremos salvar este mundo. Tendremos que aprender cómo compartir, cómo tratarnos los unos a los otros con más respeto, cómo arreglar la forma en que vivimos. Tal vez no seamos capaces de detener este consumo, pero podemos modificar la manera en que lo hacemos. Y si pensamos de esta manera, tal vez podamos empezar a hacer los cambios que marcarán la diferencia.

Para mi nueva película, Human, estoy hablando directamente con la gente sobre su pobreza, sus vidas, la discriminación que sufren. Escuchar sus historias es una experiencia muy fuerte. Oírlas cara a cara, en lugar de hacerlo a través de un intermediario, es muy impactante.

Un hombre en Afganistán que había perdido ambas piernas por la explosión de una mina habló conmigo. Me dijo: "¿Crees que el hombre que inventó esta mina, el que la construyó, pensó en mí, en mi familia, en lo que nos había hecho?". Estaba hablando sobre la responsabilidad de nuestras acciones. De nuestros actos. Todos necesitamos ser conscientes de que somos responsables del daño que estamos infligiendo. Somos responsables del legado que estamos dejando a nuestros hijos.

Las nieves desaparecidas del Kilimandjaro, Tanzania. ampliar foto
Las nieves desaparecidas del Kilimandjaro, Tanzania.

Hemos perdido la confianza en nuestros líderes; ha cundido una enfermedad, un malestar, una falta de confianza en lo que somos capaces de conseguir. Pero necesitamos conectar con nuestros políticos de la misma manera que aquel hombre afgano conectó conmigo, con un mensaje directo que les dé la fuerza y la legitimidad que necesitan para actuar.

Hay maneras de hacer esto. Una de ellas es la iniciativa puesta en marcha por Naciones Unidas con la encuesta mundial ‘Mi Mundo’ (My World), que pregunta a gente corriente de todo el planeta qué necesitan para tener una vida mejor, en un momento en el que está formulando una nueva agenda para luchar contra la extrema pobreza.

Al igual que mi propio proyecto 7.000 millones de otros, la encuesta Mi Mundo está preguntando a la gente común cuáles son sus prioridades y necesidades para una vida mejor. Sus respuestas deberán estar en el centro de un nuevo conjunto de objetivos que reemplazarán los actuales Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por una vez, los ciudadanos podrán orientar la política, no solo los líderes.

Esta nueva a agenda de desarrollo es nuestra oportunidad para combinar la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza; la educación y las tecnologías limpias; el agua potable y los sistemas de saneamiento, en una gran campaña que permita salvar tanto al planeta como a las personas. Ambos no pueden estar separados. No podemos trabajar en uno en lugar del otro. El Día de la Tierra ya no es solo para salvar el planeta, sino también a la gente.

El fotógrafo, director de cine y ecologista francés Yann Arthus Bertrand, autor de El mundo visto desde el cielo, es presidente de la Fundación GoodPlanet y actualmente está trabajando en su última película, que se publicará el año que viene. También es embajador de buena voluntad para el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.