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EDITORIAL

Periodismo valiente

El premio Pulitzer a las exclusivas del ‘caso Snowden’ reivindica el papel de control de la prensa

En un momento en que el periodismo afronta graves dificultades por los cambios culturales y las transformaciones que está sufriendo el modelo industrial que lo sustenta, la concesión del Premio Pulitzer a los diarios The Guardian y The Washington Post por las exclusivas sobre el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos constituye una muy oportuna y saludable reivindicación del buen periodismo. Se ha premiado la valentía de un tipo de trabajo comprometido con su principal cometido: ofrecer a la ciudadanía información veraz y contrastada y ejercer la vigilancia del poder desde el rigor y la independencia.

El jurado ha tenido en cuenta el origen y las circuntancias que han rodeado esas exclusivas, y es significativo que haya decidido premiarlas pese a que la principal fuente, el exagente de la NSA Edward Snowden, se encuentra prófugo y refugiado en Moscú tras haber sido acusado en su país de traición y espionaje. No se había premiado un trabajo basado en una filtración desde la publicación en 1971 por el diario The New York Times de los llamados Papeles del Pentágono, que demostraron que el Gobierno norteamericano había engañado reiteradamente a los ciudadanos sobre la guerra de Vietnam. En el caso de las filtraciones de Snowden, el jurado destaca que el trabajo periodístico de investigación ha permitido abrir “un debate sobre la relación entre el Gobierno y los ciudadanos en asuntos de seguridad y privacidad”. Ello ha sido posible gracias a la valentía de la fuente y al trabajo de verificación y seguimiento realizado por los medios premiados. La intervención de un periodismo profesionalmente responsable es lo que garantiza la fiabilidad de las noticias. Venga de donde venga la información, solo un periodismo comprometido con la verdad ofrece las garantías informativas que requiere el buen funcionamieno de la democracia.

Las filtraciones de Snowden pusieron de relieve hasta qué punto la esfera privada las personas, incluida la de los más altos mandatarios, es vulnerable frente al uso perverso de unas tecnologías que permiten escudriñar cualquier tipo de comunicación. En esta sociedad en que los más enconados conflictos se dirimen a menudo en la parte oculta del entramado político y económico y el poder sucumbe con frecuencia a la tentación de traspasar toda clase de líneas rojas para lograr sus objetivos, es muy importante que la prensa ejerza con decisión su función de control.

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