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Pero, ¿de verdad alguien es capaz de 'leer en diagonal'?

Una nueva y popular aplicación para móviles asegura poder enseñar a leer novelas en cuatro horas. ¿De verdad queremos leer tan rápido?

No porque el actor Lionel Stander hiciera esto con un libro en 1942 hay que llegar a la conclusión de que esto lleva a alguna parte
No porque el actor Lionel Stander hiciera esto con un libro en 1942 hay que llegar a la conclusión de que esto lleva a alguna parte Getty

Una de las aplicaciones más sonadas en llegar a móviles, tabletas y ordenadores es un invento llamado Spritz y ofrece, según sus responsables, la posibilidad de leer Harry Potter y la piedra filosofal en 77 minutos (menos de lo que otra gente invierte en ver un partido de fútbol y menos de la mitad de lo que dura la película) y toda la Biblia en 13 horas. Y, si bien no gozar de ellas, al menos comprender el mensaje. ¿Una primera cita te pregunta qué tal Por el camino de Swann? Antes de caer en el ridículo respondiendo que te encantó esa localidad centroeuropea y las viandas que ofrecían sus bares, una breve visita al baño podría devolverte a la mesa pidiendo una magdalena para mojarla en té y proceder a elogiar el ingenio de algunos de los pasajes. Si con una lectura convencional (y concentradísima) podríamos alcanzar las 250 palabras por minuto, Spritz promete cubrir pasajes que abarquen entre 600 y 1.000. Eso, al menos, dicen sus creadores. Que todos podemos ser el descarriado robot Johnny 5 de Cotocircuito, que se ventilaba libros en segundos.

En competiciones mundiales, los mejores concursantes llegan a las 2.000 palabras por minuto entendiendo la mitad del contenido

El truco de esta aplicación es ahorrar el movimiento ocular haciendo que las palabras aparezcan una detrás de otra en la misma caja. También optimiza la capacidad de deducir a partir de palabras clave el resto de la melé de términos, preposiciones o adjetivos que la rodean (es decir, aniquila el estilo;  “forma absoluta de ver las cosas”, según el escritor francés Gustav Flaubert). La aplicación amplía con un zoom la palabra crucial y dentro de ésta, la letra clave con la que la podríamos identificar. Y luego otra. Y otra. Muy rápido. Más rápido. Además, ahorra la subvocalización (esa vocecita interior que oímos incluso aunque estemos leyendo en silencio).

El invento, de hecho, se presenta como una renovación de los hábitos de lectura. No sólo sirve para esos mails marcados con un Leer luego, sino que se podría emplear, según sus responsables, incluso para obras literarias. O al menos para saber si éstas nos interesan.

¿Quér utilidad tiene una sociedad superacelerada en la que interesa más haber dicho que se ha leído algo que haberlo disfrutado de verdad?

Opciones como esta plantean al menos diversos debates: ¿sería especialmente útil en una sociedad superacelerada en la que casi interesa más haber dicho que se ha visto o leído algo que haberlo disfrutado realmente? ¿Serviría, al menos, para poder gestionar la cantidad de información escrita que se agolpa en nuestras pantallas?¿Se puede leer, en definitva, de esa manera fantástica e inalcanzable que muchos profesionales aseguran tener para escepticismo de otro bando llamada en diagonal?

El silencio de las bibliotecas

No siempre hemos leído del mismo modo. San Agustín mostraba en sus Confesiones, del siglo IV, cierta perplejidad cuando vio a Ambrosio leyendo encerrado en el mutismo (“su voz permanecía en silencio y su lengua, estática”). Spritz pretende, dicen, llevar esa evolución un paso más allá. Un nuevo salto en la larga tradición que busca el fomento de la lectura ultraveloz y que arrancó cuando una profesora de escuela llamada Evelyn Nielsen Wood creó en los cincuenta un sistema que permitía alcanzar hasta las 6.000 palabras por minuto mediante el uso de dedos, punteros y otras técnicas. La maestra incluso ofrecía cursos de lectura rauda (llegó a contar con 150 centros que lo impartían) a los que se apuntaron celebridades como John Fitzgerald Kennedy.

“En el mundo editorial la lectura en diagonal puede ser interesante para tener una primera idea del texto. Para decidir si se quiere publicar o no es necesaria una lectura atenta y crítica”.

-Luis Solano, responsable de Libros del Asteroide.

En competiciones como la World Championship Speed Reading Competition, los mejores concursantes llegan hasta las 2.000 palabras por minuto entendiendo aproximadamente la mitad. Spritz promete acercarse a esas cifras comprendiendo todo. (O casi todo. El lingüista de la Universidad de Massachusetts Keith Rayner, por ejemplo, explica que uno no necesita el mismo tiempo para comprender cada una de las palabras que la aplicación va colocando ante los ojos del lector.)

La opinión de los editores

Poca gente conoce mejor las ventajas y defectos de la lectura apresurada que los editores literarios, que deben decidir si un texto les interesa sin invertir en él días y días. “En el mundo editorial la lectura en diagonal puede ser interesante para tener una primera idea del texto, para decidir, por ejemplo, si aquel manuscrito que se ha recibido merece ser leído”, apunta Luis Solano, responsable de Libros del Asteroide. "Para decidir si se quiere publicar o no es necesaria una lectura atenta y crítica”, matiza.

Ana S. Pareja, la mirada detrás de los libros de Alpha Decay, prefiere una lectura tranquila, pero por razones profesionales debe leer en diagonal: “Cuando decido echar un vistazo rápido a un manuscrito empiezo leyendo todas las frases durante la primera página, si logra mantener mi interés, leo en diagonal unas cuantas páginas más antes de decidir si pasará a lectura completa”. Jan Martí, de Blackie Books, prefiere no hacerlo ni siquiera con esa finalidad meramente instrumental: “Prefiero hacer una lectura salteada, leer trocitos… Una mente entrenada acaba fijándose en lo importante y acabas construyendo la trama sin dificultad. Pero lo que más me interesa al principio no es eso, sino el tono”. Elena Ramírez, editora de Seix Barral, también desvela su técnica: “Yo suelo leer 10 o 15 páginas completas e intercalar partes de lectura en diagonal para ver avances de trama, con catas de 10 o 15 paginas completas intercaladas”.

El futuro no está aquí

Estos profesionales no le ven un futuro esplendoroso a aplicaciones como ésta. Tampoco encajan estas noticias con júbilo. “No entiendo por qué surgen, si no es para un entorno profesional, para una lectura de criba. Si se trata de una lectura personal, o leo... o sencillamente no sigo leyendo”, subraya Ramírez. Pareja explora con voz firme todas sus posibles utilidades: “Si el objetivo de alguien es ahorrar tiempo mientras lee una novela, que no lea. Si el objetivo de esta aplicación es conseguir que la gente ahorre tiempo leyendo artículos estúpidos de Internet, emails o spam innecesarios, que no los lean. Si el objetivo de esta aplicación es conseguir que las personas ahorren tiempo cuando tienen que leer libros o artículos por exigencia laboral o por obligación, me parece un asunto peliagudo. ¿Cómo va a garantizarse la comprensión total de un texto que ha pasado por el filtro de la aplicación?”. Pareja especula con una posibilidad más excitante: una aplicación que filtrara “el contenido importante de un texto, y no sólo permitírnoslo leer a gran velocidad”. “Pero estas aplicaciones parecen no estar aún a nuestro alcance”, admite.

Solano defiende un sector libre de propuestas demasiado visionarias y orwellianas: “Creo que la lectura y la escritura son de las pocas cosas en las que las máquinas no pueden sustituir al ser humano”. Martí apuesta directamente por la aparente involución en algunos ámbitos: “Hay muchísimas aplicaciones que sirven para cubrir necesidades a veces ficticias: nosotros publicamos el Kakebo, un libro de cuentas de inspiración japonesa, que ya existía en aplicación. Pero precisamente hacerlo en papel, con el tiempo de dedicación y reflexión que eso implica, es lo que lo hace mucho más útil y efectivo que la app. A lo mejor hay que desacelerar otra vez algunos procesos y dejar que las apps se ocupen de otras cosas”.

“Para que una aplicación como Spritz funcionara debería calibrar la comprensión lectora de cada persona. Para que fuese fiable tendría que existir una aplicación distinta por cada lector", enuncia Pareja. "¿De verdad necesitamos eso?".

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