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La lucha por la dignidad de los Baka

Familia baka al completo: la población baka suele tener una alta tasa de natalidad. Muchos de los miembros de la familia no tienen más de quince años. Niños y mujeres esperan a que los hombres vuelvan de caza.
Familia baka al completo: la población baka suele tener una alta tasa de natalidad. Muchos de los miembros de la familia no tienen más de quince años. Niños y mujeres esperan a que los hombres vuelvan de caza.

Autora invitada: María Martín

Habituados a vivir en la profundidad de la selvas, las comunidades pigmeas baka se enfrentan a un proceso de sedentarización y luchan por conseguir su integración en la sociedad y recuperar su futuro.

En Camerún no existe un censo oficial sobre la población pigmea baka del país ni tienen una representación en el gobierno nacional ni en los gobiernos regionales y locales. Según el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, alrededor de 60.000 pigmeos baka se reparten entre la República Democrática del Congo, el norte de Gabón y la República Centroafricana, y 5.000 de ellos se encuentran en el sur de las selvas de Camerún. Considerados una de las etnias más antigüas, vivían de la caza durante la época seca y de la recolección de nueces, frutas y animales durante la época de lluvias. Sin embargo, la deforestación provocada por las industrias de explotación forestal y minera así como la preservación de las áreas protegidas le ha forzado a una sedentarización como única alternativa de subsistencia al no poder continuar con su forma tradicional de vida.

Los baka se resisten a abandonar la selva de donde provienen, su hogar. Viven en mungulus, chozas construidas con hojas y troncos de palmera de una sola puerta por donde entra la única fuente de luz natural, y una sola habitación que puede llegar a acoger a familias de hasta 15 miembros. Continúan dedicándose a la recolección, pero la actividad de caza se ha visto reducida a animales pequeños ya que está considerada una práctica ilegal por el gobierno como medida para proteger las reservas naturales. Por ello, los baka trabajan las tierras de los bantú, una de las etnias tribales mayoritarias del país, a cambio de un sueldo mínimo o un plato de comida. En los últimos años se ha establecido una relación de jerarquía que les relega a una situación de semiesclavitud de los bantús, quienes a menudo se aprovechan de su falta de dignidad y derechos al considerarles seres inferiores.

Pese a que el gobierno comenzó en 1950 una política de integración para los baka dentro de la economía moderna, esta integración ha quedado asumida por las organizaciones sociales, quienes luchan por el reconocimiento de los derechos de esta población marginada por completo del sistema social y político camerunés. “Estas comunidades sufren un alto índice de malnutrición y de mortalidad infantil. Hace diez años, el 50% de los niños de los campamentos pigmeos morían al nacer y muchas de sus madres también”, relata María Rebollo, doctora especialista en enfermedades tropicales y presidenta de Zerca y Lejos (ZyL), una de las organizaciones que trabaja por conseguir la integración de los pigmeos baka en la sociedad camerunesa a través de una plan de desarrollo integral.


La exclusión social va ligada a problemas en educación y sanidad, derechos fundamentales pero costosos para la población baka. “Muchas de estas comunidades no tienen acceso a ningún tipo sanidad ya que no pueden hacer frente al sistema de pago camerunés ni desplazarse 50 kilómetros para ir al médico. En cuanto a la educación, aunque en teoría es gratuita, en la práctica los padres deben pagar el material escolar y el uniforme, unos gastos que pueden alcanzar los 30 euros de presupuesto al mes y que estas familias no tienen capacidad de costear”, asegura Rebollo.

El subdepartamento de Bengbis, situado en la región sur de Camerún, está experimentando un cambio estructural en los últimos años. Los bantú acuden a una clínica dental donde les atiende un higienista de etnia baka, y los niños reciben clases de un profesor pigmeo. La vida de Joseph es un ejemplo de esta transformación. Hace diez años fue uno de los ocho primeros alumnos educados en el hogar infantil del pueblo de Adjolí, creado para proporcionar educación primaria a niños pigmeos baka y bantús huérfanos de padres. Ahora y desde hace dos años Joseph ejerce como profesor de preescolar en una aldea baka de la misma región.

Esta integración sólo ha sido posible otorgando a los pigmeos la confianza necesaria para que vuelvan a creer en sí mismos y apostando por la educación como motor del cambio. “Nos sentimos orgullosos de que nuestra hija pueda estudiar, aunque a los habitantes del pueblo vecino no les agrada la idea”, explica la madre de Chaved, de 14 años, una de las alumnas baka del hogar infantil de Adjolí. La educación que reciba Chaved le otorgará el derecho a decidir sobre su futuro, sin que tenga que estar ligado al servicio de los bantú.

Hombre frente a la entrada del poblado. El tiempo en el poblado baka de Kaoua transcurre con calma. El hombre de la imagen intenta sin éxito encencer una llama de fuego con dos piedras.

La ONG Zerca y Lejos ha emprendido junto al gobierno local una estrategia de salud móvil que permite el acceso sanitario de estas 65 comunidades, pero también ha promovido proyectos de integración como la otorgación de tierras a las comunidades pigmeas. “Al trabajar su propia tierra se sienten orgullosos de su pueblo”, explica Rebollo. Esto ha provocado un cambio en las relaciones entre los baka y los bantú. “Ahora mantienen unas relaciones de igual a igual ya que gozan de las mismas condiciones higiénicas y sanitarias que les hace aumentar su dignidad como seres humanos”, asegura la portavoz.

Sin estos derechos básicos los pigmeos baka no tienen la posibilidad de elegir el destino de sus vidas, lo que les lleva a vivir en la pobreza absoluta. “Si esta situación se hubiera perpetuado seguramente hubieran acabado entrando en una situación de miseria que lleva consigo ligada problemas como el alcoholismo, el círculo del SIDA, la prostitución infantil o la violencia doméstica”, asegura la presidenta de ZyL.

Sin embargo, los alumnos de Joseph tendrán la oportunidad de decidir sobre su futuro, un hecho que cambiará la historia del país, ya que, como afirma María Rebollo, “muchos de ellos serán médicos, higienistas o profesores. Siempre continuarán perpetuando la tradición cultural como pueblo baka, su música y sus costumbres, pero ahora además pueden trabajar sus propias tierras, tener derecho a la salud y educación y convertirse en líderes de sus propios pueblos”, asegura la portavoz de la ONG.

Comentarios

Gracias a estos artículos podemos hacernos una mínima idea de como viven en esos países y conocer el trabajo de esas pequeñas ONG que hacen un trabajo increíble. Muy bueno
Gracias a estos artículos podemos hacernos una mínima idea de como viven en esos países y conocer el trabajo de esas pequeñas ONG que hacen un trabajo increíble. Muy bueno