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La hija de Uderzo quiere su parte de la poción mágica

En una batalla familiar que dura años, el padre de Astérix ha demandado ahora a su heredera por “violencia psicológica”.

Mientras el dibujante asegura que vive en un “infierno”, su única hija y su yerno acusan a su entorno más cercano de abusar de él

Albert Uderzo junto a la hija del coocreador de Ástérix, Anne Goscinny, y su única hija y heredera, Sylvie (derecha), en 2005.
Albert Uderzo junto a la hija del coocreador de Ástérix, Anne Goscinny, y su única hija y heredera, Sylvie (derecha), en 2005.

Albert Uderzo acaba de festejar sus 60 años de matrimonio y de supervisar el exitoso traspaso a sus nuevos autores del personaje que creó hace más de 50 años junto a René Goscinny, el famoso Astérix. A sus 86 años, el hijo de inmigrantes italianos que ha hecho fortuna con el cómic más vendido del mundo —más de 300 millones de álbumes— se imaginaba disfrutando de una jubilación tranquila, dando rienda suelta a su pasión por los bólidos y jugando con sus nietos. Pero Uderzo vive desde hace tiempo una verdadera pesadilla en forma de batalla judicial con su hija única, a la que acaba de demandar por “violencia psicológica”. Sylvie Uderzo, por su parte, acusa al entorno de sus padres de aprovecharse de ellos, mientras sus progenitores culpan de la disputa a su yerno, al que ellos llaman “el gurú” y del que sospechan que quiere hacerse con su patrimonio, valorado en más de 30 millones de euros.

“Todos estos años me he callado, pero he decidido romper el silencio”, explicó el dibujante a principios de esta semana, al referirse al “infierno” vivido desde que a principios de 2011 su hija presentara una demanda abierta por un “abuso de debilidad” del que sería víctima su padre desde su círculo más cercano. Habitualmente discretos sobre su vida privada, Albert Uderzo y su esposa, Ada, también octogenaria, decidieron convocar a la prensa en su vivienda de Neuilly, en la periferia elegante de París, para explicar el calvario que les ha llevado ahora a demandar a su hija y a su yerno por “violencia psicológica”. “Hemos llegado a preguntarnos si todo este acoso judicial no estaba destinado a acelerar nuestro final…”, explicó el artista desde el salón de su casa, entre dibujos y acompañado por sus abogados. Junto a él se encontraba su mujer, que aguantaba las lágrimas a duras penas cuando Uderzo recordaba que tuvieron que celebrar su aniversario de boda a principios de septiembre sin su hija ni sus dos nietos, a los que han visto tres veces en los últimos cinco años. “Creo que en mi tumba grabaré lo siguiente: ‘Bueno y tonto a la vez”.

Creo que en mi tumba grabaré: "Bueno y tonto a la vez", lamenta el ilustrador

Uderzo recordó que fue “generoso” con su hija, a la que contrató como directora general de la editorial Albert René, creada con Anne Goscinny, hija del guionista original y cocreador de Astérix, tras el fallecimiento de este último en 1977, para gestionar todo lo relacionado con el famoso personaje galés. Le cedió el 40% de las participaciones en la empresa, el mismo porcentaje que se reservó para él, mientras que el 20% restante quedó en manos de Anne Goscinny. A petición de su hija, Uderzo contrató a su yerno, Bernard de Choisy, para llevar la comunicación como colaborador externo.

Hasta que en 2007 el ilustrador decidió separarse de Choisy, al considerar exageradas sus facturaciones y convencido de que quería hacerse con la empresa. “Le han oído decir: ‘De todas formas, ya me quedaré con la pasta”, explicó Uderzo a la radio France Info. Su hija Sylvie defendió a su esposo y a los seis meses, tras una fuerte discusión, su padre también la despidió. Las tensiones entre el matrimonio y el padre se habían cristalizado en torno a la negociación de la venta de sus acciones al gran grupo editorial Hachette que se materializó a finales de 2008. En un principio, Sylvie se negó a ceder su parte, aunque tiempo después accedió a la operación por un total de 13 millones de euros.

Durante esos años empezó la batalla judicial. La hija demandó primero a su padre por despido improcedente, una disputa que se saldó con una indemnización de 270.000 euros para Sylvie y el pago de 200.000 euros en facturas atrasadas para la empresa de Bernard de Choisy. Pero el golpe más duro llegó en febrero de 2011, cuando hija y yerno presentaron la demanda por “abuso de debilidad”, denunciando la influencia de los consejeros de Albert Uderzo. Este fue el inicio de una larga investigación todavía en curso, aunque la fiscalía ha pedido que el caso sea desestimado.

Para Uderzo, la gota que colmó el vaso fue la última iniciativa judicial de su hija. En octubre, coincidiendo con la publicación del primer número de Astérix de la mano de sus nuevos autores, Sylvie Uderzo volvió a la carga. Demandó al excontable de su padre, muy crítico con ella y su marido, por “falso testimonio” en el marco de la investigación abierta por la brigada financiera. “No se trata de dinero. Vivo muy bien, no tengo problemas de existencia. Simplemente estoy protegiendo a mis padres de los cuervos que tienen alrededor”, reaccionó el pasado miércoles Sylvie en la radio Europe1. “Nunca he pretendido que mi padre sufriera de demencia”, pero “a cierta edad uno puede ser manipulado por hombres con corbata”, añadió. “La violencia psicológica fui yo la primera en sufrirla. Me echaron como a una indeseada”, sentenció.

La investigación de la brigada financiera concluyó en efecto que Sylvie y su esposo lograron, solo entre 2001 y 2006, unos ingresos globales de 2,2 millones de euros de la editorial, según filtró la revista L’Express. La misma brigada cifró la fortuna de Albert Uderzo en unos 32 millones de euros, incluyendo su mansión de Neuilly —valorada en siete millones— y un par de propiedades en Bretaña, tres Ferrari —la mayor pasión del autor y dibujante— e incluso un avión de caza Mirage III, según otra información de la misma revista. A esto se suman las planchas originales de Astérix, que podrían triplicar el valor total.

El abogado del matrimonio indicó que la demanda por violencia psicológica, que podría desembocar en un juicio el año que viene, era una forma de demostrar a Sylvie y a su marido que no iban a “arrugarse”. Para Uderzo parecía también una necesidad de demostrar que no era el abuelo gaga que algunos retratan. Quizá también una forma de enseñarle a su hija, con la que ya no puede hablar más que a través de sus abogados, lo que su padre y madre están sufriendo. Los mismos investigadores concluyeron que “ningún elemento reveló abuso de debilidad del que hubieran sido víctimas Albert o Ada Uderzo, quienes, sin embargo, sufren enormemente de la separación con su hija y sus nietos”.

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