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CARTAS AL DIRECTOR

Que le zumben los oídos

Hay consenso científico y social: hay que protegerlas porque con ellas nos va la vida. En Londres, por ejemplo, se habla de su valor a las niñas y niños de 5.000 escuelas. En San Francisco, Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos, por la presión ciudadana, han autorizado su crianza en las azoteas. Y en París ya hay más de 400 colmenas en balcones, terrazas e incluso se produce miel sobre la azotea de la Ópera.

Pero aquí el ministerio del señor Cañete acaba de autorizar el uso de dos insecticidas que —confirmado— provocan la muerte de las abejas.

Andan tan desorientados como desorientadas vuelan las envenenadas abejas.— Gustavo Duch Guillot. Revista Soberanía Alimentaria.

 

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