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Maradona, las drogas y el Papa

El astro argentino regresa a Italia orgulloso de haber abandonado hace 10 años las drogas y bromeando con imitar a Francisco

Maradona y su novia, a su llegada a Milán.
Maradona y su novia, a su llegada a Milán. EFE

"Y ahora, ¿Diego, qué te gustaría ser?" Ni un segundo después, la respuesta: "El Papa". Diego Armando Maradona, a sus 53 años, sigue siendo el mismo. Sin pelos en la lengua, sin filtros, sin frenos, polémico y burlón. Este viernes estaba en Milán, en la sede del periódico más vendido del país, La Gazzetta dello Sport. Presentaba a una colección de DVDs dedicados a sus fabulosas hazañas en la cancha y a su existencia fuera de lo normal, entre éxito, lujo, droga, acusaciones de evasión fiscal, varias relaciones e hijos. El titular elegido encierra el espíritu del personaje: "Nunca seré un hombre común".

Hacía ocho meses que el Pelusa no pisaba su dorado pie en tierra italiana, debido a algunos problemas con Hacienda. Sin embargo, los tifosi siguen amándole. En la sala eran más los forofos del Napolés que los periodistas llegados para cubrir el retorno a casa del hijo pródigo. En la ciudad se le adora como una especie de divinidad: sus imágenes siguen colgando de las paredes en los hogares, en los bares, al lado de las vírgenes, de los Santos o del presidente de la República, en los lugares más institucionales. Apareció vestido con mono oscuro y gafas de sol,  cadena al cuello y con una hora de retraso. Quien esperaba no perdió ni una pizca de entusiasmo: en los vídeos emitidos por la cadena Sky Sport se escuchan coros y vítores para el nunca olvidado campeón: "Quien ama no olvida", comentó él.

Llegó igual que como se lo recordaba: sincero, nada diplomático, chistoso hasta el límite. Así contestó riéndose a la pregunta sobre sus planes para el futuro y su deseo de ser Papa. Y arrancó la enésima ovación de la audiencia. "Es que creo que conmigo en la cancha, Francisco se volvería tifoso del Napoli. Es un hombre inteligente". Luego se volvió serio y desgranó una respuesta más formal: "Me gustaría entrenar el Napoli después de Benítez".

Antes de terminar una confesión sobre su relación con las drogas. "En cuatro meses, celebro 10 años sin tocar nada", dijo orgulloso. "Caí en una trampa, rasqué el fondo, hice llorar a mi madre y a mis hijas. Por eso os digo: no probéis nunca esta terrible experiencia".

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