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Boston pone el contrapunto al humor de Obama en la cena de corresponsales

El presidente de EE UU restó seriedad a la atmósfera de Washington en un evento que reúne a la prensa, los políticos y las estrellas de Hollywood

El presidente de EE UU durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Ver fotogalería
El presidente de EE UU durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca. AFP

Barack Obama volvió a hacer gala este sábado por la noche, durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca, de sus dotes para el humor. En el acontecimiento social por excelencia de Washington, que cada año reúne en el hotel Hilton a los periodistas que cubren la información de la Casa Blanca con políticos, actores, músicos y deportistas, el presidente de Estados Unidos sacó a relucir su alter ego cómico, sin olvidar a las víctimas del atentado del maratón de Boston y de la explosión en Texas, cuya trágica sombra planeó sobre la gala.

“Los días pasados han sido difíciles pero incluso en los días más oscuros hemos visto brillar la humanidad con mayor intensidad”, reconoció Obama. Ante un público formado en buena parte por periodistas, el presidente destacó la importancia de los medios de comunicación a la hora transmitir la información de tragedias como la de Boston o West. “Quien crea que los periódicos son una cosa del pasado, sólo tiene que repasar lo que ha hecho estos días The Boston Globe”, aseguró Obama.

Los acontecimientos de las últimas semanas en el país -el atentado del maratón en Boston, la explosión en una fábrica de químicos en West, Texas, la derrota en el Senado de su apuesta legal para el control de armas, la confirmación del uso de armas químicas en Siria- habían mostrado al Obama más circunspecto y grave de los últimos meses. Pero la cena de corresponsales es un evento en el que prima la distensión y el humor, dos condiciones que el presidente maneja con soltura.

En su intervención, Obama restó seriedad al encorsetamiento de la atmósfera política de Washington. Comenzó haciendo alusión al controvertido viaje de Jay-Z y Beyoncé a Cuba. “Tengo 99 problemas, uno de ellos es Jay-Z”, bromeó. Aludió a los millones que desembolsó el magnate de los casinos, Sheldon Adelson, en contra de su candidatura en las pasadas elecciones -“Podría haberme dado a mí los 100 millones de dólares directamente para que me retirara”- e ironizó con el secuestro, el drástico recorte del gasto público que entró en vigor el 1 de marzo ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo entre republicanos y demócratas para evitarlo. “Los republicanos amaban al secuestro y ahora lo odian, parecen estar atascados en una canción de Taylor Swift”.

Un montaje de Obama con el flequillo de su esposa, Michelle Obama, una de las bromas del presidente en la cena de corrresponsales.
Un montaje de Obama con el flequillo de su esposa, Michelle Obama, una de las bromas del presidente en la cena de corrresponsales.

El presidente también se rió de sí mismo. "Me miro en el espejo y ya no veo al socialista musulmán que solía ser", comenzó Obama. Después mostró un montaje fotográfico de su cara con el nuevo flequillo de su mujer, Michelle. “Para dar aire fresco a mi segundo mandato decidimos echar mano de alguno de los trucos de Michelle”, explicó. Y, más adelante, con un vídeo del making off de la película sobre Barack Obama en la que su director Steven Spielberg, presente en la cena, comentaba cómo había llegado a la conclusión de que el mejor intérprete para hacer del presidente era Daniel Day-Lewis. En el montaje el propio Obama hace de Day-Lewis ensayando para meterse en la piel de Obama.

En la cena de corresponsales existe una pugna silenciosa entre el discurso del presidente y el del anfitrión, un cómico de prestigio. Este año le correspondió la difícil tarea de responder al monólogo de Obama a Conan O’Brien quien ya dio la réplica a Bill Clinton en 1995. En su intervención, O’Brien bromeó sobre los diferentes canales de información, aludiendo también a la mala situación por la que atraviesa la prensa escrita. “La única razón por la están aquí es para encontrar cobijo y comida”. El cómico también ironizó sobre la situación política en Washington. O’Brien aseguró que dentro de unos años tendría que hacer su discurso en español para saludar al presidente “Mario López”. “Hay más afroamericanos en el Capitolio que en un concierto de Mumford & Sons”, bromeó.

La presencia de entre las mesas de invitados de los miembros de Hollywood contribuye a relajar la formalidad en esa rara ecuación que integran por una noche políticos, periodistas y estrellas del espectáculo.

Me miro en el espejo y ya no veo al socialista musulmán que solía ser"

Barack Obama

La introducción a los discursos estrella de la noche, un montaje que tenía como protagonista a Kevin Spacey, o mejor dicho, a su alter ego en House of Cards, Francis Underwood, ilustrando con humor la complicada tarea de decidir los invitados a la cena –le corresponde elegirlos a los medios de comunicación acreditados en la Casa Blanca- marcó el tono distendido de la gala. En el vídeo intervinieron Valerie Jarret, la asesora mas cercana al presidente, Jay Carney, el portavoz de la Casa Blanca, el senador republicano, Jon McCain, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, o el veterano periodista, Charlie Rose, en un ejemplo de la comunión entre Hollywood y el Capitolio, que se evidenció en los comensales que asistieron a la gala

Entre los invitados famosos, además de la mayoría del reparto de House of Cards, que recrea los entresijos más oscuros del Congreso, se encontraba parte del elenco de otras series que también se inspiran en la vida política de Washington. (Claire Danes, protagonista de Homeland, o Tony Goldwyn, que encarna al presidente de EE UU en la serie Scandal).

Entre los 2.700 invitados a la cena se pudo ver al gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, charlar con la responsable de Huffington Post, Arianna Huffington, y con el cantante Bon Jovi. Al actor Gerald Butler brindando con el expresidente de la Cámara de Representantes y excandidato a la presidencia, Newt Gingrich, o a Bradley Cooper posando, paciente, con los políticos que hacían cola para fotografiarse con él.

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