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Hoeness el virtuoso

La evasión suiza de Uli ha roto el corazón de la canciller

Hoeness el virtuoso

El partido de fútbol en la cumbre Bayern Munich-Barcelona cuenta con una estrella inesperada. El presidente del club muniqués, Uli Hoeness, debelador de los zánganos del sur de Europa que viven del dinero alemán (“les damos dinero para que salgan de la mierda y no son capaces de pagar a Hacienda”, dijo refiriéndose a los clubs españoles), está siendo investigado por evasión fiscal. El campeón de la austeridad, el trabajo duro y el juego limpio, tiene un modesto capital oculto en Suiza, calculado en unos 20 millones, acumulado en parte, dicen los diarios alemanes, por su privilegiada relación con Adidas, accionista del Bayern y suministrador del equipo deportivo del club. Merkeliano fervoroso, la conexión suiza de Uli ha roto el corazón de la canciller. “Alemania se siente decepcionada con esta actitud”, proclamó muy serio el portavoz de frau Merkel. La imagen del ídolo de la pureza deportiva y abroncador de vagos y maleantes ha saltado en pedazos.

Pero lo chocante es que Uli ha reaccionado al escándalo como un corrupto español de pura cepa. Nada de autocríticas, arrepentimiento o dolor de contrición. Reconoce sin rubor las cuentas suizas, como un Bárcenas cualquiera, amenaza con pleitos a quien difunda noticias falsas sobre él, en las ruedas de prensa de los jugadores no se puede preguntar sobre el caso y el concernido adelanta que se retirará al campo para “pensar en todo lo que está sucediendo a su alrededor”. Táctica de reflexión imitada de Arturo Fernández, todavía presidente de la CEIM. Como distracción final, muy hispana, esa verónica de pensar lo que sucede a su alrededor. Como si no fuera con él. Eso sí, está dispuesto a pagar, actitud inédita entre los evasores españoles.

Igual que el homicida de El vampiro de Dusseldorf de su compatriota Lang llevaba marcada en la espalda la M de mörder (asesino), Uli, por sus latosos sermones y su chulesca condescendencia hacia el sur europeo, más que por la magnitud de su falta, debería portar la S de Evasor (Steurhinterzier) o la H de Hipócrita. El maestro Ambrose Bierce lo dejó dicho: hipócrita es “el que profesando virtudes que no respeta se asegura la ventaja de parecer lo que desprecia”. El presidente del Bayern lo tiene asegurado.

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