La Iglesia de cristal
Los que viven en casas de cristal, no deben tirar piedras. Es una frase enigmática. Si no eres todopoderoso, no te arriesgues a criticar porque pueden destruirte a ti también.
Las instituciones deberían tener paredes de cristal. Lo esencial es que el vidrio esté limpio y deje pasar la luz, para que todos veamos lo que pasa en su interior. Lo que ha ocurrido al interior de la Iglesia católica, no puede volver a suceder. Los cotos privados de poder absoluto de los que ha disfrutado, utilizados para poner más allá de la justicia humana a verdaderos criminales, la deferencia de las demás autoridades e instituciones hacia un ámbito que se antojaba sagrado y el secretismo de la mayoría de sus actuaciones, condujo al abismo y a un, como decían en castellano antiguo, sindiós.
Es el momento. La oportunidad de renovación de la Iglesia católica es ahora, infinita y la pintan calva. Es el momento de un Concilio Vaticano III que derrumbe los viejos e inexpugnables muros y levante fuertes paredes de cristal.— Luis Peraza Parga. Kansas City, Misuri (Estados Unidos).


























































