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La monarquía irreal de Peter y Harry Brant

Dos adolescentes neoyorquinos son señalados como príncipes en un país sin títulos nobiliarios

Hijos de un magnate de las revistas y de una supermodelo, Stephanie Seymour, su estilo de vida hedonista y apabullantemente lujoso haría palidecer al guionista más osado de 'Gossip girl'

Los hermanos Peter (izquierda) y Harry Brant, en Greenwich (Connecticut), donde se han criado. Ampliar foto
Los hermanos Peter (izquierda) y Harry Brant, en Greenwich (Connecticut), donde se han criado. CORDON PRESS

Si unos problemas de última hora con las invitaciones no se lo hubieran impedido, Peter Brant II se hubiera plantado en la gala anual del Metropolitan Museum of Art, uno de los principales saraos de la jet set neoyorquina, en un Rolls-Royce plateado y acompañado por una cría de pantera ataviada con un collar de diamantes. “¿Qué puede haber mejor que crías de animales exóticas y diamantes?”, se maravillaba, el septiembre pasado, para Vanity Fair este chaval menudo de 18 años y rasgos de efebo. La idea era que con él fuera —como es la norma en la ingente cantidad de fiestas organizadas por la clase más alta de Manhattan a las que Peter sí asistió el año pasado— su hermano de 15 años, Harry. “No eres nadie hasta que PETA [la organización en defensa de los derechos de los animales más grande de EE UU] te odia o te ama”, sentenciaba en el mismo reportaje.

Fue uno de los pocos chascos que se llevó el año pasado este par de precoces y ostentosos diletantes en su generalmente aplaudido fluir por la élite social neoyorquina. Pero encapsula con particular eficacia la excesiva y fascinante forma de ser de los hermanos Brant. Al ojo ajeno son unas celebrities más al estilo siglo XXI, absurdamente afortunadas e impúdicamente transparentes. Hijos de Peter Brant, magnate de las revistas y coleccionista de arte (a quien deben sus millonarias cuentas corrientes), y de Stephanie Seymour, sofisticada exsupermodelo (a la que deben sus facciones), resultarían fáciles de odiar y difíciles de ignorar. Pero eso sería obviar que ninguno ha buscado la fama ni se porfía un hueco en la codiciada high class cultural estadounidense. Sencillamente, han nacido en ella. Criados entre los principales artistas y diseñadores de nuestros tiempos, enciclopédicos amantes del arte y de la moda, son la nobleza de un país sin títulos nobiliarios. Más que unos nuevos ricos al uso, son, según los describe la ojiplática prensa local, como las hermanas Paris y Nicky Hilton, “pero con cerebro”.

“Su atractivo es su sinceridad”, dice la periodista Stella Bugbee. “Saben que su estilo de dandis puede resultar absurdo, y hasta el absurdo lo llevan, pero no para llamar la atención”

“Su atractivo es su sinceridad”, dice vía e-mail Stella Bugbee, editora del blog The Cut, del New York Magazine, acaso el portal más especializado en sus hazañas. “Saben que su estilo de dandis puede resultar absurdo, y hasta el absurdo lo llevan, pero no de forma impostada, ni para llamar la atención”. Un ejemplo de ello sería el incidente que dio a conocer a Peter: una foto, tomada por un paparazi en 2010, en la que el chaval abraza a su madre en una playa de Saint Barts con tal entrega, que se diría que está no solo besándole los labios con lascivia, sino asiéndole un seno. De repente, el bebé hasta ahora visto en preestrenos de Star wars era un preadulto algo incestuoso y decididamente inclasificable.

“En su anterior instituto se reían de su forma de ser y de vestir", explica el director del instituto de Harry. "No entendían que no se conformara con ser como los demás y mostrara inquietudes artísticas”

Peter resolvió el escándalo explicando en su Facebook que era gay y que eso podría haber afectado a la intimidad que sentía para con su madre. Así, el chaval meticulosamente vestido que va a la ópera con una americana de terciopelo malva y cadenas enjoyadas y cuyo libro favorito es Teoría de la clase ociosa (una crítica firmada en 1899 por Thorstein Veblen a su propio modo de vida) pasó a ser un impredecible icono ajeno a prejuicios. Ahora que estudia Historia del Arte en la Universidad de Hunter se ha desdicho de su salida del armario, afirmando que “hace cosas” con ambos sexos, pero la mirada pública no ha dejado de seguirlo.

Ni tampoco a su hermano Harry. El que pidió acciones por su noveno cumpleaños y recibió unas cuantas de Apple que vendió, a los 13, para empezar su colección de arte con un cuadro de Nate Lowman (quería comprar uno de Josh Smith, pero el artista se lo regaló). El que se intercambia mensajes con Courtney Love a las cuatro de la mañana debido a su insomnio. El que, en conversación, cuela referencias a Henry James y La doble hélice. El que reluce en las fiestas del Upper East Side diciendo cosas como: “Me gusta vestirme con una nueva personalidad cada día. Algunos soy un capitán del ejército, y otros, un príncipe desterrado de su país”. El que aspira, en su incoado ensoñar adolescente, a escribir sus memorias para que Sofia Coppola dirija la película y él pueda controlar la banda sonora. Cursa undécimo curso (primero de bachillerato español) en la exclusiva y liberal escuela Country Day de Connecticut. “Nunca antes había sacado tantos sobresalientes en su vida”, explica por teléfono su director, John R. Munro, Jr. “En su anterior instituto se reían de su forma de ser y de vestir. No entendían que no se conformara con ser como los demás y mostrara inquietudes artísticas”.

Una foto de 2010 en la que Peter besa con aparente lascivia a su madre en un playa le hizo famoso. Peter resolvió el escándalo explicando en su Facebook que era gay

Esta “inquietud artística” les viene de fábrica. Peter vive ahora en un loft en Nueva York, pero se crió, junto a Harry, en Greenwich (Connecticut), en un terreno de 214.000 metros cuadrados, 910 de los cuales los ocupa una mansión que alberga mil obras de Andy Warhol, Julian Schnabel y Jean Michel Basquiat, entre muchos otros, y que hoy actúa de museo si se pide cita. Lo construyó Peter Brant en 1987 con el dinero de SP Newsprint, la que fuera cuarta imprenta de Estados Unidos (la prensa digital redujo el dinero familiar de 1.400 millones de dólares a 500 en 2010, y bajando), construida sobre los hombros de la que fundara en 1941 el abuelo de los Brant, inmigrante de un pueblo entre Rumanía y Bulgaria. Los pequeños crecieron entre artistas y sus obras, y hoy saben hasta cuáles son sus tres siglos favoritos en el diseño de interiorismo.

Precisamente, una de estas obras pudo con la moral de Stephanie Seymour. Modelo de considerable éxito en los noventa para Victoria’s Secret, tenía un algo de chica salvaje que tanto se liaba con Charlie Sheen como con Axl Rose, el cual la denunció por agresión en 1993; al año siguiente, con 26, conoció a Peter Brant, de 48 y con cinco hijos con su anterior mujer. Se casaron en las afueras de París en 1995, pero en 2009 ella pidió el divorcio. La pareja se reconcilió inesperadamente en 2010 y Seymour reconoció a la revista Town & Country que había tenido una crisis de los 40 jaleada por un busto satírico de Maurizio Cattelan llamado Trophy wife (mujer trofeo) en el que salía ella montada en una pared. Había sido encargado por su marido.