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EDITORIAL

No vale abstenerse

Nada impide al Consejo Judicial hacer oír su voz sobre el drama social de los desahucios

El grave problema social de los desahucios, que padecen cada vez mayor número de ciudadanos atrapados en la imposibilidad de hacer frente a sus hipotecas, es sin duda el más traumático de los muchos que provoca la profunda y prolongada crisis económica actual. Desde los Gobiernos, tanto el anterior de Zapatero como el actual de Rajoy, se han arbitrado algunas medidas muy parciales y bienintencionadas para intentar paliarlo, pero de escasa o nula efectividad al hacerlas depender de la buena voluntad de las entidades financieras interesadas en cobrar las hipotecas impagadas. También desde el ámbito judicial se han dado algunos pasos, como considerar la dación de la vivienda como un medio de pago suficiente para cancelar la hipoteca, pero se trata de una medida de incierto porvenir jurídico que, además, no va más allá del caso concreto al que afecta.

Un informe encargado por el Consejo General del Poder Judicial, pero que de forma incongruente la institución no ha hecho suyo por la oposición de algunos de sus vocales, aporta un elenco de medidas que, por primera vez, abordan de manera global una salida razonable y asumible por las partes implicadas en este drama social, que amenaza con agravarse aún más y derivar en tragedias personales. Los vocales opuestos a que el Consejo del Poder Judicial haga suyo el informe alegan que su contenido sobrepasa sus competencias. Se trata de una interpretación en exceso formalista y estrecha de su función, pues nada le impide hacer oír su voz, tanto respecto de los otros poderes públicos como de la sociedad, sobre un problema gravísimo que aqueja a un amplio sector de ciudadanos y que en buena medida puede tener solución desde el ámbito del derecho y de la ley.

En el informe se señalan sobre todo medidas de índole jurídica y legal, pero también otras que, aunque de indudable carácter político, podrían no ser en absoluto descabelladas, como destinar al deudor hipotecario de buena fe una pequeña parte de la ayuda pública aportada al sector financiero. No se alcanza a ver qué obstáculos serios impiden en una situación de emergencia social establecer un procedimiento hipotecario más equilibrado y, por tanto, menos severo con el hipotecado que el aún vigente de 1909, poner en marcha comisiones mixtas que busquen salidas negociadas y facultar a los jueces para que, en determinadas circunstancias familiares, puedan conceder moratorias en el pago de cuotas, ampliaciones en el plazo de amortización y reducciones provisionales del tipo de interés.

Que el Consejo del Poder Judicial se hiciera portavoz de tales propuestas, ante el Gobierno y la sociedad, redundaría en su prestigio y ayudaría, sobre todo, a buscar una salida a una calamidad social a la que ningún poder o institución del Estado puede darle la espalda.

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