Pisar el barro


En la clase de geometría de los profesores Emilia Benito y Carlos Asensio-Wandosell, los alumnos de la Escuela de Arquitectura de Toledo (UCLM) analizaron y dibujaron la figura ideada por Buckminister Fuller de un tetrahélix para componer “un sistema estructural en el que los elementos comprimidos (en su caso barras de madera) no se tocan entre sí, sino que están unidos por otros traccionados (en su caso gomas). De manera que los elementos se autoequilibran”, cuenta la arquitecta María Dolores Sánchez Moya, profesora en el centro. Con él construyeron una estructura que atravesó el río Tajo.
Con solo dos años de vida y 100 alumnos (50 por curso) la escuela que dirige Manuel de las Casas ha nacido en tiempo de crisis. Y parte de esa realidad a la hora de inculcar conocimientos teóricos y prácticos en los estudiantes. Por eso,
en este centro público de la Universidad de Castilla La Mancha, con
sede en el campus de la Fábrica de Armas de Toledo, hablan de integrar disciplinas y conocimientos en lugar de separarlos. Defienden un aprendizaje práctico para comprobar, cuestionar o ilustrar el teórico, y animan a razonar y colaborar en equipo sin jerarquías dos veces al año. En esas acciones, profesores y alumnos se implican juntos en un mismo proyecto. El curso pasado construyeron una cúpula de cartón partiendo de una patente de Richard Bukmnister Fuller. Luego idearon un hinchable y este año han decidido cruzar el Tajo con un Tetra Tol, una estructura que ha tendido, de orilla a orilla, lo aprendido en la clase de geometría.
La idea va más allá de aprender a pensar y pasa por aprender también a actuar. No se trata solo de fomentar el gusto por el ingenio, la imaginación y la experimentación. La voluntad es conseguir resultados ambiciosos y prácticos a la vez. “Los alumnos aprenden que lo que piensan y dibujan puede llevarse a cabo con los medios disponibles, por limitados que estos sean. Y lo más importante, perciben que es importante creer en lo que uno hace. Que cualquier proyecto es posible, con buenas dosis de voluntad, entusiasmo e ilusión por el trabajo”, cuenta Sánchez Moya. Aunque junto al esfuerzo y la ilusión le falta incluir la figura del cliente, seguramente esa parte queda para los siguientes cursos.
Entre tanto, profesores y alumnos acuden al rescate de la figura y la obra de Bukminster Fuller que abordó problemas concretos con pragmatismo y espíritu investigador. “En sus poderosas respuestas estructura, construcción y espacio son un todo indivisible, con un profundo interés por la geometría”, cuenta Sánchez Moya después de concluir, con todos los alumnos y profesores, el experimento sobre el Tajo.





























































