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Reportaje:

Los 'campeoÑes'

Sus ciudadanos son los más generosos en la donación de órganos y los primeros consumidores de cocaína. Sus fiestas llaman al mayor número de estudiantes del programa Erasmus y su flota pesquera es la más importante de Europa. España no sólo es número uno en tenis, fútbol o ciclismo

ELPAÍS.com publica el proyecto final en periodismo digital que elaboraron seis alumnos de la 22ª promoción del Master de Periodismo de EL PAÍS-Universidad Autónoma de Madrid. Se trata de 13 reportajes, con vídeos, fotogalerías y audios, realizados íntegramente por los alumnos. En este monográfico se repasan las otras materias en las que España destaca, tanto en lo bueno como en lo malo.

La imagen de Verdasco revolcándose en la cancha de Mar de Plata tras ganar el punto definitivo de la Copa Davis no llamó tanto la atención como la de Arantxa hace 20 años en la arena de París. Después de atravesar un páramo deportivo de décadas, sólo interrumpido por la genialidad de tipos singulares como Santana, Ángel Nieto y Severiano Ballesteros, España se ha acostumbrado a ganar. Este año, incluso con la selección de fútbol, a la que creíamos víctima de un hechizo fatal. Hasta Induráin, los ganadores del Tour eran figuras legendarias, y el relato de sus hazañas, batallitas para adormecer la sobremesa. Ahora han ganado tres seguidos Pereiro, Contador y Sastre, y a algunos aficionados les cuesta recordar los nombres de estos recientes campeones.

España es número uno del deporte, la actividad en la que el éxito es más popular y mediático. Pero el ciclismo, el tenis o el fútbol no son los únicos campos en los que sus ciudadanos ocupan un puesto relevante en el mundo. También en actividades mucho más minoritarias. Los bajos del estadio Teresa Rivero en Vallecas (Madrid) son el lugar de entrenamiento para el campeón europeo de billar a tres bandas, Rubén Legazpi. El catalán Toni Bou es campeón mundial de trial. Y nadie como Gisela Pulido domina a sus 14 años el viento y las olas en la especialidad de kitesurfing.

Primeros en disciplinas físicas y también mentales. El barcelonés Enric Hernández maneja un léxico cinco veces más rico que el de una persona normal y eso le ha permitido proclamarse bicampeón mundial de Scrabble. Aún más sorprendente es la capacidad del asturiano Alberto Coto, el humano más rápido en cálculo mental, que consigue sumar 100 dígitos en sólo 20 segundos. E igualmente asombrosa es la facilidad de Alfonso Ramos para trasladar las órdenes del cerebro a sus dedos y derrotar a todos sus rivales en el campeonato FIFA 2008 -fútbol virtual en la videoconsola- de la Playstation 3.

A los triunfos individuales se suman otros méritos colectivos. España, con La Rioja a la cabeza, es la referencia mundial en trasplantes. Su tasa de donantes, 34,3 por cada millón de habitantes, dobla la media europea y triplica la de países como Reino Unido. Las alentadoras cifras se deben a un esfuerzo coordinado, según los responsables médicos. La moda nupcial española atrae los ojos del mundo: el sector de la moda nupcial factura 1.489 millones de euros al año y es el segundo exportador mundial tras China. Entre los hábitos sanos destaca el récord de consumo de pescado, 45 kilos por persona al año, el triple que la media mundial y sólo superado por Japón. Sus playas son las mejores. Y la tópica fiesta -desgraciadamente no la calidad de la Educación- convierte al país en el principal foco para los estudiantes del programa Erasmus, del que forman parte 31 países.

Esa misma marcha también tiene su lado oscuro. El porcentaje de consumidores de cocaína ha superado por primera vez este año al de EE UU. Los españoles son también quienes más frecuentan la prostitución -uno de cada cuatro hombres adultos admite haber recurrido a una meretriz al menos una vez en su vida, según el Instituto Nacional de Estadística-. La irrupción de las nuevas tecnologías ha traído otro triste récord: el país está en el punto de mira de la policía y las organizaciones de derechos humanos por el creciente número de visitas a páginas de contenido pedófilo.

Lejos ya del tópico "que inventen otros", del fatalismo del 98 y del complejo de inferioridad de los años sesenta, pero también del pecado del triunfalismo provinciano, España ha consolidado un modelo de país que despunta. En lo bueno y en lo malo.