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Reportaje:

Gisela Pulido: "Sigo siendo una niña"

La campeona del mundo más joven en todos los deportes logró en 2008 su quinta corona, con 14 años

Los dioses del viento y del mar, Eolo y Poseidón, decidieron hacer un pacto en agosto de 2002. Una niña de ocho años jugaba en la playa con una cometa, pero soñaba con navegar sobre las olas, y con volar muy alto al mismo tiempo. Así que los dioses se pusieron de acuerdo, y la niña comenzó a practicar kiteboard, un novedoso deporte extremo que combina la habilidad sobre una tabla de surf con el manejo de la cometa. Poco tiempo después, con sólo 10 años, Gisela Pulido (Premià de Mar, 1994) se convirtió en la campeona del mundo más joven del orbe. Todo se lo debe a su padre, Juan Manuel, que practicaba windsurf, y enseguida se sintió atraída por lo que hacía, claro, que no es difícil para alguien que aprendió a nadar con un año, casi al mismo tiempo que a andar.

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Gisela vive en Tarifa (Cádiz), un paraíso para los windsurfistas, donde puede aprovechar las mejores rachas de aire del Mediterráneo. Hace un tiempo tomó la decisión de trasladarse a vivir allí junto a su padre, dejando lejos su Cataluña natal, porque allí no podía entrenarse correctamente.

Cada tarde, al salir del instituto -estudia 3º de ESO- pasa dos horas y media embutida en su traje de neopreno, deslizándose por el agua con una tabla especial, sujeta con su arnés a la cometa, y ensayando todos los trucos -piruetas en el argot de este deporte- que pondrá en práctica en los campeonatos mundiales. Allí, en las mejores playas del planeta, se reúne con rivales mayores que ella a las que casi siempre derrota. "Me llevo muy bien con ellas, no les molesta que una niña las supere", dice. A todas, excepto a una, la brasileña Bruna Kajiya, su gran rival. Aunque Gisela tampoco tiene buen perder. "He llegado a llorar, pero mi padre me enseñó que un campeón tiene que saber perder, y ahora lo llevo por dentro", confiesa.

Madurar con rapidez

El vivir en un mundo de adultos, entre periodistas, patrocinadores y eventos, le ha hecho madurar con rapidez. "He conocido muchas culturas, niños pobres, niños ricos. Viajar es lo que me ha hecho madurar más deprisa que a los demás niños de mi edad. Aunque en el fondo sigo siendo una niña, creo que aunque tengamos 30 años, todos tenemos una parte de niños", explica.

El éxito no se le ha subido a la cabeza, a pesar de que si escribes su nombre en Google aparecen más de 65.000 entradas y de que tiene un club de fans en Facebook con 66 miembros. "Me gustaría ser como Fernando Alonso, aunque no poder salir a la calle porque todo el mundo te para y te pide autógrafos debe de ser un rollo", dice.

Compitiendo en las mejores playas del mundo

Mientras prepara los exámenes sobre pirámides de población que tiene al día siguiente, Gisela atiende nuestra llamada y nos cuenta cómo es el sistema de competición de su deporte: "El circuito de la PKRA (Profesional Kiteboard Riders Asociation) es un circuito de diez etapas alrededor del mundo, es como la fórmula 1, en playas de Venezuela, México, Brasil, Alemania, Francia. Son dos mangas de 10 minutos pero te puntúan por lo que hagas durante siete porque los otros tres son de transición para que te dé tiempo a levantar la cometa, entrar en el campo de regatas, hacer tus piruetas". "Se valora mucho la potencia, la fluidez, el aterrizaje y la amplitud del salto, son muchos factores. Los jueces lo observan todo". El ganador "consigue unos puntos que se acumulan en el ránking". Al final el que tiene más puntos es el campeón del mundo, algo que Gigi, como la llaman sus amigos ha conseguido en cinco ocasiones.

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