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Reportaje:

Sangre líquida, buenos augurios

La sangre de San Pantaleón se ha licuado de nuevo y menos mal, porque sólo se mantuvo sólida dos veces: en 1914 y en 1936

El madrileño Monasterio de la Encarnación abrió ayer por la tarde sus puertas para recibir a los primeros fieles dispuestos a asistir al milagro y comprobar cómo la sangre de San Pantaleón, solificada en un frasquito durante todo el año, empieza a licuarse en vísperas de su martirio, tal día como hoy hace 18 siglos. El cristianismo está lleno de brazos incorruptos, corazones que laten, ojos sangrantes, estatuas a las que les crece el pelo. Incluso a San Gennaro, en Nápoles, le ocurre exactamente lo mismo que a San Pantaleón, pero tres veces al año. Y menos mal que ha cambiado de estado, porque cuando no lo hace suceden cosas terribles.

Según cuenta la tradición, la sangre permanece sólida en su relicario durante todo el año y en la víspera de la fiesta, al menos así sucede desde que el frasco está en este templo , hace cuatro siglos, se puede observar cómo se va diluyendo lentamente y pasa de un color opaco a uno más transparente. Si se inclina la ampolla, el líquido se va acomodando a la forma del recipiente que la contiene. Así permanece hasta la tarde de hoy, día del martirio y muerte del santo, en que comienza a solidificarse de nuevo.

El monasterio, situado en los aledaños de la plaza de Oriente, abre hoy de 8.00 a 14.00 horas y de 15.00 a 22.00 horas para que los miles de creyentes puedan comprobar in situ el supuesto milagro. En muy pocas ocasiones la sangre no se licúa al llegar al día 27, de hecho, el capellán del Monasterio, Joaquín Martín Abad, que oficia hoy tres misas en honor al Santo, asegura que desde que lleva en la parroquia "nunca ha ocurrido". Si no lo hiciese, hay una leyenda que lo considera un mal augurio, ya que pasó durante la I Guerra Mundial o al comienzo de la Guerra Civil española. La sangre permaneció sólida.

El silencio de la Iglesia

El objeto religioso permanece todo el año guardado en la clausura del convento y sólo está expuesto al público dos días al año, en una vitrina que protege el recipiente y que puede ser observada en dos pantallas de televisión situadas a ambos lados del altar, colocadas en 1997 para preservar la reliquia. Desde el siglo XVII se repite en el monasterio de la Encarnación el fenómeno, denominado milagro de san Pantaleón, sobre el que la Iglesia católica no se ha pronunciado y que tiene su réplica en varios lugares del mundo como en Italia, donde también existe la creencia popular que vaticina grandes catástrofes el año en que no se produce la licuefacción.

Es en Italia donde se expone la ampolla más grande que

existe con sangre de este mismo santo y de la que, según Martín Abad, se extrajo la porción que hay en el monasterio madrileño. "La ampolla se mantiene herméticamente cerrada desde que está en el monasterio", ha añadido el capellán, quien no rechaza la posibilidad de que en un futuro se pueda constatar que el contenido sea verdaderamente sangre. En el cristianismo hay otros casos idénticos. Además de los varios pantaleones, la sangre de San Charbel Makhlouf en Líbano y la de San Gennaro también se licúa.

Sobre el asunto, la Wikipedia explica que, en realidad, este comportamiento es habitual en fluidos denominados no newtonianos, en particular en los materiales tixotrópicos, que se vuelven más fluidos cuando se someten a vibraciones pero vuelven al estado inicial (sólido) cuando las oscilaciones desaparecen (una típica sustancia tixotrópica es el ketchup). La revista científica Nature también analizó el supuesto milagro en el artículo Working bloody miracles.

El médico que ejercía gratis

San Pantaleón nació en Nicomedia, en Asia Menor, en el siglo III de nuestra era. Estudió Medicina y llegó a ser doctor en la corte del emperador Maximiano. Se sintió atraído por el ejemplo y la doctrina del presbítero Hermolao y se convirtió al cristianismo. A la muerte de su padre, tras distribuir sus bienes entre los pobres, se dedicó a ejercer la medicina gratuitamente, lo que suscitó la envidia y el resentimiento de otros colegas que lo denunciaron por ser cristiano. El emperador Maximiano le pidió que renegara de su fe, a lo que Pantaleón se negó, por lo que fue decapitado el 27 de julio del año 305.

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