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OPINIÓN

ELPAIS.es presenta un tira cómica ecológica sobre las aventuras de cuatro hipopótamos en África

Las aventuras de Hipo, Popo, Pota y Tamo tratan de implicar al lector en la defensa de los valores ecológicos y el respeto por los animales

El mundo se va al garete. Contaminación, cambio climático... Así que la ONU decide crear una reserva ecológica en África al estilo de un arca de Noé; pero a su alrededor, paradójicamente, sólo hay montones de basura. Y en éstas se ven cuatro crías de hipopótamo, que de repente se encuentran viviendo con pingüinos y otras especies poco habituales en las faldas del Kilimanjaro, y rodeadas por una valla que las separa de una montaña de escombros. Sus aventuras las cuenta a partir del lunes Ramón Rodríguez (Valladolid, 1966) en una tira diaria que publica ELPAIS.es.

"Me puse a pensar en qué era lo que más asombro me causaba cuando era niño, y lo primero que se me vino a la cabeza fueron los animales"

"Intento que la gente se interese más por la Naturaleza, que se implique en la batalla por el medioambiente"

En África no ha estado, e hipopótamos sólo los ha visto un par de veces en los parques zoológicos. Entonces ¿de donde salen estos cuatro animalillos de Dios? "Me puse a pensar en qué era lo que más asombro me causaba cuando era niño, y lo primero que se me vino a la cabeza fueron los animales. Sólo hay que imaginar lo que debe sentir un niño de tres años la primera vez que ve una jirafa, por ejemplo. ¡Qué animal tan extravagante!". Así nacieron Hipo, Popo, Pota y Tamo, las cuatro crías de hipopótamo que protagonizan la tira, dibujada "al estilo norteamericano, poco corriente en España", según cuenta Rodríguez.

Aunque pensada en sus orígenes para un público eminentemente infantil, la tira ha sido dibujada para que todo el mundo la entienda y disfrute, quizá más incluso los adultos que los niños. Tiene un formato diario adaptado a Internet, aunque Rodríguez sueña con verla publicada en un libro. La tira tiene un mensaje de fondo ecológico: "Intento que la gente se interese más por la Naturaleza, que se implique en la batalla por el medioambiente. Los animales son el quinto mundo, se les trata fatal, son un objeto de consumo... ahora hasta los fabricamos fluorescentes para que brillen en la oscuridad. No les tenemos el respeto que se merecen, pese a que nosotros mismos antes que humanos somos animales". "No quiero que la historia la coja un niño y piense que vivimos en un mundo feliz. Quiero reflejar la realidad, que es dura, aunque eso sí, velando sus aspectos más crudos", añade Rodríguez.

Los protagonistas de esta aventura son cuatro crías de hipopótamos que viven a los pies del Kilimanjaro. Hipo es abúlico, siempre está dormido y cuando habla lo hace de forma inconsciente. Tuvo un trauma nada más nacer y ahora niega la realidad: como no se movía, le rodeó una bandada de buitres y casi se lo comen. Ahora prefiere seguir durmiendo todo el día, pero paradójicamente eso le acerca a sus traumas, puesto que los buitres nunca abandonan su sombra. Popo, por su parte, es un ingenuo, como la protagonista de la película Amelie; es entusiasta, se deja llevar por la ilusión, todo le sorprende. En resumen, es como un niño. Pota es justa y reivindicativa, y tiene un fuerte componente maternal, mientras que Tamo es un obseso de la informática que incluso ha logrado reparar un ordenador viejo que encontró en los montones de basura del otro lado de la valla.

Hay otros personajes, por supuesto: la rana Ana, narcisista empedernida que necesita a alguien en quien volcar sus energías y ha elegido para ello a Popo. O los cocodrilos, los únicos que comparten las charcas de los hipopótamos, y a los que estos, como críos pequeños que son, siempre están molestando. Son unos reptiles brutos y limitados, amén del único elemento de tensión dentro de la reserva, puesto que los hipopótamos adultos advierten a sus crías de que tengan cuidado con ellos. Pero la verdadera amenaza de este mundo idílico siempre está presente como una sombra al otro lado de la valla: el ser humano.

Una vida en caricaturas

A Ramón no le gustaba estudiar, así que se pasaba las clases haciendo dibujitos en los libros de texto. Lo suspendía todo, incluso dibujo, aunque con ocho años quedó tercero en un concurso con el truco de copiar una viñeta de Forges (lo hizo 80 veces antes de quedarse satisfecho con el resultado final). Abandonó la carrera de Ingeniería Técnica Industrial por aburrimiento, y se metió en la mili, donde se ganaba unos cuartos haciendo caricaturas para las novias de sus compañeros. Se las vendía a 200 pesetas, 500 si eran oficiales y mandos. Cuando terminó el servicio militar empezó a trabajar en el diario cántabro Alerta, que acababa de abrir una delegación en Valladolid. No vendía más de un centenar de ejemplares al día, e incluso alguna vez tuvo que ir él mismo a repartirlo. Allí hacía caricaturas, en principio de la actualidad de la ciudad, pero como nunca pasaba nada se solía ir por las ramas. Cuando se fundó El Mundo de Valladolid llevó sus caricaturas a la nueva cabecera, aunque pronto pasó a la sección de Infografía. Una historia personal le hizo hacer las maletas y dejarlo todo para buscar suerte en Madrid. Allí trabajó para El Mundo, antes de pasarse a ELPAIS.es en 2004. Un año después lo dejaba para apostarlo todo otra vez, en esta ocasión por sus cuatro hipopótamos.

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