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Reportaje:

Yukos, la 'bestia negra' de Putin

Jodorkovski se convirtió víctima de una campaña propiciada por personajes próximos al presidente Vladímir Putin y procedentes del antiguo KGB

Yukos llegó a bombear el 20% del petróleo de Rusia y su propietario, Mijaíl Jodrokovski, que había comprado la empresa a precio de ganga en 1995, ocupó el primer puesto en la clasificación de los más ricos del país. Fue esa posición de poder en un país donde la explotación petrolífera es un motor económico fundamental la que abrió la veda: el Kremlin le declaró una guerra abierta que ha terminado con Yukos absorbida por una empresa pública y con Jodorksvi en la cárcel.

Jodorkovski se convirtió víctima de una campaña propiciada por personajes próximos al presidente Vladímir Putin y procedentes del antiguo KGB soviético que se encuentran enfrentados a los peterburgueses procedentes de los órganos de seguridad que rodean hoy al líder. Estos sectores liberales a la defensiva se han dirigido con discrección a algunos influyentes personajes de la vida rusa y les han pedido que movilicen a la opinión pública con el fin de hacer comprender a sus colegas ex chequistas (agentes del KGB) que la revisión de las privatizaciones de los noventa no es deseable y podría ser muy negativo para la inversión en Rusia.

La indiferencia de Jodorkovski ante el partido del Kremlin podría haber resultado provocativa, señalaron es su día medios próximos a Yukos, según los cuales el empresario hizo caso omiso de la invitación para asistir en un reciente congreso de partidarios de Rusia Unida. Otros oligarcas, como Vladímir Potanin, aceptaron la invitación.

El acoso a Yukos se concretó en forma de ofensiva judicial con una sucesión demandas acusando a la compañía de fraude fiscal por valor de millones de dólares. El proceso supuso el ingreso en prisión de Jodorkovski y la imposibilidad de hacer frete al impago de un crédito de 1.000 millones pusieron a la compañía al borde de la quiebra. Después elevó la cuantía de la reclamación hasta los 15.000 millones, lo que la colocó en una situación insalvable y tuvo que abrir el proceso de quiebra. Ante la situación, el Gobierno ordenó vender la filial de extracción de Yukos en una pantomima de subasta. El adquirente fue un grupo desconocido que ocultaba a la empresa pública Gazprom. En la actualidad, lo que queda de Yukos está completamente paralizada al no poder exportar crudo al no poder afrontar el pago los aranceles correspondientes dado que las cuentas están embargadas.