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LA OFENSIVA TERRORISTA

El perfil de los dos policías asesinados por ETA

Cada dos meses recorrían los pueblos de Navarra para renovar el DNI, anunciándolo días antes por la televisión local

Bonifacio Martín Hernado y Julián Embid Luna, las dos últimas víctimas mortales de la violencia de ETA, compartían varias cosas. En primer lugar, ambos eran policías nacionales adscritos a la Unidad de Documentación y Extranjería y a la Brigada de Seguridad Ciudadana. Además, ambos agentes coincidían cada dos meses en Pamplona, desde donde partían en una unidad móvil de la policía para recorrer todos los rincones de las zonas rurales de Navarra para facilitar a sus vecinos la renovación de los carnet de identidad así como para agilizarles la expedición de nuevos documentos.

Este viernes, como cada mañana, la rutina comenzó para ellos muy temprano. Con la primera luz, arrancaron su furgoneta, sin ningún distintivo policial. Hoy les tocaba ir a Sangüesa. Lo sabían ellos, pero también los vecinos de esta localidad, que habían sido avisados de su visita días antes a través de la televisión local. Los terroristas también estaban al tanto de su presencia. Nada más llegar a una de las plazas del pueblo, hacia las 9.00 horas, los policías aparcaron su Citröen ZX y se dirigieron, vestidos de paisano, a la Casa de la Cultura de Sangüesa, situada en una calle a escasos metros de dicha plaza. Allí estuvieron por espacio de tres horas tramitando documentos. A las 12.20 abandonaron el edificio municipal y se dirigieron de retorno al vehículo. Al llegar, estalló el artefacto. Los terroristas tuvieron tiempo más que de sobra para colocar la bomba.

La casualidad también hizo compartir a los fallecidos otras cosas. Los dos estaban casados y eran de una edad similar. Bonifacio tenía 56 años y Julián 53. También tenían el mismo número de hijos, dos, y de edades parejas. Ninguno de ellos supera los 25 años.

Julián Embid Luna era natural de la localidad aragonesa de Sabiñán y llevaba 29 años de servicio en la Policía, según ha indicado la Jefatura Superior de Zaragoza. Bonifacio Martín Hernado era natural de Sanchorreja (Ávila) pero residía en Pamplona.

El otro compañero que iba con ellos, Ramón Rodríguez Hernández, natural de Moreda (Granada) y vecino de Barañáin, tiene 44 años, está casado con dos hijos y pertenece a la misma unidad policial que los fallecidos. Él tuvo mejor suerte. La explosión le sorprendió cuando se disponía a subir al vehículo. Ingresado en un centro hospitalario de Pamplona, ha sido operado de urgencia por graves heridas en las dos piernas. Su estado es grave pero su vida no corre peligro.