Llegaron las vacaciones... y los alumnos volvieron a clase

El instituto público Los Alcores de Sevilla estrena el programa de refuerzo contra el fracaso escolar de la Junta de Andalucía, criticado por los sindicatos. Los docentes del centro defienden la iniciativa para recuperar el contacto con los alumnos y fomentar su autonomía

Clase de Lengua en el programa de refuerzo educativo instituto Los Alcores, en Mairena del Alcor (Sevilla).
Clase de Lengua en el programa de refuerzo educativo instituto Los Alcores, en Mairena del Alcor (Sevilla).Juan Carlos Toro
Mairena del Alcor (Sevilla) - 21 jul 2020 - 09:37 UTC

Ángela se levanta decidida de su pupitre y sale a la pizarra para colocar el género y el número de un sustantivo. Tiene 12 años y está en la clase de Lengua del programa de refuerzo estival que por segundo año ha puesto en marcha la Consejería de Educación de Andalucía y que su centro, el instituto público Los Alcores, de Mairena del Alcor (Sevilla), ha acogido este verano por primera vez. Al resto de sus siete compañeros de aula, esta es la asignatura que más les gusta, pero la niña discrepa: “A mí desde el confinamiento lo que mejor se me dan son las matemáticas”, asegura desde detrás de su mascarilla.

Esta iniciativa, de carácter voluntario para los centros, las familias y los docentes, se desarrolla en Andalucía a lo largo del mes de julio y, por primera vez, además de primaria, incluye a primero y segundo de la ESO. El horario es de nueve de la mañana a dos de la tarde y los estudiantes pueden elegir entre una de las dos quincenas o ambas. El programa tiene por objetivo reforzar los conocimientos en las asignaturas troncales de lengua, matemáticas y primer idioma extranjero, así como apoyar para “la organización del trabajo, mejora de los hábitos y técnicas de estudio, desarrollo de habilidades de integración y adaptación al grupo, así como fomento de los hábitos saludables a través de actividades lúdico-deportivas”, de acuerdo con la resolución de 19 de mayo de este año que regula esta iniciativa.

El instituto Los Alcores se inscribió tras tener el visto bueno del claustro de profesores. “Tenemos dos clases de primero con ocho y siete alumnos y una de segundo, con ocho”, explica su directora, María Gracia. “La mayoría son de nuestro centro, pero también hay chavales del otro instituto de Mairena, de Alcalá de Guadaíra y del Viso del Alcor”, indica. Para dar cuatro asignaturas —lengua, matemáticas, inglés y educación física— cuentan con 10 profesores, de Los Alcores y de Alcalá de Guadaíra. “Nuestro centro tiene una importante trayectoria de trabajo de atención a la diversidad, de inclusión social y de potenciar las habilidades sociales trabajando la inteligencia emocional, así que para nosotros aplicar el programa de refuerzo estival no era algo ajeno, sino una prolongación de nuestra estrategia a lo largo del curso, porque el proceso de enseñanza y aprendizaje no termina nunca”, señala Gracia.

El programa es una apuesta personal del consejero de Educación, Javier Imbroda, para luchar contra el fracaso escolar —en Andalucía la tasa de abandono escolar temprano es del 21,6%, cuatro puntos por encima de la media de España y algo más del doble de la media europea, 10,3%—, pero que, desde el principio ha contado con el escepticismo y la oposición de los sindicatos. Recelan de la efectividad de unas clases de solo una quincena y reclaman, entre otras cosas, un modelo de refuerzo educativo a lo largo de todo el año, además de más transparencia y participación en la elaboración de los contenidos y mejor remuneración salarial para los profesores. La escasa participación de centros (90 de más de 4.000 en toda Andalucía), docentes (509 de una plantilla de 102.000) y alumnos (solo el 2% de los 100.000 previstos) convirtió la edición de 2019 en un fracaso reconocido por el propio consejero. Este año se ha notado un ligero aumento: 7.659 alumnos, 214 centros y 1.473 profesores, según los datos de la Consejería de Educación.

“Si se cree en el programa, la cifra de alumnos inscritos no debe ser un problema, esto es un trabajo de fondo”, señala Gracia, que reconoce que, como el año pasado, la labor de difusión y los plazos tan limitados para que los centros y las familias se apuntaran —apenas una semana para ambos—, unidos a un trimestre muy complicado por las dificultades del confinamiento y la enseñanza a distancia, han perjudicado la inscripción. “Nosotros detectamos en esta evaluación a los chavales a los que quizás les podría venir bien el refuerzo, por notas o porque necesitaban de una orientación específica, para potenciar las técnicas de estudio o su organización y enviamos correos a sus familias. No todas los leyeron o pensaron que sus hijos cumplían los requisitos para entrar”, indica la directora, en alusión al informe preceptivo del equipo educativo para justificar la necesidad del refuerzo. “Todos los centros tienen sistemas de apoyo escolar durante el curso, pero este año por las circunstancias específicas que hemos vivido, creímos que este programa podía ayudar para recuperar el contacto entre profesorado y alumnado”, abunda.

“Yo me apunté porque necesitaba dar clases cara a cara después de este trimestre tan atípico, y muchos de los chavales también agradecen esa atención más cercana”, explica Paco García, que imparte inglés y lengua en el programa de refuerzo estival. En el centro, todos los profesores coinciden en que el hecho de que las clases sean tan reducidas —nada que ver con la media de 30 alumnos por clase— favorece la integración e incentiva la seguridad en los niños. “Hay alumnos que durante el curso, en aulas con tanta gente, no se atrevían a preguntar y ahora han perdido la timidez y no piden más que salir a la pizarra”, abunda el profesor.

En Los Alcores, casi el 10% de su alumnado es inmigrante, procedente de Marruecos, América Latina, Francia, Italia y Rumanía. “Son estudiantes que se han incorporado más tarde a la comunidad educativa”, señala la directora del centro. Otros tienen pocas habilidades sociales. “En grupos pequeños y en un contexto diferente, pero con los mismos elementos, como su aula, sus compañeros y sus maestros, eso les otorga más posibilidades de superación y de empoderamiento. Todo lo que sea que ganen seguridad en sí mismos es ya un éxito”, explica. Esa atención más personalizada se observa en las asambleas que realizan a primera hora, después de la toma de temperatura para seguir controlando la propagación de la epidemia de covid. “Allí fomentamos la comunicación entre ellos, nos cuenten cómo se sienten, eso determina el estado anímico del grupo y los chavales lo agradecen, aunque algunos prefieran estar en la piscina”, bromea Teo Vallejo, el profesor de Educación Física. Así han conseguido que Rachel o Achim, que apenas se relacionaban con otros alumnos, sean los primeros en coger las raquetas para jugar al bádminton en clase de gimnasia.

En el aula de segundo quedan minutos para terminar la clase de matemáticas antes de salir al recreo activo. Las caras de los chavales denotan más aburrimiento que la de sus compañeros de primero en lengua, pero todos están con el material abierto resolviendo ejercicios. “La consejería nos aporta un material didáctico, pero al ser tan pocos, nosotros lo adaptamos a las necesidades de los chicos; muchas veces, parte de ellos lo que quieren hacer: `Profe, hagamos potencias hoy”, explica María Jesús Durán, coordinadora pedagógica del programa en el centro y una de las cinco profesoras de Matemáticas inscritas. “Su actitud es muy buena, solo se quejan de que tienen que madrugar”, apunta.

“Por supuesto que hay mucho margen de mejora en este programa”, advierte la directora. Gracia considera que debería haber una mayor implicación de los profesores y de los equipos directivos y que, sobre todo, “debería atenderse a las necesidades de las familias, a las que no se les ha escuchado lo suficiente”. Sabe de lo que habla porque en Mairena del Alcor hay tradición en los refuerzos de verano. Los Gobiernos municipales socialistas implantaron programas municipales durante las vacaciones estivales, que el PP ha mantenido en las dos últimas legislaturas. “La metodología la aporta la Junta, la organización el centro y el alumnado ya viene marcado, si no, esto en 10 días no podría improvisarse”, afirma Gracia.

Ensayo para septiembre

“O aportas o te apartas”. Este es el lema no inscrito del instituto Los Alcores. Desde que el 18 de mayo tuvo que incorporarse al centro, su directora elaboró un plan de contingencia para la covid-19, para aplicarlo a las pruebas de selectividad que el instituto iba a acoger y que también ha adoptado para el programa estival. Las escaleras de entrada y salida están bien marcadas, hay geles hidroalcohólicos, mascarillas y pantallas protectoras, se toma la temperatura a los alumnos cuando entran al centro, todos llevan mascarillas y se guardan las distancias entre los estudiantes de cada clase. Las últimas instrucciones de la Junta son más flexibles que las que ella ha adoptado. “Vamos a esperar a la reunión con la inspección que nos dará las pautas para adaptar nuestro plan. Esto nos sirve de ensayo para septiembre”, explica.

La falta de medidas de seguridad específicas para el programa de refuerzo estival ha sido otra de las críticas más aceradas por parte de los sindicatos. “Si los centros no se han abierto a final del curso por precaución, no tiene mucho sentido que lo hagan en julio”, señala CC OO. Gracia ha dispuesto ya sus clases para el año que viene en forma de enjambre para que los más de 30 alumnos por aula de media que tiene —muy por encima de la ratio límite de 22 fijada por la consejería para el reparto de los profesores de refuerzo por la epidemia— puedan sentarse guardando las medidas de seguridad. En los ciclos de FP, cree que podrá desdoblar utilizando otras aulas auxiliares del centro. “La pandemia nos ha enseñado que tenemos que actuar, no esperar”, dice la directora.

Siga EL PAÍS EDUCACIÓN en Twitter o Facebook

Apúntese a la Newsletter de Educación de EL PAÍS

Lo más visto en...

Top 50