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El Chupa Chups de la industria militar de camuflaje

El sistema de ocultamiento Kallisto Shield frena la efectividad total de los drones autónomos con un método sencillo que engaña al algoritmo

Raúl Álvarez Prieto, director de Kallisto AI.

En julio de 2022 Raúl Álvarez (León, 1970) perdió su empleo a los 52 años. Vivió uno de esos momentos críticos en los que la vida te planta ante la encrucijada: arriesgar y doblar la apuesta o esperar y verlas venir. Tanteó sus opciones—ingeniero de telecomunicaciones, estudios en inteligencia artificial, experiencia en la industria de defensa— y un buen día le llegó la inspiración. Si cada vez los algoritmos tienen mayor relevancia en el campo de batalla, pensó, será casi imposible ocultarse. Esa primera idea —abstracta y difusa— se concretó en el sistema de camuflaje Kallisto Shield, que impulsa la startup Kallisto AI fundada por Álvarez en septiembre de 2022.

Es un sistema que destaca por su sencillez. “Es el Chupa Chups de la industria militar”, bromea el fundador en una conversación por videollamada. El grueso del proyecto consiste en unos paneles, de materiales que pueden encontrarse en cualquier comercio de construcción, como aluminio o PVC. Se colocan en el techo de los vehículos y distorsionan la firma electromagnética con la que los drones autónomos identifican los objetivos. “Si un carro de combate aparece una y otra vez en imágenes satelitales, el algoritmo aprende a reconocerlo y cuando lo hace, lo convierte en objetivo”, explica Álvarez. Con el Kallisto Shield el dron detecta el camuflaje, pero no identifica lo que hay debajo; todos los vehículos se ven totalmente iguales. “A una persona no la engañarías, pero a un algoritmo sí”, subraya orgulloso.

¿Lo más difícil? “La financiación”, responde sin dudar. Para poner a rodar el proyecto capitalizó el paro y tiró de ahorros. En total, 40.000 euros para empezar en una industria que mueve miles de millones. “No teníamos dinero e hicimos de nuestra capa un sayo”, afirma. Sin capacidad financiera decidieron probar la idea con simuladores, en el mundo virtual, con la ayuda de una empresa ucrania. “Recreamos el campo de batalla en Ucrania, entrenamos a los algoritmos que se utilizan en defensa y pusimos a prueba nuestro sistema”, explica. Eso fue durante todo el año 2024, porque 2023 “fue la travesía en el desierto”, recuerda Álvarez. Los resultados no llegaron hasta principios de 2025. Entonces, llegó la buena noticia: el sistema engaña a los drones autónomos entre el 25% y 30% de los casos. Funcionaba. Sencillo, barato (montarlo cuesta máximo 3.000 euros por vehículo) y efectivo.

El viento comenzaba a soplar a favor. Además, las previsiones de Álvarez sobre el desarrollo de la tecnología militar se iban confirmando y el teléfono, mudo desde que comenzó el proyecto, empezaba a sonar. En definitiva, las noticias que llegan desde Ucrania certificaban el cambio en la naturaleza de la guerra. “Ya no es la artillería, ya no son los carros de combate, ya no es gente con AK-47 disparando a la gente. Ahora el 70% de las bajas están causadas por drones, que dentro de poco serán guiados por un algoritmo de inteligencia artificial”, pronostica Álvarez. Lo que en 2022 parecía ciencia ficción se confirmaba: la guerra moderna avanza hacia una guerra de algoritmos y ocultarse será imprescindible. “La guerra ha cambiado y nosotros somos parte de ese cambio”, apunta Álvarez.

Desde hace un año varias empresas, principalmente españolas, europeas y estadounidenses, han mostrado interés por el producto. Pero la inversión tarda en llegar por el nivel de incertidumbre. La start-up sigue a la espera de sus patentes nacionales —solicitadas en Estados Unidos, Ucrania, India, China, Europa y Australia— porque “sin ellas todavía no sabemos si podremos hacer dinero”, reconoce Álvarez. Este año espera que llegue la primera, también que se fabrique el primer prototipo para probarlo en el frente del Donbás en Ucrania. En 2025 facturó 90.000 euros y obtuvo un beneficio de 25.000, gracias, principalmente, a los trabajos de consultoría internacional de Álvarez. A pesar de las dificultades, es optimista. “Creo que este año vamos a dar un gran salto”, pronostica.

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