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La UE impulsa el papel del euro en los mercados de capitales para ganar terreno frente al dólar

El Eurogrupo insta a reforzar la soberanía monetaria ante el riesgo de que las divisas se conviertan en un arma

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, habla con el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, y la comisaria de Asuntos Financieros, Maria Luís Albuquerque. Olivier Hoslet (EFE)

El euro y las inversiones vinculadas a la moneda única en los mercados de capitales han ganado terreno desde que Donald J. Trump ha vuelto a la Casa Blanca. Y la UE quiere que esta senda se mantenga. Es una vía, entienden sus instituciones y los Estados miembros, de avanzar en la seguridad económica en tiempos de grandes tribulaciones geoestratégicas. “Un papel internacional más importante del euro puede ser una piedra angular en nuestra estrategia para reducir riesgos y contribuir a la estabilidad económica y financiera”, ha justificado el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, al acabar la reunión del Eurogrupo, los ministros de Finanzas de la zona euro. Cinco de ellos, los representantes de las economías más grandes, más el de Polonia, se han visto antes y también han marcado este objetivo en rojo en su agenda, según han explicado al acabar su encuentro.

A los ministros, es decir, el Consejo de la UE, y a la Comisión, les acompaña en este propósito el BCE (Banco Central Europeo) con hechos. Su presidenta, Christine Lagarde, también presente este lunes en la cita del Eurogrupo, había anunciado dos días antes en Múnich líneas de liquidez en euros para todos los bancos centrales del mundo: un paso que también busca evitar turbulencias a la moneda única.

“A la luz de los recientes acontecimientos geopolíticos, existe el riesgo de que el sistema financiero y monetario internacional se utilice como herramienta política. Para nosotros, es fundamental salvaguardar el papel internacional del euro. Es muy importante para la soberanía monetaria de la UE”, ha explicado el presidente del Eurogrupo, Kiriakos Pierrakakis. Estas palabras encierran una línea de continuidad con el anuncio de Lagarde del otro día. Las líneas de liquidez anunciadas por Lagarde pretenden que, ante situaciones de falta de liquidez en euros en los mercados, otros bancos centrales puedan recurrir a ella y no vender en masa bonos u otro tipo de activos ligados a la moneda única con la consiguiente desestabilización.

Para reforzar el papel de la moneda única, defiende este sexteto que ha llegado el momento, entre otras cosas, de “tener un euro digital y un sistema de pagos europeo”, en palabras del alemán Lars Klingbeil. Es una de las cuestiones, por ahora, que despierta más consenso entre ellos y de ahí que sea uno de los elementos más concretos de la declaración hecha al final del encuentro. Más complicado es encontrar puntos en común cuando se habla de emisiones de deuda conjuntas y de eurobonos, un activo que, sin duda, aumentaría el atractivo de la divisa europea para las inversiones. Ya se pudo apreciar en el retiro de líderes la semana pasada para hablar sobre cómo relanzar la competitividad de la economía europea; España, Francia o el propio BCE apostaban por abrir este debate, pero el habitual rechazo de Alemania y otros socios lo hizo imposible.

Ante la dificultad de explorar permanentemente esta senda —hasta que aparecen momentos de emergencia como la pandemia y el Fondo de Recuperación o la financiación de las necesidades crediticias de Ucrania—, los Estados miembros van avanzando en otras que sirvan para profundizar, con menos ambición, en el mercado único de capitales. Y ahí encajan propuestas como las que ha lanzado España para establecer una plataforma de titulización que favorezca las emisiones de deuda corporativa en el continente. Se trata de crear grupos de países dispuestos a avanzar en aspectos concretos de la Unión de Ahorros y Capitales (SIU, por sus siglas en inglés) y, llegado el caso, si se ve necesario, dar el paso de formalizarlo institucionalmente con una cooperación reforzada. “El ritmo de los debates a nivel europeo no es el adecuado para afrontar los retos que tiene Europa”, ha apuntalado Lingbeil al llegar a la reunión del Eurogrupo en Bruselas.

Esto último es, exactamente, lo propuesto por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la carta previa a la reunión de líderes de la semana pasada: una Europa a varias velocidades cuando no hay unanimidad para avanzar en conjunto. “Nuestra ambición debería ser siempre lograr acuerdos entre los 27 Estados. Sin embargo, donde haya falta de avances o ambición que erosionen la competitividad, no debemos huir de usar las herramientas previstas en el tratado como la cooperación reforzada”, explicaba la alemana, que tras semanas sondeando a líderes, ha marcado como prioridad para 2026 avanzar en la unión del mercado de capitales.

Construir este mercado, ahora fragmentado (como el bancario), reforzaría el papel del euro como alternativa al dólar. En los últimos meses, fruto de la errática política económica de Trump, el billete verde ha perdido atractivo frente a la moneda única que se ha revalorizado en torno al 14% o el 15%. Consolidar esta tendencia es un objetivo claro de las instituciones europeas para alcanzar la seguridad económica.

“A medida que la política industrial se vuelve más asertiva, aumentan las tensiones geopolíticas y se interrumpen las cadenas de suministro, es probable que el estrés en los mercados financieros se vuelva más frecuente. Debemos evitar una situación en la que ese estrés provoque ventas masivas de valores denominados en euros en los mercados de financiación mundiales, lo que podría obstaculizar la transmisión de nuestra política monetaria. Y esto significa que debemos dar a los socios que desean realizar transacciones en euros la confianza de que dispondrán de liquidez en euros si la necesitan”, argumentó Lagarde en Múnich el sábado.

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