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La producción de oro se estanca pese a la arrolladora demanda de los inversores

Las mineras extrajeron en 2025 la misma cantidad del metal precioso. El menor consumo en joyería y el freno en las compras de los bancos centrales ante unos precios desorbitados abastecen al inversor institucional

El oro está en subida libre y, salvo catástrofe económica, no parece haber motivos para que detenga su ascenso, aunque lo haga a un ritmo mucho más pausado del visto hasta ahora. Su precio corrigió con fuerza este viernes, pero aun así ha trepado en el primer mes del año cerca del 20%, en su mejor enero desde 1980. El avance llega después de tres años al alza en los que ha pasado de 1.900 a 5.500 dólares la onza. Su ascenso está sostenido tanto por los bancos centrales como por una masa de inversores institucionales que buscan rebajar su exposición al dólar y los activos estadounidenses en un mundo en el que el epicentro de los riesgos geopolíticos —y también financieros— está en Estados Unidos. ¿Pero hay oro para tanta demanda?

El oro es sinónimo de dinero desde tiempos inmemoriales a causa, sobre todo, de su escasez. Así, con la subida de los precios las compañías mineras apenas han elevado la oferta: suministraron al mercado el pasado año un total de 3.598 toneladas de oro, en línea con la producción del año anterior, según datos del World Gold Council, la organización internacional formada por el sector minero y que es referente obligado entre economistas e inversores. A ello se suma el oro reciclado, procedente del procesamiento de joyas o de componentes electrónicos, y que en 2025 representó cerca del 30% del suministro mundial, unas 1.400 toneladas. “Aproximadamente tres cuartas partes la demanda se satisfacen con oro recién extraído, pero la oferta aumenta poco, lo que proporciona un contexto favorable a largo plazo para el mercado”, reconoce en World Gold Council.

Con una oferta rígida, los precios sí reajustan la demanda: la carestía del metal hace descender la demanda para la joyería, a la vista de unos precios inasumibles para los consumidores particulares. Incluso los bancos centrales han refrenado sus compras en el cuarto trimestre de 2025. Así, la demanda inversora trepó el 84%, hasta las 2.175 toneladas. El consumo para joyería descendió el 18% y la demanda de bancos centrales retrocedió el 21%. “No existe ninguna brecha entre la oferta y la demanda”, explica Carsten Menke, director de investigación de Next Generation de Julius Baer, que comenta que la escalada del precio “no es consecuencia de una escasez de oro, sino de una disposición cada vez mayor a pagar por parte de inversores privados e institucionales, así como de bancos centrales”.

La producción de oro que finalmente llega a convertirse en un codiciado lingote, protegido en la cámara acorazada de algún banco central, apenas ha aumentado en los últimos años, pese a una demanda creciente. A lo largo de la historia se han extraído unas 209.000 toneladas de oro: el que está depositado en esas cámaras acorazadas y, en mayor medida, el convertido en joyas. Para Matthew Michael, analista de materias primas y deuda emergente de Schroders, resulta sorprendente la estabilidad de la oferta teniendo en cuenta el contexto actual de precios récord. “La limitada respuesta de la oferta plantea interrogantes sobre la capacidad del sector para crecer, lo que, a su vez, tiene importantes implicaciones para el equilibrio futuro entre la oferta y la demanda y la dinámica de los precios a largo plazo”, detalla. “La minería de oro es un proceso lento e intensivo en capital. Esto implica que la cantidad de oro disponible apenas cambia de un año para otro y, por tanto, las variaciones en el precio del oro vienen determinadas, en gran parte, por los cambios en la demanda“, señala Juan Pérez Bonilla, del departamento de análisis de Ibercaja Gestión.

El desarrollo de una nueva mina es un proceso largo y costoso que puede durar alrededor de 10 años. Además, el sector ya obtiene unos jugosos márgenes de negocio con los precios actuales. Según apunta Bonilla, “el coste marginal de extracción se encuentra en torno a los 2.000 dólares la onza. Y el 90% de la producción mundial del oro se realiza a un coste inferior a esa cifra”. A favor de que no haya desajustes extremos entre oferta y demanda juega al menos que ninguna región del mundo produce más del 25% de la oferta global total. “Esto ayuda a reducir riesgos de falta de oferta y contribuye a la relativa baja volatilidad del oro, en comparación con otras materias primas cuya producción se encuentra geográficamente más concentrada y expuesta a riesgos climáticos o geopolíticos”, concluye el experto de Ibercaja.

De la mina al lingote

Una vez extraído, comienza el camino del oro hasta su conversión en lingote, para lo que debe pasar un proceso de refinado. El objetivo es purificar el metal bajo estándares internacionales de calidad, una tarea en la que Suiza cuenta casi con el monopolio: procesa alrededor del 70% del oro en el mundo. “El oro en bruto se funde y se refina, a menudo hasta alcanzar una pureza de alrededor del 99,99%”, explica Menke.

Terminado el refinado, llega el turno de los denominados bullion banks, bancos de inversión de metales preciosos que se encargan de negociar grandes volúmenes de oro a diario y facilitan las transacciones entre compradores y vendedores. De hecho, la mayoría del oro se intercambia diariamente en mercados sin intermediarios y donde comprador y vendedor negocian directamente, conocidos como OTC (over the counter por sus siglas en inglés). El más importante es el London Bullion Market, que establece el precio de referencia. El Shanghai Gold Exchange es el principal mercado OTC de oro físico en China y el neoyorquino Comex es el principal mercado de futuros de oro y fondos cotizados (ETF).

En esa cadena de valor hasta convertirse en un activo negociable, las refinerías están obligadas a garantizar la trazabilidad completa de su suministro y a verificar que el oro no provenga de zonas de conflicto ni de prácticas ilegales, según explica Eric de Tessières, director general de Sostenibilidad del Grupo en Edmond de Rothschild. El brillo del oro ha quedado eclipsado a menudo por prácticas abusivas que vulneran los derechos humanos y por la contaminación por mercurio, empleado para su extracción. El experto explica que hasta un 25% de la producción mundial de oro podría proceder de industrias artesanales o informales fuera de control. “Invertir en oro de manera indiscriminada implica una exposición a riesgos de cumplimiento, reputacionales y de sostenibilidad. Estos problemas van más allá del ámbito de la sostenibilidad: afectan directamente a la calidad de los activos y a la credibilidad de las instituciones financieras que los respaldan”, advierte Tessières.

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