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Las baterías se abren paso como complemento imprescindible para las renovables

El almacenamiento químico duplicó su ritmo de crecimiento en 2023, según la AIE. En la última década, su coste ha caído en un 90%

Ignacio Fariza
Varias baterías, junto a un parque eólico y solar en Países Bajos.
Varias baterías, junto a un parque eólico y solar en Países Bajos.Mischa Keijser (IMAGE SOURCE / GETTY IMAGES)

Las baterías han llegado para quedarse. El crecimiento de estos sistemas de almacenamiento, llamados a desempeñar un papel esencial en la transición a las renovables, se duplicó con creces el año pasado: se añadieron 42 nuevos gigavatios (GW) a los sistemas eléctricos de todo el mundo. Unas cifras que le convierten, según un reciente monográfico de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en la tecnología de energía limpia de más rápido crecimiento.

España está viviendo esta primavera una situación prácticamente sin precedentes: precios cero, e incluso negativos, de forma recurrente en las horas centrales del día —en las que se genera más electricidad de la que se consume— y centrales de gas únicamente encendidas a la hora del desayuno y de la cena, cuando la demanda crece con fuerza y las renovables no dan abasto. Esta coyuntura, provocada por una tríada renovable —hidroeléctrica en máximos, buen tono eólico y una potencia fotovoltaica que no deja de crecer—, irá a más en los próximos años. Y obligará a instalar sistemas que permitan almacenar la energía sobrante cuando hace sol y dedicarla a cubrir la demanda al amanecer y cuando ya ha atardecido. Las baterías, aún minoritarias, a diferencia de lo que ocurre en Alemania o California, están llamadas a jugar un papel clave en ese proceso.

Además de evitar el desperdicio de energía verde en los picos de generación, estos sistemas mejoran la rentabilidad de las muy necesarias inversiones en renovables, sosteniendo los precios en los tramos horarios en los que más producen. En un plano más macro, completa la Agencia, también ayudan a aliviar la congestión de la red en los momentos en los que la oferta de energía es máxima, y a controlar el voltaje y la frecuencia. Una navaja suiza llamada a marcar el futuro de la energía en las próximas décadas.

“El juego está cambiando”

La combinación de solar fotovoltaica —la forma más barata de generar electricidad en prácticamente todo el mundo— con baterías es ya capaz de competir de tú a tú en costes con las nuevas centrales de carbón en países como la India. En otros emergentes, como en China, lo hará muy pronto. “Y en pocos años también serán más baratas que las centrales de gas en Estados Unidos”, apunta el jefe del brazo energético de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Fatih Birol. “El juego está cambiando”.

El gran reto ahora es acelerar el paso. Para poder cumplir los objetivos climáticos, el organismo con sede en París pide sextuplicar la capacidad de almacenamiento de energía en todo el mundo de aquí a 2030. Las baterías —que aún requieren, en muchos casos, incentivos públicos, aunque no por mucho tiempo— deberían cubrir el 90% de ese crecimiento, con los sistemas de bombeo hidráulico aportando el 10% restante. “Quedarnos cortos [con el almacenamiento] pondría en riesgo la transición”, avisa.

La capacidad productiva no debería ser un problema: se ha más que triplicado en solo tres años. Un potente acelerón liderado por China, donde hoy se fabrican el 85% de los dispositivos de almacenamiento químico. En comparación, Europa, EE UU y Corea del Sur suman apenas un 10%. Este desequilibrio, sin embargo, debería suavizarse en los próximos años: cuatro de cada diez nuevas plantas de ensamblaje en camino están Occidente.

Coche eléctrico

Los mimbres son cada vez más sólidos. Con una trayectoria similar a la que dibujó en su día la fotovoltaica, los continuos avances tecnológicos de los 15 últimos años han permitido reducir en más de un 90% el coste de las baterías, en su mayoría de litio. “Es una de las bajadas más rápidas de cuantas se han visto en las tecnologías de energías limpias”, subrayan los técnicos de la AIE, que atisban dos grandes usos: la citada estabilización de los sistemas eléctricos en los que —como en el caso de España— las renovables ya tienen un gran peso específico, y la electrificación del transporte, con más de 45 millones de vehículos a pilas circulando ya en todo el mundo y reduciendo el consumo de petróleo.

Aunque los precios son cada vez más competitivos, la previsible rebaja adicional en los próximos años ayudará a acelerar su despegue, con modelos cada vez más accesibles para todos los bolsillos. “Cada vez más coches eléctricos tendrán un precio de venta inferior al de los de gasolina y gasóleo”, atisba. “Y muchos otros costarán algo más, pero ahorrarán dinero a sus usuarios durante años”.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.
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