La segunda oportunidad de Adam Neumann, el genio detrás de WeWork

El excéntrico empresario, quien fue obligado a abandonar la compañía de ‘coworking’ que fundó, vuelve con la promesa de revolucionar el mercado de la renta de apartamentos en Estados Unidos

Adam Neumann habla en enero de 2019 durante una conferencia de creadores de WeWork, en Los Ángeles.
Adam Neumann habla en enero de 2019 durante una conferencia de creadores de WeWork, en Los Ángeles.Michael Kovac (Getty Images for WeWork)

Quien crea que no hay segundas oportunidades en Silicon Valley que se acerque a la vida de Adam Neumann. Hollywood intentó con la serie We Crashed, de Apple, hacer una moraleja de la historia de este empresario israelí de 43 años, quien voló demasiado cerca del sol con WeWork, la firma de coworking que fundó en 2010 y que llegó a valorarse en 47.000 millones de dólares, con 425 propiedades en 27 países y más de 400.000 miembros. Neumann, obsesionado en convertirse en un multimillonario, fue forzado a abandonar la compañía en 2019, después de haber fracasado con la salida a Bolsa y por su extravagante forma de liderazgo en una compañía que transformó los bienes raíces en los últimos años hasta que la pandemia hizo añicos la vida en la oficina.

Pero Adam Neumann está de vuelta menos de tres años después de aquello. Su retorno se encuentra respaldado por Marc Andreessen, uno de los inversores más importantes de Silicon Valley, quien financió Facebook y Airbnb en sus etapas más tempranas. Su firma, Andreessen Horowitz, ha apostado con una inversión de 350 millones de dólares en la nueva compañía del excéntrico ejecutivo, Flow, que comenzará a operar a inicios del próximo año. Neumann, quien llegó a tener siete casas, pretende ahora revolucionar el mercado de las rentas de departamentos en EE UU, un país donde escasea la vivienda.

Desde inicios de 2020, pequeñas compañías ligadas a Neumann han adquirido bloques de edificios. En total, han comprado más de 4.000 apartamentos recientemente construidos en varias ciudades de Estados Unidos, entre estas Miami y Atlanta. También lo han hecho en algunos suburbios. En Nashville, Tennessee, por ejemplo, el empresario se hizo con un bloque de 268 unidades que tiene entre sus amenidades una piscina con agua salada, un servicio especial de recogida de basura y un parque privado para que los vecinos paseen a sus perros. Otra urbanización, en Fort Lauderdale (Florida), permite rentar habitaciones dentro de los 639 pisos que tiene e incluye un área de arte para el disfrute de los vecinos y un cine al aire libre. D.J. Mauch, un socio del empresario desde hace varios años, dijo a The a Street Journal en enero que buscan llegar a los jóvenes profesionistas que alquilan apartamentos en algunas de las “ciudades más vibrantes, que está, redefiniendo el futuro de la vivienda”.

Es esto lo que ha hecho tan atractiva la nueva aventura de Neumann al capital de riesgo. “Es natural que esta sea su nueva aventura después de WeWork”, escribió Marc Andreessen en una entrada del blog de la empresa el domingo pasado, donde anunciaba su respaldo al empresario, a quien llamó un “líder visionario” capaz de cambiar paradigmas. “Adam vuelve al tema de conectar a las personas mientras transforma los espacios físicos y construye comunidad donde la gente pasa la mayoría del tiempo: sus hogares”, afirmó el inversor, quien inventó el navegador Netscape y quien se ha construido una reputación por poner dinero detrás de ideas audaces.

Andreessen espera que Flow sea la respuesta a la escasez de vivienda, uno de los problemas más notorios de las grandes ciudades de Estados Unidos. Las nuevas edificaciones se han visto lastradas por estrictas normativas de vivienda impuestas por los gobiernos locales y el rechazo de los vecinos por permitir bloques que impacten el valor de sus propiedades. Los intentos de la Reserva Federal por controlar la inflación, la más alta en 40 años, ha disparado los precios. Este año, el coste promedio de una casa unifamiliar superó los 410.000 dólares, un incremento de más de 35% comparado con 2020. De acuerdo con Freddie Mac, una corporación del Gobierno de préstamos hipotecarios, el país necesita 3,8 millones de viviendas. Moody’s la cifra en algo menos, unos 1,5 millones de unidades. Esta falta ha ayudado también al veloz crecimiento de la población sin techo en ciudades como Los Ángeles, Nueva York, San Francisco, Austin, Phoenix, entre otras.

“Menos casas fueron construidas en la década que siguió a la Gran Recesión (2008) comparada a cualquier década desde 1960, lo que ha constreñido la oferta y ha fallado en mantener el ritmo frente a la demanda y a la formación de familias”, aseguró la Casa Blanca en mayo, cuando anunció un plan para impulsar la construcción de nuevas viviendas. El Gobierno del presidente Joe Biden pretende recompensar a los condados que hagan más laxas las políticas de construcción con acceso a préstamos con mejores condiciones. La Administración se ha propuesto que este sea el año en que más se edifique desde 2006.

Mercado apetitoso

Flow, creen sus inversores, tiene la oportunidad de ser un revulsivo en un mercado anquilosado, pero muy apetitoso. Se calcula que unas 17 compañías especializadas en el mercado de las rentas han conseguido levantar financiamiento por 1.300 millones de dólares en los últimos nueve meses. La empresa de Neumann pretende generar lazos vecinales fuertes para una generación que tiene la idea de que es imposible comprar una casa en un tiempo donde la pandemia transformó el trabajo: los jóvenes ya no tienen que mudarse a una nueva ciudad después de encontrar un empleo.

Esta apuesta coincide con una de las ideas tempranas de Neumann, quien habló hace 20 años de una empresa dedicada a la covivienda frente a su clase en la universidad Baruch de Nueva York. La propuesta, como puede verse en la serie de ficción donde Jared Leto encarna al empresario, fue rechazada por su profesor, dando origen a otra de las leyendas urbanas de la cultura del emprendimiento.

Cuando se encontraba en la cima de WeWork, Neumann exploró esta iniciativa con WeLive, que permitía a los usuarios rentar cuartos en apartamentos amueblados en Nueva York y en el Estado de Virginia. Esta rama del negocio fue cortada una vez que los inversionistas lograron deshacerse de él. La compañía llegó a perder 100 millones de dólares por semana, mientras su principal ejecutivo rentaba un avión privado para ir a hacer surf a Hawái y mantener su aura de gurú del emprendimiento. Un séquito iba con él a todos lados, entre estos había un estilista para él y su esposa, Rebekah, con la que tiene seis hijos.

En el libro Billion Dollar Loser, Reeves Wiedeman cuenta una escena sucedida en Summit, la popular conferencia/retiro para los empresarios y líderes de Estados Unidos. “¿Sabes cuánto tiempo toma para que un diamante se haga?”, preguntó de forma retórica Neumann a un periodista que estaba presente. “De medio millón a cuatro millones de años. Amo esa analogía: para hacer algo precioso tienes que someterlo a una gran presión”, dijo entonces. Neumann necesitaba tiempo. Ahora tiene una segunda oportunidad y un gran respaldo. “Solo proyectos con una meta tan elevada tienen la oportunidad de cambiar el mundo”, aseguró Andreessen la semana pasada.

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Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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