Twitter contra Elon Musk, cuenta atrás para el pleito del siglo

A dos meses del juicio, el magnate y la red social exponen su estrategia en sus escritos ante el juzgado de Delaware

Elon Musk, saliendo de un juzgado de Manhattan (Nueva York) en 2019, en una imagen de archivo.
Elon Musk, saliendo de un juzgado de Manhattan (Nueva York) en 2019, en una imagen de archivo.BRENDAN MCDERMID (REUTERS)

El pleito del siglo está ya en marcha. Aunque las sesiones de la vista oral están programadas para mediados de octubre, la demanda de Twitter contra Elon Musk suma ya cientos de folios en el juzgado mercantil de Delaware que dirimirá si el magnate está obligado a comprar la red social por 44.000 millones de dólares (unos 43.000 millones de euros), como había acordado. Tras completar la demanda inicial, Musk ha acusado a Twitter de engañarle y la empresa le ha contestado con una mezcla de ironía y contundencia.

El hombre más rico del mundo no lo debe ver del todo claro. Acaba de vender acciones del fabricante de automóviles eléctricos Tesla por valor de 7.000 millones por si acaso se ve obligado a comprar la red social o a pagar una indemnización. En la reciente junta de accionistas de Tesla le preguntaron si se dedicaría más a esa compañía o a gestionar Twitter y bromeó: “Creo que a Tesla le seguiría yendo muy bien aunque me secuestraran los extraterrestres o me volviera a mi planeta de origen”, dijo, provocando risas y aplausos. “Para ser franco, no tengo una respuesta fácil”, añadió.

El análisis de los escritos presentados hasta ahora en el juzgado muestra cómo Musk se lanzó a la operación sin hacer los deberes habituales en estos casos y firmó un contrato que le dejaba pocas escapatorias. Los abogados de Twitter tienen por ahora una argumentación con pocas fisuras y mejor pluma en sus escritos. Van ganando. Aun así, los letrados de Musk están buscando recovecos legales y han puesto sobre la mesa toda clase de defensas. Y el magnate siempre es capaz de sacarse algún conejo de la chistera.

Un juicio rápido

Va a ser un juicio rápido. Kathaleen McCormick, de 42 años, es la encargada de resolver el caso. No habrá jurado. El pleito se dirime en un juzgado de equidad de Wilmington, en el Estado de Delaware, la capital empresarial de Estados Unidos. Hay más empresas —al menos de gran tamaño— domiciliadas en Delaware que en los otros 49 Estados juntos, como recuerda habitualmente Joe Biden, nacido en Scranton (Pensilvania), pero asentado allí. Delaware ofrece una fiscalidad ventajosa y una regulación flexible.

El Tribunal de la Cancillería de Delaware forma parte de ese ecosistema. Se creó en 1792, poco después de la independencia de Estados Unidos, y en el último siglo se ha convertido en árbitro de las grandes disputas corporativas estadounidenses. Sus jueces están especializados en asuntos mercantiles y las empresas los prefieren. Ha dirimido batallas empresariales de gran calibre, opas, fusiones y demandas de todo tipo, con casos como el de R. J. Reynolds y Nabisco, la fusión de Time Warner, la de HP y Compaq o el enfrentamiento entre LVMH y Tiffany, pero probablemente ninguno de ellos haya unido como este caso la trascendencia mediática (el excéntrico hombre más rico del mundo contra la popular red social) y la económica (44.000 millones de dólares en juego).

McCormick ha programado las sesiones del juicio para la semana del 17 al 21 de octubre. Eso ha sido una primera derrota para Musk, que quería dilatar el proceso y que el juicio fuese en febrero de 2023. La juez o canciller ha marcado un calendario acelerado de solicitud y entrega de documentos, citaciones, declaraciones, petición de expertos, listas de testigos y vista previa.

Las dos partes han empezado a moverse. Musk ha pedido que los bancos asesores de Twitter, JP Morgan Chase y Goldman Sachs, aporten toda la documentación relativa a la operación de que dispongan. Twitter ha solicitado citaciones para que declaren socios habituales, amigos y aliados de Musk, entre ellos el fundador y jefe de Oracle, Larry Ellison, que también es consejero de Tesla; el cofundador de Paypal, Jason Calacanis, inversor de Uber y Robinhood y socio en la operación, y David Sacks, cofundador de Paypal, que ha respondido de una forma no muy decorosa en las redes sociales.


Estrategias sobre la mesa

Mientras, los documentos registrados en el juzgado de Delaware dejan claro por dónde irán las estrategias de las partes antes del juicio. La demanda de Twitter empieza con fuerza: “En abril de 2022, Elon Musk firmó un acuerdo de fusión vinculante con Twitter, prometiendo hacer todo lo posible para que el acuerdo se llevara a cabo. Ahora, menos de tres meses después, Musk se niega a cumplir sus obligaciones con Twitter y sus accionistas porque el acuerdo que firmó ya no sirve a sus intereses personales. Habiendo montado un espectáculo público para poner a Twitter en juego, y habiendo propuesto y luego firmado un acuerdo de fusión favorable al vendedor, Musk aparentemente cree que él —a diferencia de cualquier otra parte sujeta a la ley de contratos de Delaware— es libre de cambiar de opinión, destrozar la empresa, interrumpir sus operaciones, destruir el valor de los accionistas y marcharse”.

Twitter recuerda que Musk presentó su oferta como un “lo tomas o lo dejas”, pero que no puso condiciones relativas a una revisión a fondo (due diligence) de la empresa ni a la financiación. Y sostiene que ahora quiere incumplir el acuerdo porque ha caído la Bolsa. La red social señala que la estrategia de Musk es todo un ejemplo de “hipocresía”. Tras decir que quería comprarla para limpiarla de spam y de cuentas falsas, luego argumentó que estas últimas eran el problema que le impedía cerrar el acuerdo.

También le acusa de “mala fe” porque el acuerdo de compra le permitía ir pidiendo algo de información antes del cierre, pero Musk la ha estado pidiendo no para cerrar la operación, sino para tratar de romperla. “Musk ha estado trabajando furiosamente, aunque infructuosamente, para tratar de demostrar que la empresa que prometió comprar y no desprestigiar ha hecho tergiversaciones relevantes sobre su negocio a los reguladores e inversores”.

Tres motivos para romper

La demanda de Twitter revela que, en realidad, Musk alegó tres motivos para romper el acuerdo. El primero, que Twitter habría incumplido sus obligaciones de cooperar y facilitarle información para cerrar el acuerdo. El segundo, supuestas “representaciones relevantemente inexactas” en el acuerdo de fusión que en teoría es “razonablemente probable” que tengan un “efecto relevante adverso” y con ello se refiere a que el volumen de cuentas de usuarios falsas es mayor al declarado. Y el tercero, el presunto incumplimiento del pacto de gestionar la empresa de forma ordinaria hasta el cierre de la operación, por haber despedido a ciertos empleados, ralentizar la contratación y no retener al personal clave. En su escrito, Twitter desmonta uno por uno esos supuestos motivos.

La demanda es un relato desde dentro de cómo transcurrieron las negociaciones. Tras comprar más del 9% del capital, Musk dijo al consejero delegado de Twitter, Parag Agrawal, que tenía en la cabeza tres opciones: entrar en el consejo de Twitter, comprar toda la compañía o fundar un competidor. Twitter le ofreció un puesto en el consejo y Musk lo aceptó el 5 de abril, pero unos días después, el 9 de abril, cambió de idea y dijo que quería comprar la compañía. Presentó su oferta. Inicialmente dijo que estaba sujeta a condiciones sobre la financiación y a una revisión a fondo (due diligence), pero luego retiró esas condiciones. Sus abogados presentaron un borrador de acuerdo favorable al vendedor para cerrar un pacto lo antes posible. Los abogados de Twitter aún lograron algunas concesiones más, en particular el derecho a contratar o despedir empleados hasta el cierre de la operación sin tener que lograr el consentimiento de Musk

En el acuerdo, Musk aseguraba que había “llevado a cabo a su satisfacción, su propia investigación, revisión y análisis independiente de los negocios, resultados de las operaciones, perspectivas, condición (financiera o de otro tipo) o activos” de Twitter. La red social se comprometía a facilitar a Musk información sobre la compañía que facilitase el cierre de la operación. El magnate prometía no atacar a la empresa ni sus directivos en sus tuits.

Twitter recuerda cómo la Bolsa cayó, arrastrando a otras empresas del sector y castigando también duramente a Tesla. La red argumenta que el multimillonario decidió echarse atrás al darse cuenta de que había ofrecido un precio, 54,20 dólares, demasiado alto. “Musk quería un escape. Pero el acuerdo de fusión le dejaba poco margen. Sin ninguna condición de financiación o diligencia, el acuerdo no daba a Musk ninguna salida si no se producía un efecto relevante adverso de la empresa o un incumplimiento del pacto relevante por parte de Twitter. Musk tuvo que tratar de conjurar uno de ellos”, afirma Twitter.

Falsos usuarios

La demanda describe cómo Musk decía que quería comprar Twitter para purgar sus falsos usuarios y que habría que hacerlo sin que la compañía cotizase porque haría “que los números parezcan terribles”. También subraya que en el acuerdo ni siquiera se menciona a las cuentas falsas, que Musk hizo su oferta sin pedir información sobre las mismas y que renunció a una revisión previa de la compañía.

Sin embargo, en las primeras reuniones para pedir información, Musk se interesó por el modo en que Twitter contabilizaba sus usuarios y, en particular, los usuarios activos diarios monetizables (mDAU), una medida a la que la red da importancia porque son quienes pueden ver publicidad o, eventualmente, podrían ser futuros suscriptores. A Musk no le convencieron las explicaciones y el 13 de mayo, sin previo aviso a la compañía, tuiteó que el acuerdo quedaba “temporalmente en espera” hasta saber cómo calculaba la red social que tenía menos de un 5% de cuenta falsas en ese parámetro. Dos horas después, tras hablar con los directivos de Twitter, tuiteó que seguía “comprometido” con el acuerdo.

El compromiso duró poco. El 17 de mayo volvió a la carga y a las argumentaciones técnicas didácticas y detalladas del jefe de Twitter, contestó con el emoticono de la caca sonriente, un mensaje para la historia.

Twitter sostiene que no paró de dar información a Musk, que le abrió la manguera de su actividad en bruto, 49 tebibytes de datos, pero no fue suficiente para el magnate que se instaló, según la demanda, “en una realidad alternativa”, según la cual la empresa no le daba ninguna información. Los abogados llegaron a pedir los correos electrónicos, mensajes de texto y otras comunicaciones internas sobre esos temas. Twitter sospechaba que lo que buscaba Musk era un pretexto para romper el acuerdo y no accedió a algunas de esas peticiones.

En una reunión el 30 de junio, asegura Twitter, Musk reconoció que ni siquiera había leído el informe que le entregaron en mayo sobre el proceso de muestreo para estimar el porcentaje de cuentas falsas y tampoco accedió a reunirse para recibir esas explicaciones detalladas.

En cuanto a los despidos, Twitter recuerda que se reservó ese derecho y además subraya que Musk insistía en que había que ser más agresivo en el recorte de costes y plantilla. Con respecto a las salidas de empleados, la red social argumenta no solo que los empleados tienen derecho a irse sin que se les pueda impedir, sino que además Musk se negó a autorizar los planes de retención.

La respuesta de Musk

El escrito de contrademanda argumenta que Musk renunció a comprobaciones previas guiándose por el principio de “comprueba, pero verifica”. Y que cuando fue a verificar, llegó a la conclusión de que Twitter había estado engañando al mercado durante años y registrando información falsa en la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (la SEC). “Las numerosas tergiversaciones u omisiones relevantes que distorsionan el valor de Twitter”, sostiene, hicieron que acordara “adquirir la empresa a un precio inflado”.

Asegura que “Twitter estaba contando mal el número de cuentas falsas y de spam en su plataforma, como parte de su esquema para engañar a los inversores sobre las perspectivas de la empresa, centrándose en sus supuestos cientos de millones de mDAU”. Además, luego dice que la cifra de usuarios diarios activos monetizables no es tan importante como Twitter la pinta. Y que llamarles monetizables es confuso porque incluye a muchos muy poco activos.

Los abogados hacen una proclamación de principios poco relevante jurídicamente. Dicen que “Musk es un ávido usuario de Twitter que cree en la libertad de expresión y el debate abierto y aprecia el papel de Twitter como plaza pública del mundo”, pero rechaza la “agresiva moderación de contenidos y suspensión de cuentas que propagan desinformación” porque el “remedio es peor que la enfermedad”.

“Musk creía que podía matar dos pájaros de un tiro”: eliminar el problema de las cuentas falsas, haciendo más amigable la red y “atraer a los más de 220 millones de mDAU que Twitter representaba como usuarios reales y monetizables, para crear un mayor compromiso e ingresos por suscripción”.

La contrademanda incurre en algunas contradicciones. Asegura que “Twitter cerró las puertas a la información en un intento desesperado por evitar que Musk y sus socios descubrieran su fraude”. Pero a la vez se basa en la información y los datos facilitados por la red social para concluir que como mínimo un 10% de esos usuarios diarios monetizales son falsos. El escrito también desliza otras críticas a la gestión de la empresa y su modelo de negocio.

“Cuando un largo mercado alcista estaba llegando a su fin y la marea estaba bajando, Twitter sabía que proporcionar a Musk y sus socios la información que estaban solicitando revelaría que Twitter había estado nadando desnudo”, sostiene. El magnate justifica no haber solicitado una revisión previa, una due diligence, porque en “esos procesos pueden ser costosos e ineficientes”. Pero que tiene derecho a romper el acuerdo si Twitter ha estado engañando al mercado.

Una y otra vez vuelve a la cifra de los mDAU y sostiene que esa fue la que sirvió a Morgan Stanley para sostener su valoración de 54,20 dólares por acción, aunque la terminación 420 siempre ha tenido algún significado especial para Musk. Pero que si hubiera sabido que la cifra de mDAU no era tan relevante, su valoración habría sido mucho menor.

Otra tesis de Musk es que Twitter se dio mucha prisa en cerrar el acuerdo porque el mercado estaba a punto de descubrir su fraude y sus ejecutivos habrían tenido que responder a preguntas incómodas al presentar los resultados del segundo trimestre, en el que al final no hubo conferencia con analistas por el acuerdo de fusión. Lo cierto es que el que marcó los tiempos parece claramente haber sido Musk.

Musk y sus socios decían que creían que esa estimación de menos de un 5% de mDAU falsos se calculaba “basándose en la automatización, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático” y luego supo (y desveló, saltándose el acuerdo) que se calculaba con 9.000 comprobaciones humanas trimestrales (100 diarias). Eso, sin embargo, es al margen de los procesos automatizados que permiten eliminar millones de cuentas cada semana, cosa que el fundador de Tesla no señala.

La contrademanda sostiene que la red social levantó frente a Musk “un muro de piedra” para no desvelar su metodología, que entró “en un interminable juego del gato y el ratón, con Twitter ocultando la verdad a cada paso” y que “repetía como un loro el mantra de que su proceso era robusto” sin aclararlo.

Una indemnización

Un poco a la desesperada, los abogados de Musk también sostienen que impugnar una decisión del Gobierno indio en relación con sus contenidos (como hizo Twitter en torno al 6 de julio) supone desviarse del curso habitual de los negocios de forma extraordinaria y que eso le faculta para romper el acuerdo. Es un argumento nuevo, que ni siquiera habían mencionado en la carta en que se comunicó la ruptura. Aunque Musk y sus socios apoyan la libertad de expresión, creen que Twitter debe seguir las leyes de los países en los que opera. También asegura que no haberle pedido permiso para dejar irse a empleados quebranta el acuerdo.

En definitiva, Musk acusa a Twitter de fraude, de violación de la legislación de valores y de ruptura de contrato. Pide no solo que se rescinda el acuerdo de fusión sino que además solicita “una indemnización por daños y perjuicios por un importe que deberá fijarse en el juicio”.

Entre sus defensas, afirma que como tal, Twitter no ha sufrido pérdidas y no tiene derecho “a recuperar las pérdidas sufridas por terceros, incluidos, entre otros, sus accionistas”. Y reitera que “el acuerdo de fusión fue inducido fraudulentamente”

Respuesta irónica

Eso da pie a la réplia de Twitter, el tercer y último documento de la serie registrado por ahora: “Según Musk, él —el multimillonario fundador de múltiples empresas, asesorado por banqueros y abogados de Wall Street— fue engañado por Twitter para que firmara un acuerdo de fusión de 44.000 millones de dólares. Esa historia es tan inverosímil y contraria a los hechos como parece”, señalan los abogados irónicamente.

Según ellos, las afirmaciones de la contrademanda “son inexactas en cuanto a los hechos, legalmente insuficientes y comercialmente irrelevantes”. “El acuerdo de fusión no contiene ni una sola referencia a las cuentas falsas o de spam”, subraya Twitter. Y dice que Musk esgrime de forma selectiva los datos confidenciales que le ha dado Twitter para alegar un incumplimiento. “Sin embargo, afirma simultánea e incoherentemente que Twitter incumplió el acuerdo de fusión al bloquear sus solicitudes de información”, apuntilla.

La red social explica que cuando Musk habla de un 10% de cuentas falsas “no está midiendo lo mismo que Twitter y ni siquiera está utilizando los mismos datos”. Y deja al magnate en evidencia al señalar que la herramienta web genérica usada por él señala a su propia cuenta como un probable bot. Musk tiene más de 100 millones de seguidores, una de las más seguidas en Twitter, y ha tuiteado más de 18.000 veces.

“Las estimaciones preliminares de expertos de Musk no son más que el resultado de computar los datos erróneos con una herramienta web genérica”, dice la red social. También sostiene que atacar su estimación basándose solo “en el tamaño de la muestra en relación con el tamaño de la población es un error estadístico elemental”.

“Musk y sus socios han pasado meses tratando de inventar un problema de divulgación de spam y no han encontrado nada. Sus quejas sobre la métrica mDAU ni siquiera figuraban entre los motivos de la rescisión: son una posición recién inventada”, señala también. Twitter subraya asimismo que su disputa legal con el Gobierno indio no es nada nuevo ni excepcional y que tampoco se esgrimió para romper la fusión en su momento. También refuta que, como decía Musk, sea su tercer mercado.

Aún caben sorpresas, pero así las cosas, Musk no lo tiene fácil. La juez McCormick es conocida por tratar de hacer cumplir las operaciones pactadas. Al magnate le queda la improbable posibilidad de movilizar a accionistas para votar contra la fusión en la junta de Twitter. O la opción de intentar negociar un acuerdo extrajudicial con una indemnización a la empresa. Si no, se lo jugará en el juicio.

Para Musk, la segunda quincena de octubre pinta dura. A la semana siguiente al juicio de Twitter, ante el mismo tribunal de Wilmington, afronta una demanda de un accionista de Tesla que pretende anular el paquete retributivo récord de 56.000 millones de dólares en acciones que recibió el fundador de la empresa. El accionista alega despilfarro y enriquecimiento injusto.





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Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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