Uniper, la mayor gasista alemana, pide el rescate asfixiada por los recortes del gas ruso

“No permitiremos la quiebra de empresas de importancia sistémica”, asegura el ministro de Economía y Clima

El consejero delegado de la energética alemana Uniper, Klaus-Dieter Maubach, este viernes durante una rueda de prensa en la sede de la compañía en Düsseldorf.
El consejero delegado de la energética alemana Uniper, Klaus-Dieter Maubach, este viernes durante una rueda de prensa en la sede de la compañía en Düsseldorf.INA FASSBENDER (AFP)

La guerra del gas consecuencia de la invasión rusa de Ucrania está haciendo mella en las empresas energéticas alemanas, especialmente en el gigante Uniper, el mayor comprador mundial de gas ruso. La compañía se ha convertido en la primera víctima del corte del gas ordenado por Moscú al pedir oficialmente el rescate al Gobierno alemán ante el riesgo de quiebra. Uniper asegura que no es capaz de hacer frente a los elevados costes del hidrocarburo en los mercados globales después de que la gasista estatal Gazprom redujera los envíos en dos tercios a mediados de junio. Berlín se plantea tomar medidas drásticas para proteger la economía.

La empresa se encuentra “bajo una extrema presión financiera” que la ha obligado a presentar una solicitud de “medidas de estabilización” que ahora habrá que concretar, pero que pueden ir desde préstamos más altos a la entrada del Estado en el accionariado, pasando por la posibilidad de repercutir de forma inmediata a los clientes los incrementos de precio. O una combinación de varias de estas medidas. El Ejecutivo que lidera el socialdemócrata Olaf Scholz dejó entrever hace unos días que está dispuesto a salir al rescate de la energética entrando en el capital. Hará “lo que sea necesario”, aseguró, para ayudar a las empresas afectadas.

Uniper, con sede en Düsseldorf y 12.000 empleados, juega un papel muy relevante en el suministro energético alemán. Entre otras cosas, proporciona energía a muchas administraciones públicas y gestiona 8.000 millones de metros cúbicos de almacenamientos. La reducción de los envíos desde Rusia la ha obligado a comprar en el mercado internacional a precios mucho más altos para poder satisfacer la demanda de sus clientes.

La propuesta de la energética apunta en primer lugar a la distribución de costes que permite la recién reformada Ley de Seguridad Energética alemana. En segundo lugar, prevé la inyección de más capital externo mediante el incremento de la línea de crédito del banco público KfW con la que ya contaba, unos 2.000 millones de euros todavía no utilizados. La empresa también propone que el Gobierno federal tenga “una participación relevante” en la propiedad.

El principal accionista de Uniper, el grupo finlandés Fortum, negocia con el Ejecutivo de Scholz cómo llevar a cabo la intervención. El Gobierno tiene que decidir si permite que Uniper traslade todos los costes y eleve los precios que cobra a sus clientes, para lo cual es probable que deba diseñar nuevos paquetes de ayuda para amortiguar el golpe a los hogares y las empresas en dificultades.

“Riesgo de colapso”

Berlín teme un “efecto Lehmans Brothers” en el mercado energético, como lo denominó el ministro de Economía y Clima, Robert Habeck, cuando anunció la activación del segundo nivel de alerta del plan nacional de emergencia energética en respuesta a los cortes del flujo de gas ruso. Todo el sistema “está en riesgo de colapso”, dijo. Uniper es la única energética que ha pedido ayuda, pero hay más en dificultades. Según el diario económico Handelsblatt, el Ejecutivo está hablando de posibles ayudas también con VGN, otro importador de gas con sede en Leipzig.

“La situación ya no es sostenible para nosotros, por eso hemos hecho la solicitud oficial de ayuda estatal”, reconoció el consejero delegado de Uniper, Klaus-Dieter Maubach, durante una rueda de prensa este viernes. “El Gobierno federal ha creado los instrumentos necesarios y ahora esperamos una solución rápida”, añadió en referencia a los cambios legislativos que permiten trasladar el coste adicional de la energía a los consumidores. Maubach alertó de que, con el precio actual de gas en los mercados internacionales, la empresa acumularía pérdidas de hasta 10.000 millones de euros en los próximos meses, y recomendó a los consumidores que se preparen para “una enorme ola de incremento de precios”.

Habeck evitó dar detalles del rescate, pero en una rueda de prensa este viernes afirmó: “Desde la política lo tenemos claro: no permitiremos que una empresa de importancia sistémica quiebre y como resultado cause turbulencias en el mercado energético global”. Alemania está en pleno proceso de llenado de sus depósitos de gas de cara a la temporada de frío. El ministro reveló que las instalaciones reciben entre un 0,3% y un 0,4% más de gas cada día, es decir, es un proceso lento. La prioridad del Gobierno consiste en llenar los depósitos, así que ha recurrido a las centrales térmicas de carbón para evitar gastar gas en la producción de electricidad.

“Tenemos suficiente gas, el suministro está asegurado”, subrayó Habeck, pero recordó que el precio que se está pagando es “inmensamente alto” por lo que es normal que las empresas acusen problemas financieros. El Gobierno elegirá la opción que sea “mejor y más barata para Alemania, para los consumidores alemanes, para los contribuyentes alemanes y para el Estado alemán, y la más segura para la seguridad del suministro”, añadió Habeck.

Desde mediados de junio, Alemania solo recibe el 40% del gas que tenía contratado a través del gasoducto Nord Stream 1. La tubería del mar Báltico es actualmente la principal fuente de suministro del gas ruso después de que Moscú dejara sin servicio el gasoducto Yamal-Europa y redujera los envíos a través de Ucrania. El Nord Stream 2, una segunda canalización que iba a duplicar la cantidad de hidrocarburo que recorre el lecho del Báltico, fue paralizado por el Gobierno de Scholz unos días antes de la invasión.

Rusia asegura que ha tenido que reducir el volumen en la principal estación de compresión del gasoducto porque no ha recibido una turbina del fabricante alemán Siemens que envió a reparar a Canadá. Habeck afirma que se trata de una excusa para “desestabilizar y elevar los precios”. El Gobierno alemán lleva días negociando con Canadá el envío de la turbina, que para no saltarse las sanciones impuestas por el Ejecutivo de Justin Trudeau al petróleo y el gas rusos podría llegar a Alemania y de allí ser trasladada a Rusia. Si la gasista estatal Gazprom dispone de la turbina, ya no tendría excusa para seguir restringiendo la cantidad de gas que envía a Europa, razona Berlín.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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