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Canadá aprueba la construcción de un megaproyecto petrolero en aguas de Terranova a cargo de la noruega Equinor

Justin Trudeau insiste en que es posible conciliar desarrollo económico y cuidado medioambiental, pero diversas voces critican la decisión

Campo petrolero Johan Sverdrup
Una plataforma petrolera de la empresa Equinor, en 2020.NTB SCANPIX (Reuters)

El Gobierno canadiense dio luz verde a la construcción del polémico proyecto Bay du Nord, un plan encabezado por la empresa noruega Equinor para extraer crudo a unos 500 kilómetros de las costas de Terranova. Steven Guilbeault, ministro federal del Medio Ambiente, anunció la decisión este miércoles. Guilbeault indicó que Bay du Nord “estará sujeto a algunas de las condiciones medioambientales más estrictas jamás impuestas”; una de ellas es que sea “neutro en carbono” en 2050. El inicio de sus operaciones está contemplado para 2028.

Por medio de este proyecto, valorado en unos 12.000 millones de dólares canadienses (unos 8.800 millones de euros), se espera obtener unos 300 millones de barriles en 30 años, lo que supone unos ingresos de unos 3.500 millones de dólares canadienses (2.500 millones de euros) para las arcas públicas. Canadá es el cuarto productor mundial de petróleo. El ministro Guilbeault, un antiguo activista medioambiental que perteneció a Greenpeace y creó el organismo Équiterre, subrayó que la decisión tiene en cuenta un informe elaborado por la Agencia de evaluación de impacto de Canadá, precisando que Equinor y sus socios deberán respetar 137 condiciones durante la construcción y operación.

La autorización del proyecto, aplaudida por diputados del Partido Conservador y autoridades de Terranova y Labrador (la provincia más endeudada de Canadá) por sus beneficios económicos y por razones relacionadas con el abastecimiento nacional de petróleo, tuvo lugar una semana después de que el Gobierno de Trudeau anunciara su intención de reducir en un 31% las emisiones de la industria de los hidrocarburos, para cumplir con los objetivos establecidos para 2030: una rebaja del 40% al 45% respecto a los niveles de 2005. António Guterres, secretario general de la ONU, calificó este lunes como una “locura” la dependencia persistente a las energías fósiles.

Unas horas antes de que se diera a conocer la decisión, el primer ministro Justin Trudeau insistió —como lo ha hecho en otros momentos— en que es posible conciliar desarrollo económico y protección medioambiental. “Si invertimos, nos asociamos y, sobre todo, seguimos comprometidos con la ciencia, podremos conseguir proteger a Canadá, proteger al planeta y crear buenos puestos de trabajo para la clase media durante las próximas generaciones”, afirmó en sesión parlamentaria.

Organizaciones civiles han expresado su decepción por la decisión del Gobierno. Greenpeace manifestó que representa un triunfo para el tipo de política que está empeorando la crisis climática y que continúa con la dependencia global de combustibles fósiles. Por su parte, la Fundación David Suzuki tildó el anuncio de “inaceptable”, criticando que se haga referencia a un petróleo “verde”. Dos partidos de oposición también mostraron su descontento. Yves-François Blanchet, líder del Bloque Quebequés, dijo que el Gobierno de Trudeau es “institucionalmente hipócrita” al utilizar una retórica medioambiental que no es coherente con sus acciones. El Nuevo Partido Democrático acusó al primer ministro de escuchar más al sector petrolero que a los especialistas en cambio climático.

En entrevista con Radio-Canadá, el ministro Guilbeault reconoció que fue una decisión “muy difícil”, pero insistió en que está respaldada por el informe de la Agencia de evaluación de impacto de Canadá y que el proyecto debe respetar una larga lista de condiciones. También dijo que el mundo aún necesitará petróleo de aquí a 2050. “Ya no soy el representante de una organización medioambiental, sino de un Gobierno en un país de 37 millones de personas”, apuntó.

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